Du côté d’Orouët (Jacques Rozier)

A principios de los años setenta la Nouvelle Vague francesa se hallaba en un claro estado de vegetación. Los mejores años de la corriente quedaban ya muy lejos en la memoria del espectador. Incluso algunos de sus fundadores como los casos de François Truffaut, Louis Malle e incluso Jean Luc Godard hacía ya tiempo que habían optado por abandonar los paradigmas de estilo que encumbraron sus nombres en el Olimpo cinematográfico, derrotando su cine hacia unos parajes exentos de las rigideces que conlleva seguir las pautas de comportamiento de una determinada praxis ideológica. Pero en esta crepuscular década aún se produjeron algunos coletazos de genialidad procedentes de cineastas no tan renombrados como los anteriormente mencionados, pero que cultivaron con su cine la Nouvelle Vague más limpia de impurezas y egos jamás realizada. Me refiero a gente como Jean Eustache, Jacques Rivette y quizás el miembro más desconocido de este grupo que atiende al nombre de Jacques Rozier. Poseedor de una biografía tan oculta como el Santo Grial, así como de una filmografía igualmente desconocida incluso entre los que nos hacemos llamar seguidores de la nueva ola francesa, Rozier es acreedor de dos de las películas más extrañas y por ende hipnóticas de este movimiento cinematográfico de vanguardia: la ignota Adieu Philippine y la cinta protagonista de la presente reseña titulada Du côté d’Orouët.

Du côté d'Orouët

La película parte de una premisa argumental absolutamente típica y tópica de la Nouvelle Vague: la historia de tres modernas, bohemias y urbanitas jóvenes que deciden pasar su mes de vacaciones (ubicado en el mes de septiembre) en un antiguo caserón propiedad de la familia de una de ellas sito en las orillas de una playa en la costa azul francesa. Y hasta aquí llega el argumento, puesto que uno de los aspectos más fascinantes que posee el film es la total ausencia de linealidad dramática, deambulando pues en las más de dos horas y media que recorre el trayecto existencial esbozado por Rozier en un sin fin de episodios únicamente conectados mediante la narración a través de una especie de diario que recuerda los acontecimientos revelados en ese mes de septiembre en las vidas de estas tres jóvenes. No esperen por tanto encontrar una película que fluya hacia adelante apoyada en una trama romántica, de suspense o melodramática porque entonces se llevaran una profunda decepción si es esto lo que esperan encontrar. Y ahí precisamente es donde reside el encanto de una obra edificada desde la improvisación y la total carencia de mordazas que instan a los intérpretes a interactuar de un modo concreto por las necesidades impuestas por un guión perfectamente estudiado al milímetro.

Du côté d'Orouët

Así el argumento partirá desde los últimos días de agosto mostrando el ordinario trabajo desempeñado como oficinista de Joëlle, una joven risueña y algo irresponsable que espera como agua de mayo la llegada del mes de septiembre con la intención de partir rumbo a un sitio aún desconocido para disfrutar de sus más que merecidas vacaciones. Si bien en un principio el destino elegido por la joven era gozar del salvajismo de Sicilia, el ofrecimiento de su amiga Caroline de pasar el mes vacacional en una mansión orillada en la playa junto a su otra amiga Kareen acabará conquistando la elección de la administrativa pese a los intentos de su jefe Gilbert —un joven de carácter tímido e introvertido que se encuentra secretamente enamorado de Joëlle— de convencerla para acompañarle rumbo a tierras italianas. Una vez aterrizadas en este oasis aislado de la responsabilidad que conlleva la civilización y el cosmos urbano, las tres amigas se dejarán arrastrar por los placeres de la soledad, la diversión desenfrenada, las travesuras más propias de niñas sin conciencia adulta, y por otros deleites mundanos como por ejemplo darse un chapuzón en las frías aguas de la playa con las luces del amanecer, saborear un buen guiso sin tener que estar pendiente del reloj y el paso del tiempo, cocinar una resbaladiza anguila a pesar del aspecto tenebroso y amenazante que disfraza a este arcaico animal marino, recorrer en un velero las costas del entorno rural, limpiar las habitaciones del polvo y la mugre que la ausencia de habitantes comporta y otros proverbios ligados a la libertad que supone una vida sin preocupaciones ni tareas pendientes que resolver en el día a día.

Du côté d'Orouët

Rozier apuesta por la sencillez escabullendo cualquier pretensión ornamental impostada por el foco de su cámara, adoptando pues la postura de una especie de documentalista que ambiciona aspirar la simiente natural propiciada por la relajación inducida por el período vacacional. Sin embargo, a medida que el regocijo se convierte igualmente en un ente rutinario con el paso de los días, el autor de Blue jeans introduce en el ambiente del film una atmósfera cada vez más crepuscular y decadente, transformando los juegos, tonterías y risas que caracterizan los primeros minutos de la obra donde las chicas gustan en toda su plenitud de las bondades del desahogo así como de esa nostalgia que los recuerdos de la infancia y juventud se encargan de explotar en la mentalidad adulta libre de obligaciones, en un panorama cargante y opresor en el que la rebeldía y el libre albedrío torna en una especie de cárcel sin barrotes físicos pero sí introspectivos a medida que el recreo se convierte en inercia así como suscitado por el hecho de la irrupción en escena de dos desconocidos que rompen el aislamiento exterior que conservaban las jóvenes: la del acomplejado Gilbert que, haciéndose el despistado, llegará a la casa como invitado casual con la intención de conquistar el amor de su bella empleada Joëlle, y la de Patrick, un gigolo propietario de un barco de vela que embutirá en el ambiente los celos y disputas amorosas al conquistar el amor de Kareen con la consiguiente envidia tanto de Joëlle como de Caroline. La introducción de este ente extraño romperá pues el status quo festivo del trío que había resistido el envite del ingenuo Gilbert debido a la asimilación de éste como un simple instrumento de juegos, dominación y bromas por parte de las amigas resultando de este modo una presencia indiferente desde el punto de vista afectivo, destruyendo la presencia de este forastero la estabilidad del grupo hundiendo su holgazanería infantil en un charco de envidias, rencores y retorno al cosmos caracterizado por la servidumbre y el débito adulto.

Du côté d'Orouët

Du côté d’Orouët se alza como una película de una honestidad implacable, construida sin trampa ni cartón como un reflejo especular que absorbe la vida de los personajes que protagonizan la trama planteada por Rozier en su camino desde la frivolidad más nauseabunda hasta la ruptura y los conflictos iluminados por la influencia de las relaciones sociales. De un ritmo que podría catalogarse de tedioso, la cinta parte de la sencillez para moldear una historia bella y cercana que esconde bajo su aparente máscara de sosiego unas inspiradas metáforas acerca de la delgada línea que separa la fortaleza emocional de la ruptura sentimental, bosquejando en este sentido una apasionada y conmovedora fábula tenedora de una sutil y fresca melancolía que recuerda que los buenos tiempos pertenecen a la esfera pretérita siendo efímeros los placeres terrenales inherentes tanto en nuestro triste presente como en nuestro azaroso futuro. De este modo, la cinta atravesará conforme avanza el metraje un paraje inicialmente distendido para culminar en un demoledor retrato de los efectos que la rutina, el aislamiento y las traiciones constituyen en las frágiles relaciones que establecemos los seres humanos con nuestros semejantes. El tramo final del film dibuja un poderoso esbozo de la elegía, demostrando que en la vida siempre existe un principio pero también un final que adquiere la semblanza de una oportunidad bajo la estampa de una puerta que jamás podremos volver a abrir.

Du côté d'Orouët

Y es que para un servidor la total ausencia de ortodoxia cinematográfica, así como la anarquía y el caos con el que Rozier decidió edificar su segundo largometraje logró enardecer la perspectiva emocional de una cinta que conserva tanto en su vestido amateur de vídeo casero como en su pretendida naturalidad interpretativa sus principales atractivos. Sin duda un triste y emocionante poema que describe el carácter fugaz que ostentan los momentos más alegres y divertidos de nuestra existencia, todos ellos ligados a esa infancia abandonada que contrasta con las soledades de afectos y cariños que imperarán como un yugo opresor en nuestra vida hasta que ésta culmine besando los labios de la despedida que supone encontrarse con la muerte. Poesía Made in Nouvelle Vague.



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