Eros extremo y privado: Canción de amor (Kazuo Hara)

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Eros extremo y privado: Canción de amor se eleva sin duda como uno de los documentos cinematográficos más radicales, perturbadores y transgresores de la historia del cine. Una obra a la altura de su autor, Kazuo Hara, quizás el documentalista más personal, inquieto y marginal que ha dado el séptimo arte. Hara fue un hombre de su tiempo. Alumno aventajado del maestro Shōhei Imamura, su alma era la de un outsider anarquista de mirada oriental agitador de conciencias culturalmente minoritarias. Su obra, escasa y extrema, constituye un tratado del que brota su ideología, caracterizada por el desorden, el caos, la delgada línea que separa los límites de la realidad y la ficción, el sustrato personal que ostentan todas las películas dirigidas por este fantástico cineasta, así como la aparición de una enfermedad, llamada confusión o capitalismo, que aprisionaba a una sociedad japonesa contagiada por el virus del éxito y la maximización de beneficios y que por tanto dejaba a un lado a esa parte de la población que aún peleaba por mantener su carácter distintivo. Un talante que Hara deformaba y exageraba legando el protagonismo de sus obras a marginados tales como pacientes afectados por parálisis cerebral, prostitutas, anarcofeministas, terroristas anarquistas, etc. en su lucha en contra de una sociedad neutra al dolor y a los problemas ajenos, que por contra deseaba ocultar cualquier elemento que recordara las taras presentes en la matriz del sistema.

Con su segunda película, Eros extremo y privado: Canción de amor, Hara profundizó en la estética que ya había tocado en su chocante debut Sayonara CP. Así, la cinta se caracteriza por esa presencia de una cámara nerviosa tomada al hombro del propio Hara quien se mimetizará en la propia historia apareciendo en un papel secundario pero importante en el devenir de la trama ; igualmente por su deseo de empapar de cercana realidad las imágenes fotografiadas, no dudando para ello infundir el documental con unos fascinantes tintes autobiográficos; asimismo por la falta de sincronización entre sonidos e imágenes —hecho que Hara achaca a la falta de recursos económicos al no poder disponer de una cámara capaz de captar el sonido— que sin duda es un punto que insufla al documento de un aura espectral y caótica, un perfecto germen para profundizar en las verdaderas intenciones del autor; y por último por la tendencia presente en la obra de Hara de no disgregar la realidad de la ficción, mezclando ambas vertientes de manera prodigiosa, basándose su apuesta en reflejar una sucesión cronológica de hechos que exploran y examinan, sin tomar partido, el temperamento de unos personajes hipnóticos, transgrediendo ciertos límites que el cine no suele traspasar.

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La cinta narra, en un lapso de tiempo que abarca más de dos años de filmación, el triángulo amoroso que se establecerá entre el propio director, su pareja actual y co-productora del film, la actriz Sachiko Kobayashi, y una ex-novia de Hara llamada Miyuki Takeda quien decidió abandonarle para emprender una aventura personal y divergente capaz de dar sentido a su vida. Una vida señalada por su activismo feminista y su ideología anarquista que la situó en una compleja encrucijada en medio de una sociedad conservadora donde la familia aún se resistía a ser empujada por esos vientos de cambio que surgieron en la década de los sesenta.

En este sentido, la película trazará un cautivador viaje hacia los parajes habitados por la combativa Miyuki Takeda, adoptando el film una atmósfera epistolar que nutrirá su montaje a través de pequeñas cartas remitidas por la protagonista a Kazuo Hara, respondiendo éste con la presencia de su poderoso y aparentemente amateur foco con la intención de acompañar y dar soporte moral a Takeda. Una cámara que se convertirá en una especie de fiel compañero en el devenir del trayecto del film, como un personaje anexo pero indispensable para otorgar significado al entorno radiografiado.

De este modo, Hara explorará los complejos laberintos que atenazaron los intentos de transformación emprendidos por la juventud japonesa, filmando el infierno personal que sacudió la existencia de una Takeda abandonada a su suerte por una familia que renegó de ella y por unos amigos que igualmente se apartaron a medida que la joven se resistía a ser devorada por la corriente mayoritaria consistente en fundar una familia tradicional alimentada por un trabajo socialmente aceptado y guiada por el vacío de conciencia reflexiva y de preguntas acerca de los convencionalismos aceptados.

Así, seremos testigos de la ruptura de Takeda con su pareja, una lesbiana que huirá en el momento que detecta la presencia de Hara y Kobayashi en los alrededores de su hasta entonces tranquilo y oculto para los ojos hogar. Tras la filmación de esta separación, Takeda dará sus huesos en un prostíbulo frecuentado por jóvenes americanos de raza negra simpatizantes de las panteras negras. Hara rodará con todo lujo de detalles cada rincón y alma de una casa del placer habitada por toda una galería de meretrices condenadas a una vida de vicio y sumisión debido a su carácter indomable y revolucionario, sin duda un talante que castiga a sus poseedoras a deambular por los márgenes de la depravación y el rechazo. Conoceremos a una adolescente que vende su cuerpo para colmar los deseos de sexo de los afroamericanos que visitan el lugar. Hara no se muestra para nada puritano, reflejando la consumación del acto sexual sin pudor alguno en primer plano y sin cortes, exhibiendo los senos desnudos de las prostitutas así como la encarnación de la perdición en un antro de luces rojas y atmósfera lasciva. Un ambiente que será engrandecido gracias al clima naturalista, cercano al cinema verité, dotado por Hara en virtud de la ausencia de efectos de iluminación y maquillaje, la falta de sincronización entre el sonido y la imagen y la carencia de precisión en cuanto al encuadre, punto que convierte al documental en una especie de vídeo casero que refleja la vida cotidiana de los protagonistas.

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De este modo, la cinta avanzará poco a poco recorriendo los avatares sufridos por esa víctima del sistema que adopta el rostro de Miyuki Takeda. Conoceremos que Miyuki quedó embarazada de su amante negro, el cual huirá al conocer la noticia. Una nueva que se unirá al embarazo de la novia actual de Hara, la bella Kobayashi. Este hecho será aprovechado por Hara para filmar dos de las escenas más bestias y salvajes que he visto en una obra cinematográfica. El parto natural del hijo de Takeda en el hogar familiar. Una secuencia que Hara filmó desenfocada, no sé si de forma consciente o como artimaña conceptual —en el documental el propio Hara afirma que ello se debió a los nervios del momento que le impidieron comprobar si estaba empleando el enfoque correcto— pero hace estallar toda su fuerza y potencia en el alma del espectador. Asistiremos al sufrimiento y el dolor del parto, a la sangre que conlleva aterrizar en este mundo, a la unión umbilical existente entre madre y recién nacido, a las vísceras que desata este acto de vida. El calvario que supone traer una nueva vida a este mundo controlado por esas fuerzas que impiden la realización a aquellos ciudadanos que optan por desatender la línea previamente marcada por la sociedad. Sin duda toda una metáfora que alumbra la existencia tortuosa y fatalista que persigue a los seres humanos. Esta impactante escena filmada sin ningún tipo de corte de montaje, se aderezará a continuación con otro parto, esta vez si filmado con toda nitidez, en la que se mostrará el alumbramiento de un niño aparentemente muerto que sin embargo gracias a la sabia gestión de un par de asistentes será reanimado en una bañera.

Todo este tejido humano que vertebra Eros extremo y privado: Canción de amor la convierte en una de las cintas más personales, estrafalarias y sádicas de la historia del cine. Una obra radical, agresiva, impactante y confesional que muestra con todo lujo de detalles la quimérica lucha de una víctima del sistema en aras de la defensa de su dignidad e ideología feminista. La película sabe cautivar al espectador gracias a ese relato visceral emprendido por Hara quien no dudará en desnudar su vida ante los ojos del público. La cámara de Hara retratará la angustia presente en esa juventud que trató de cambiar las cosas en los sesenta que finalmente quedó atrapada en ese Japón de principios de los setenta totalmente conquistado por el capitalismo. Un Japón de locales de alterne y degradación moral. Un Japón que da la espalda a las reivindicaciones feministas. Una nación homogénea y pura que detesta lo mestizo y divergente.

La película fue un escándalo en la época. Hecho que le costó a Hara un destierro de más de diez años en el mundillo cinematográfico. Así, el autor de El ejército desnudo del emperador sigue marchando fue tildado de masoquista e incendiario tras el estreno, en círculos muy reducidos, del documental. El público abandonó las salas en masa al contemplar la escena del parto, que fue tildada de sensacionalista y blasfema por una parte de la sociedad japonesa. Un público que no estaba preparado para contemplar un documental que trasciende los límites del cine. Un documento que respira verdad y realidad por los cuatro costados a costa de la discreción personal de su autor. Porque Eros extremo y privado: Canción de amor deriva hacia esos vientos de libertad indigestos para el ‹statu quo› de las cosas. Sus imágenes permanecen en la memoria gracias a su desgarrador contorno. Un desgarro que no gusta contemplar al ser humano. Y es que…¿a quién le gusta ver el retrato de las cloacas que cimientan la cómoda existencia de la mayoría silenciosa?

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3 comentarios sobre “Eros extremo y privado: Canción de amor (Kazuo Hara)”

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