Enamorada (Emilio Fernández)

Enamorada fue una de las películas más personales de Don Emilio Fernández, y vista con la perspectiva que otorga el paso del tiempo sin duda una de sus obras más emblemáticas. En su aparentemente distendida trama, que toca con mucho gusto tanto el drama como la comedia, se esconden algunas de las obsesiones que el autor de María Candelaria cultivó a lo largo de su prolongada trayectoria. Así, nos hallamos ante una obra que hace descansar su peso en las bondades y miserias de la Revolución Mexicana, suceso muy vinculado a la vida personal de su autor quien fue un destacado militar entre las filas revolucionarias obligado a huir a los EEUU, tras una fuga de presidio planificada por sus hombres en la que el Indio logró volar con dinamita la celda que lo custodiaba después de haber caído en desgracia por diversos avatares del destino. En el país vecino conoció a destacadas figuras del Hollywood dorado como Rodolfo Valentino, quien lo adoptó como a un hermano introduciéndole en el mundillo cinematográfico tras desempeñar duros trabajos. Uno de los objetivos de Fernández era retornar a su país para continuar con esa Revolución que dejó a la mitad. Pero un buen amigo le dio un excelente consejo: emplear el cine como medio revolucionario, pues ninguna escopeta ni fusil ostentaba tanto poder como las imágenes desplegadas en las grandes pantallas de las salas de cine.

Y así Emilio siguió la recomendación de su compadre puliendo todo su arte con un claro objetivo. Retratar los ritos, costumbres y raíces de su México querido. Y lo consiguió. Pues buena parte del imaginario que rodeó al Cine de Oro mexicano fue creado por la salvaje mirada de Fernández, permitiendo de este modo construir un concepto que se extendió por todos los rincones del mundo: ese México de cielos colmados de nubes; habitado por charros puro machos dominadores de la hípica y del uso del revólver; morado por mujeres con rostro de virgen quienes luchaban contra el machismo presente en una sociedad patriarcal y, porque no decirlo, un México rumbero que vivía de noche en cabarets donde se bailaba hasta el amanecer borracho de tequila.

Todo esto es Enamorada. Primera colaboración entre Emilio y la diva María Félix, acompañada en esta ocasión por el actor fetiche del autor de La perla, un Pedro Armendáriz que creció como actor de la mano de este autor descomunal adorador de la poesía hispana. La película se divide en dos partes. Una primera coloreada con una paleta más propia del cine de acción y aventuras típico de las tramas sitas en este período histórico, y una segunda que podría asimilarse con esas historias de guerra de sexos protagonizadas por Spencer Tracy y Katharine Hepburn cuyo protagonismo recae pues bajo los ojos de la Félix, quien con esa mirada que combina odio y belleza hipnotizará al fiel revolucionario para emprender un combate sin reglas establecidas.

La cinta narrará así la llegada a la población de Cholula del general José Juan Reyes (Armendáriz) y sus tropas, quienes a golpe de rifle y pistola lograrán conquistar la ciudad hasta ese momento en manos de las patrullas gubernamentales. Una ciudad burguesa, ajena a las proclamas de los revolucionarios, habitada por toda una serie de ricachones y comerciantes que tratarán de cambiar de chaqueta para proteger sus bienes. Casualmente el cura de la villa Don Rafael (interpretado por el hermano del director, el actor y cantante Fernando Fernández al que su pariente le reservó una maravillosa escena musical cantando junto a un coro de niños en la iglesia del pueblo el Ave María de Schubert), fue compañero de infancia de José, por lo que gracias a su mediación algunos de los hacendados lograrán esquivar el fusilamiento que el general les tenía reservado. Entre ellos se encuentra el Sr. Peñafiel, un orgulloso burgués padre de la caprichosa Beatriz (María Félix), una bellísima dama de ojos carnosos y magnéticos que desprecia todo lo que huele a revolución.

Un encuentro casual a la salida de la iglesia entre José y María supondrá un auténtico choque de trenes que acabará con la mano de la muchacha abofeteando al militar. Desde ese preciso momento éste quedará prendado de la ferociad y descaro de Beatriz, tratando por todos los medios de conquistarla aún a sabiendas de que ambos pertenecen a dos mundos opuestos que difícilmente podrán llegar a unirse en un mismo amor.

Enamorada se convirtió de forma fulminante en uno de los mayores éxitos del cine mexicano de los años cuarenta, siendo premiada en diversos certámenes internacionales, entre ellos el Festival de Cannes donde el fotógrafo Gabriel Figueroa fue recompensado con el galardón a la mejor fotografía. Emilio Fernández echó toda la carne en el asador, escribiendo en colaboración con Benito Alazraki un guión que se amoldaba como horma a su zapato a sus intenciones artísticas. En el mismo se encontraba una de las principales alucionaciones de Fernández: la Revolución mexicana y sus enfoques divergentes. Podríamos catalogar al personaje de Beatriz como una especie de metáfora de la Revolución. Algo inalcanzable, una utopía que embelesó los ojos de los intrépidos generales del pueblo haciéndolos caer en una espiral de sin razón y olvido de sus propios ideales, siendo esto el principio del fin de la misma. Pero también un emblema bello, idealista, caprichoso porque no decirlo, que si finalmente fuera conquistado acompañaría el galope de los guerreros que batallaron por ella sin ningún tipo de ataduras ni prerrogativas, garantizando un paraíso terrenal donde el amor es posible y las diferencias extinguidas bajo la inspiración de esos misioneros que se dejaron la vida para difundir la fe en la Iberoamérica de la conquista, o de ese niño Jesús humilde y sin apenas recursos cuya luz hacía arrodillarse ante su presencia a Reyes y pastores sin ninguna distinción de clase ni ostentación económica.

En este sentido el film se beneficia de un espléndido ropaje técnico gracias a la aportación de Gabriel Figueroa quien ofreció una master class de enfoque y encuadre cinematográfico. Así las escenas de acción fueron embellecidas con unos majestuosos planos generales que captaban los cielos y el paisaje agreste del pueblo, sin hacer ascos a exhibir los ornamentos medievales de la Catedral en un inolvidable contrapicado que relució la espectacularidad de la bóveda eclesiástica. Y en cambio las secuencias más intimistas fueron moldeadas a través de primerísimos planos. Los de los ojos de la Félix que enamoran con su presencia. O los de los rostros de la pareja protagonista, dibujando el contorno afilado y duro de Armendáriz en contraposición de la tez limpia, hermosísima y empapada de orgullo de la preciosa María Félix. Asimismo la sombra visual del film disfruta de una iluminación portentosa, siendo especialmente recordada la secuencia en la que unos mariachis cantan a la luz de la luna bajo la terraza que alberga la habitación de Beatriz la melodía Malagueña Salerosa o el vibrante capítulo final en el que Beatriz será consciente de que estaba enamorada de su pretendiente, corriendo como alma que persigue el diablo a su encuentro, transformándose de este modo de una rica mal criada a una mujer de la revolución que sigue a pie el galope de su marido a lomos de su caballo, sin duda secuencia icónica del cine mexicano.

Pero igualmente Fernández no se muestra para nada condescendiente con la Revolución, cocinando así un plato con aroma nostálgico pero también con espacio para la crítica. En esas conversaciones entre Reyes y el padre Rafael que dejan entrever la dicotomía existente en una Iglesia que predicaba la igualdad de razas y clases, pero que encontraba refugio y sostén bajo el paraguas de la aristocracia enemiga del alzamiento y en unos generales que saqueaban sus bienes pero que en su interior mantenían cierto respeto hacia las creencias de sus ancestros (sin duda los diálogos protagonizados por Reyes y Don Rafael se observan como el lamento del Emilio Fernández militar que no fue capaz de hacer prosperar su lucha revolucionaria).

Sin embargo Fernández relajó sus pretensiones ideológicas, moldeando un segundo segmento que es pura comedia de guerra de sexos y enredo, echando el resto con todo su armamento y dominio escénico, legando así algunas de las escenas más recordadas del cine de oro lideradas por un Armendáriz derretido ante la presencia de la Félix y una María prepotente pero a la vez tierna, que logra rebajar la testosterona del puro macho, convirtiéndolo en una ovejita que obedece sin pestañear las órdenes de su bella pastora, tratando por todos los medios conquistar un corazón forjado con un acero frío y gélido. Los diversos encuentros entre la pareja protagonista alcanzan momentos de comedia de alta escuela gracias a un guión armado a través de unos diálogos muy ácidos propicios para la réplica romántica y a unas situaciones que logran desprender la carcajada (para muestra ese primer encuentro en el que la Félix se levanta la falda con el fin de despreciar la presencia del general Reyes, atizándolo acto seguido un par de bofetadas que conquistarán el corazón del mismo). O esos infructuosos intentos de nuestro héroe de visitar la residencia de su preciada y difícil presa, debiendo aguantar todo tipo de insultos e improperios (incluso ser llamado feo), golpes y situaciones ridículas, que no lo harán desfallecer sino que supondrán un refuerzo de su hombría herida.

Todo lo expuesto convierte a Enamorada en una de las grandes obras del cine mexicano de todos los tiempos, siendo uno de los emblemas de la carrera de Don Emilio Fernández. Una cinta que acierta tanto en su contenido filosófico como en su acabado artístico que celebra la maestría innata de Figueroa y sus tomas imposibles de pura belleza. Un drama que acaba convirtiéndose en comedia o mejor dicho una comedia que se apoya en la seriedad de la revolución para satirizar los aspectos más rocambolescos de la misma. Sin duda una película merecedora de todos los elogios, que en España ha caído inexplicablemente en un olvido que no merece. Por favor, vean Enamorada y enamórense del arte de uno de los genios de la cultura mexicana: Don Emilio Fernández.



One Comment

  1. Elena wrote:

    Excelente crítica.

    A la fecha, es una de mis películas de cine mexicano preferidas. Mi favorita de María Félix, que junto con Pedro Armendáriz, hacian una pareja increíble. Salían chispas entre los dos.

    Te felicito por tu reseña, gracias por tener presente aún el cine de mi país. Gracias por compartir tu criterio tan enriquecido.

    Saludos!

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