Gabriel Velázquez… a examen

La idea de clasificar a los profesionales del sector cinematográfico supone un problema para orientar a los espectadores atentos a las recomendaciones de los medios de información. Tal vez porque la unión de varios nombres en el mismo grupo los iguala sin una razón clara, creando conjuntos artificiales que no responden a esas etiquetas tan queridas por los grupos de comunicación tradicionales o, por contagio, a los medios virtuales. Así que como mal menor los contextualizaremos.

En 1968 nacen en España varios realizadores que continúan en activo, algunos con trayectorias similares en premios o evolución comercial como son Daniel Monzón, Jaume Balagueró, Fernando León de Aranoa o Daniel Calparsoro, aunque con un alcance menor este último, al igual que Laura Mañá, otra directora contemporánea a los anteriores. Por otra parte les sigue un autor más libre como Jo Sol, inclasificable desde un punto de vista comercial. Y en un término medio figuraría Gabriel Velázquez, salmantino de origen, un dato importante porque tanto su ciudad como el territorio de la provincia, aparece o está sugerido en sus películas.

Amateurs es la primera que realiza solo, después de sus trabajos en equipos de producción, ayudante de dirección y cortometrajes previos. En 2005 dirige Sud Express junto a Chema de la Peña, otro compañero con el que comparte más trabajos cinematográficos. Para escribir el guión de su primer film en solitario colabora con Blanca Torres, al igual que las futuras ärtico, Iceberg y Análisis de sangre azul, esta última también realizada entre los dos. Amateurs se perfila con argumentos desarrollados en su filmografía posterior, como son la soledad, el desarrollo vital de la juventud y la pérdida de las raíces.

Siguiendo con el contexto de la película, producida y estrenada en 2008, se pueden revisar los estrenos españoles más taquilleros de aquel año en el que se asumió la crisis económica que tanto se ha expandido en cualquier ámbito social, político y cultural desde entonces. Las producciones —y coproducciones— más comerciales miraban hacia el extranjero con ejemplos claros: Los crímenes de Oxford, Vicky Cristina Barcelona, Transsiberian o Che, el argentino. Acompañadas por las más locales Mortadelo y Filemón: misión salvar la Tierra, Fuera de carta, Los girasoles ciegos y Camino. Mucho más lejos de los primeros puestos de la tabla de taquilla —unas cien posiciones después, en concreto— se situaría una obra como Amateurs que recaudó casi veinte mil euros en su pase por salas de exhibición, con cerca de dos mil espectadores. Todo un logro para una obra de estas características.

Amateurs está protagonizada por la joven actriz Emilie de Preissiac, desconocida en España, aunque vista en roles secundarios después, cintas como Díaz. No limpiéis la sangre, Los anarquistas o En tránsito. Ella sostiene convencida un personaje desvalido, carne de orfanatos, tras el fallecimiento de su madre. Una escena con potencia visual, mostrada por la mujer postrada en el suelo de la lonja en la que trabaja, cubierta por los peces que han caído sobre su cuerpo inerte. El director consigue un arranque que supone la mejor secuencia de la película, durante la que presenta a Blanca mientras corre por su Marsella natal, enfrentada a Nieves mediante un montaje paralelo. Nieves es un sexagenario que sufre un accidente doméstico en la ducha, al mismo tiempo que muere la madre de la chica. Por un lado se ubica espacialmente en exteriores luminosos y amplios el  entorno de la joven. Contra los interiores nublados, opresivos y decadentes de la zona sur de Madrid, en Vallecas, en los que vive y trabaja Nieves.

El método expositivo formal responde al empleo de la cámara sin trípode en la mayor parte del metraje, a pulso o al hombro, pero sin la confusión audiovisual de otras obras contemporáneas. El director cuida la escala de los encuadres, el raccord de acción, de las miradas y la edición de las secuencias, para no crear un caos en el que no veamos lo que sucede de forma nítida. Utiliza la gama cromática neutra, la profundidad de campo nula y el trabajo artístico hiperrealista en interiores y zonas abiertas, para lograr un verismo que se impone a la fabulación de la historia. Porque el punto de partida de las cartas que descubre Blanca, escritas por un padre que no conoció, provenientes de la dirección en la que vive un maduro Nieves que, por físico y personalidad, sugiere un ogro hostil al principio, bondadoso después. Las reminiscencias de cuentos infantiles se matizan con otros personajes, pero se desdibujan por el tratamiento realista.

Los diálogos parecen pobres en escritura o descuidados por un desarrollo audiovisual más trabajado. Sin embargo son conversaciones más lógicas para ser recitadas por un elenco de intérpretes ocasionales, que transmiten la veracidad requerida al largometraje. Así transcurre Amateurs, como un film capaz de cerrar con coherencia y una secuencia capicúa en su conclusión. Narrado de manera convincente, incluso interesante desde un presupuesto mínimo a cualquier nivel. Sin la sensación de que su responsable quiera realizar una obra definitiva, sino una producción sólida que además le sirve como un peldaño nuevo en una filmografía en crecimiento. Con buenos hallazgos como el montaje de acciones en paralelo ya citado, o aciertos de ambientación en el detalle de las fotos que imitan esas instantáneas familiares alegres, que ya van insertas en los portarretratos con los que decora su casa Nieves. Y por supuesto ese humor socarrón en las discusiones entre el protagonista y Guti, su jefe, a grito pelado y con un acento castellano que los delata.



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