Crítica a Donde caen las sombras de Valentina Pedicini | Cine maldito

Donde caen las sombras (Valentina Pedicini)

Un poco de luz sobre la sombra

A la Historia le faltan luces y le sobra oscuridad. Al observar el recorrido del hombre desde que habita el planeta, sólo se puede trazar una constante: la tozuda necesidad de someter al otro. Por más que el distinto ayer haya sido un judío, un armenio o los yeniches, un pueblo seminómada europeo, el odio está lejos de agotarse. Europa, por poner un ejemplo, lo sabe bien.

Trump separó en la frontera sur de Estados Unidos a los niños mexicanos de sus padres y los metió en jaulas. El gobierno de Suiza, entre los años veinte y los setenta, llevó a cabo un programa semioficial —el “Children of the Road”— de eugenesia en el que los niños yeniches fueron separados también de sus padres, dados en adopción a la población sedentaria o, en otros —muchos— casos, institucionalizados en orfanatos, manicomios y hasta prisiones, donde se lo sometió a experimentos y llegaron incluso a esterilizarlos.

Dove cadono le ombre, la ópera prima de Valentina Pedicini, está dedicada a la escritora Mariella Mehr, yeniche quien fuera víctima del programa en su niñez, y, por medio de las herramientas de la ficción —es necesario apuntar que la directora se formó en las huestes del documental—, se interna en las secuelas que a una mujer joven el haber pasado por aquel sufrimiento le ha dejado.

Ana es la enfermera encargada en un centro de ancianos cuya vida se torcerá con la llegada de una, en apariencia inofensiva señora, Gertrud. Ahora que debe cuidar de la responsable de los abusos que la hicieron sufrir entre esas mismas paredes, Ana está obligada a lidiar con su pasado. La excesiva rigidez de la enfermera se irá resquebrajando ante la mirada inesperada de Hans, el ayudante con demencia que también fue víctima del horror, y los demás ancianos.

La puesta en escena de Pedicini es seca y ordenada. La fotografía impecable encuadra a los personajes contra los grandes ventanales, junto a las cortinas o en el parque alrededor de la institución, entre la bruma y los fantasmas. Dove cadono le ombre es, a las claras, una película de fantasmas. El peso de lo que pasó, en este tipo de película, ocupa el centro de un presente que ha cicatrizado mal.

Federica Rosellini, la actriz que interpreta el personaje de Ana, tiene sobre sus hombros la responsabilidad de estar todo el tiempo en primer plano y cumple con sobrado talento su rol. Se advierte cómo disfruta componiendo su personaje de manera que el cambio entre el principio y el final resulta muy notorio. La película la necesita, como el cine italiano necesita una mirada así, que se atreva a desandar otras historias. Quizá no sobresalga por su resultado final, pero Dove cadono le ombre viene a ocupar un lugar vacío.



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