El imperio de las sombras (Kim Jee-woon)

Mil-jeong (El imperio de las sombras en su traducción al español) es la nueva película del cineasta coreano Kim Jee-Woon, conocido en España por algunos de sus anteriores trabajo como I Saw The Devil (2010), El bueno, el malo y el raro (2008) o A Bittersweet Life (2005).

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Kim Jee-Woon ha repensando la historia de Corea desde la reconstrucción histórica con géneros como el western o el thriller. Para la ocasión nos sitúa en algún momento de los años 30, cuando Corea se encontraba bajo el yugo del imperio japonés. Si anteriormente había construido sus relatos desde el homenaje a varios géneros (El new-thriller en I Saw The Devil o el spaguetti western en El bueno, el malo y el raro), ahora parece seguir las pistas del polar francés, concretamente de L’armée des ombres (El ejército de las sombras, 1969) de Jean-Pierre Melville.

Como en la obra francesa, el cineasta coreano se centra en los entresijos de la resistencia, donde nada es lo que parece. La cinta comienza con el inspector de la policía imperial japonesa, Lee Jung-Chool, persiguiendo a sus antiguos camaradas de la resistencia coreana. Se sospecha que los rebeldes planean hacerse con unos explosivos, por lo que Lee decide infiltrarse en las líneas enemigas.

El cineasta nos presenta un thriller donde los personajes juegan al gato y al ratón constantemente. Las líneas entre la lealtad y la traición están desdibujadas, sobre todo en el personaje del capitán Lee, magistralmente interpretado por Song Kang-ho (sí, el de Joint Security Area), que se verá, a su pesar, sometido en un juego constante donde pasa de cazador a cazado a lo largo del metraje. La obra avanza frenéticamente en su primera parte, donde se van posicionando los personajes y el enredo no hace más que aumentar entre la policía japonesa, la resistencia, un topo o el propio Lee, en un conflicto donde no se puede confiar en nadie y todos sospechan del otro.

Toda esta primera parte desemboca en una secuencia que aúna todo lo bueno que una cinta como El imperio de las sombras puede ofrecer, la del tren, donde los japoneses esperan capturar a los miembros de la resistencia gracias a un soplo del topo, y Lee tiene que ayudar a sus antiguos camaradas si no quiere que acaben sospechando de una posible traición suya.

Es una lástima que tras esta secuencia la película tome otra dirección, menos dinámica y más vista, aunque sin terminar de hundir la cinta.

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Es curioso constatar como el thriller coreano, que ha bebido de tantas fuentes, ha acabado siendo un modelo a exportar. No hace falta más que echar un vistazo a la rumana Dogs o incluso a ciertos thrillers españoles tan de moda para darse cuenta de ello. Es interesante porque deberíamos recordar que los coreanos no dejan de adaptar fórmulas foráneas bajo géneros tan marcados como el western o el thriller policíaco. Y funciona, funciona a la perfección mientras sirve para construir un relato propio. Y hasta crea un espacio temporal propicio para ello. A fin de cuentas, ya se pueden encontrar etiquetas como sushi-western, que no deja de ser una reinvención del western italiano de Sergio Leone adaptado a la Corea de los años 20 y 30. Lo mismo sucede con el cine de gansters.

Pero los coreanos, y Kim Jee-woon en concreto, no sólo se limitan a beber unos códigos para reubicarlos en un espacio y un tiempo a su antojo, también añaden de su propia cosecha. Muchos de estos filmes, y buena de parte la filmografia del cineasta de I Saw The Devil, sirven para contar la tormentosa historia reciente de su país, junto con su una idiosincrasia cultural.

El imperio de las sombras tiene, además, una reflexión sobre la imagen de los héroes y los villanos que no debe pasarse por alto. Eso a parte de un gusto exquisito por escenas llenas de tensión donde la calma parece estar a punto de estallar en mil pedazos para dar paso a una tormenta de balas donde nadie sabe quien se salvará, junto con momentos muy logrados de incertidumbre. Si hay algo a destacar en concreto, es que por una vez el espectador está enganchado a lo que acontece en la pantalla sin saber muy bien como saldrán de esta los personajes.

Tal vez, y aunque el modelo más inmediato es la mencionada El ejército de las sombras de Jean-Pierre Melville, Kim Jee-Woon prefiere la acción más frenética junto con los momentos de suspense y deja de lado la psicología de los personajes. Además, cierta zona gris se abandona, resultando un canto glorificado, matizado, a la resistencia coreana.

Aunque por momentos nos encontramos ante un estupendo thriller de suspense, El imperio de las sombras es una película que en su tramo final flojea y da preocupantes síntomas de agotamiento en la formula. Cuando se ponen las cartas sobre la mesa y el cineasta decide volver a rizar el rizo argumental, la historia se resiente. Pero nada de esto impide disfrutar de una muestra del camino que los coreanos llevan años siguiendo en cuanto al género.

¿Y he mencionado ya la secuencia del tren?

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