Hoy… Reconstrucción (Theodoros Angelopoulos)

Reconstrucción

Reconstrucción no sólo constituye un documento de primer orden gracias a sus virtudes intrínsecas, sino que del mismo modo forma parte de la historia del cine por el hecho de tener el honor de ser el primer largometraje dirigido por Theo Angelopoulos, no me cabe duda un director objeto de culto y pleitesía por cada vez un mayor número de adeptos a ese cine contemplativo, reposado y sustancial que suele ser catalogado despectivamente con el calificativo de gafapasta. Mi relación con el heleno resulta ciertamente extraña. Descubrí su cine gracias a esa labor de fomento de la cinefilia ejercida por las bibliotecas públicas madrileñas hace ya unos pocos de años (no me canso de reivindicar ese ejercicio de altruismo cultural). Mi curiosidad me llevó a escoger del stand del centro de estudio un pack de cintas editado por una conocida distribuidora española que contenía las primeras obras del maestro, con la ilusión de encontrarme con un director nuevo por aquel entonces para mí del que había oído maravillas. Mi osadía la pagué cara. Y es que tras contemplar dos pedazo de obras de culto al tedio y a la memoria histórica como Días del 36 y Los cazadores se me quitaron las ganas de seguir indagando en la filmografía del griego. Recuerdo que esos silencios, los planos secuencia explotados hasta la extenuación, las referencias políticas vestidas de memoria histórica tan lejanas para un servidor o esos toques surrealistas de elevada carga poética que contenían estas dos obras, me dejaron KO. Quizás esa época de mi vida no era precisamente la mejor para acercarse a un tipo de cine que requería suma concentración así como un esfuerzo intelectual supremo para poder disfrutar en toda su dimensión de la obra filosofal construida por Angelopoulos. Años más tarde topé por casualidad de nuevo con este artista europeo, al conseguir una copia de una de sus películas más aclamadas como es Paisaje en la niebla. Sin muchas ganas opté por retornar al universo planteado por ese autor que me había espantado en el pasado y, para mi sorpresa, terminé el visionado de esta obra maestra con una sensación que entremezclaba el escalofrío con la pasión cinéfila. Angelopoulos lo había conseguido: me había cautivado de tal manera con esta road movie existencial que no pude quitarme de la cabeza la película por varios días.

Reconstrucción

Lo sucedido a partir de este punto de inflexión constata mi amor eterno por un autor que supo captar como nadie la agitación cultural, política y vital de su país a través de la mirada pictórica e introspectiva de unos personajes en continuo movimiento, embarcados en viajes de reminiscencias clásicas, y que siempre apostó por la nostalgia, los paisajes fríos (tanto desde el punto de vista atmosférico como afectivo) y la doctrina humanista como mandamientos indelebles en su forma de concebir el cine, y porque no decirlo, el arte en general. Reconstrucción es una obra de connotaciones claramente menores dentro de la sublime filmografía del autor de La mirada de Ulises. Cierto es que para los admiradores de las grandes películas de Angelopoulos su ópera prima puede parecer una película alejada de la concepción estética y metereológica de las cintas más cuidadas y trabajadas del heleno, pero no es menos cierto que los escasos 90 minutos de metraje de Reconstrucción contienen algunas de las obsesiones y manías del maestro como esos fabulosos planos secuencia, o esas tomas cenitales que convierten al espectador en una especie de Dios omnisciente y sobre todo esa sensación de movimiento en forma de viaje iniciático experimentado por los protagonistas de la epopeya narrada, punto este presente en toda su obra.

He de decir que Reconstrucción más bien parece un melodrama primerizo de otro grande como Michelangelo Antonioni que una obra perteneciente al autor de La eternidad y un día. La cinta, fotografiada en un espléndido blanco y negro de tono muy naturalista, se ambienta en una pequeña población rural de la Grecia profunda que tal como describe la voz en off que introduce la trama, conforma uno de esos pueblos ancestrales que han ido despoblándose con el paso del tiempo consecuencia de la llamada del progreso y de esas necesidades económicas vinculadas al mismo. La denuncia de los efectos de la emigración masiva de los pobladores rurales hacia el extranjero constituye pues el punto de partida que plantea Angelopoulos, filmando como un documentalista de fábrica en estos primeros compases del film los parajes y el hábitat escénico de la trama, siendo especialmente simbólico ese autobús que marca con sus funestas huellas de neumático las embarradas calzadas del municipio, apuñalando mortalmente al mismo con el asesinato que supone trasladar a los escasos habitantes del paraje hacia la estación de ferrocarril de la ciudad, trasladando así a los campesinos hacia el incierto futuro que supone partir del lugar de origen con destino a un trabajo sito en el extranjero.

Reconstrucción

Tras esta declaración de intenciones, Angelopoulos transporta la acción hacia terrenos menos alegóricos, mostrando la llegada de un lugareño a su pueblo natal con destino a la casa familiar donde habitan su mujer y sus hijos. En un magnético plano secuencia, Angelopoulos acompañará los pasos de este personaje sin mostrar ningún signo de sentimiento hacia el mismo, sino simplemente radiografiando la esencia del lugar al que acaba de arribar este desconocido, desde su entrada al pueblo hasta su llegada a la intimidad del hogar, siendo por tanto los sonidos ambientales los que describirán la narrativa vertida por el griego en estas primeras tomas. Pero algo sucede de repente. La tranquilidad que emana de estas imágenes será turbada súbitamente por un corte sorprendente. Y es que cuando este trabajador procedente de Alemania llama ansioso a su esposa, Angelopoulos romperá la secuencia del encuentro para mostrarnos acto seguido a una pareja de policías sumergidos en pleno interrogatorio con el objeto de reconstruir los actos que condujeron al asesinato del personaje que abrió con ese personal plano secuencia la película.

Así, a partir de la reconstrucción de los sucesos que motivaron la comisión del homicidio, descubriremos la historia de adulterio protagonizada por la esposa del migrante (Eleni) y un campesino vecino de la familia (Hristos), así como los acontecimientos que conllevaron a la planificación del delito y los intentos de elusión de culpa llevados a cabo por la pareja. Pero, no se lleven a engaño. La investigación del asesinato será una mera excusa esgrimida por Angelopoulos para edificar una película compleja, alejada de todo cosmos inspirado en las novelas de misterio policíacas, que saca a la luz de un modo muy poético las mentiras, la hipocresía y el carácter primitivo latente en los ocultos pueblos de la Grecia menos moderna y progresista, y ello es pintado por el griego mediante una narrativa rota y heterodoxa que juega continuamente con los espacios y con el tiempo, viajando sin censuras ni obstáculos del pasado al presente y viceversa, logrando con ello mezclar las versiones formuladas por los dos principales sospechosos (Eleni y Hristos), los cuales se embarcarán en un viaje sin retorno a ninguna parte demoliendo su inicial relación de confianza y pasión por otra radicalmente distinta conquistada por la sospecha y el miedo a la delación.

Reconstrucción

De este modo, la cinta integra un sutil bosquejo de las inmundicias que corrompen el alma humana mostrando que la verdad y la inocencia dependen del foco que ilumina la misma. Para conseguir este efecto, Angelopoulos no dudará en crear confusión fundiendo las historias paralelas trazadas en el argumento principal con el presente y también con un trazo de cine neorrealista que presenta sin tapujos los usos y costumbres rurales de los moradores de la aldea, lugareños que se muestran como unos seres carentes de piedad a los que la deshonra del adulterio ajeno parece causar el mismo efecto que si éste fuera propio. Esta fragmentación narrativa instaura en la cinta un halo sumamente poético y misterioso, retratando así como la muerte material del hijo pródigo provocará el obituario de un ente impersonal e inanimado que viste el rostro de esa primitiva visión de la vida aún no conquistada por la modernización y la mecanización de tareas. Y es que la reconstrucción creada por Angelopoulos no es más que la destrucción de esa doctrina de ordenación arcaica a causa de la necesidad económica y de la instauración del artificio del engaño y el sensacionalismo como forma de relación vecinal. Y esto convierte a la cinta, a pesar de sus errores, carencia de presupuesto y lagunas dogmáticas, en una obra sumamente hipnótica e interesante, que si bien no se halla entre las mejores películas de su autor, si que logrará engatusar con su particular mirada filosofal a aquellos espectadores interesados en contemplar un cine divergente al mayoritariamente aplaudido, construido gracias a la varita mágica del talento, ajeno por tanto a dictaduras monetarias.

Reconstrucción

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