Cub (Jonas Govaerts)

A través de un plano cenital acompañado por un leve barrido arranca esta Cub, adentrándonos en uno de los protagonistas involuntarios del debut del belga Jonas Govaerts, el bosque. Elemento omnipresente cercado de un extraño paraje subterráneo que, en parte, no hace sino advertirnos de las vías poco comunes e incluso en ocasiones infructuosas que tomará un film cuya mejor decisión, de modo paradójico, no es la de optar por un cine de género en el que previsiblemente parece enmarcarse para llevarnos a terrenos colindantes que en realidad encuentran sus aportaciones más interesantes y sugestivas fuera del marco terrorífico. No es que por ello ese contexto empleado por Govaerts resulte gratuito o innecesario, pues en el fondo lo que logra es llevarnos a contemplar una particular confrontación que no será sino el epicentro de la película.

Cub

Aunque ciertamente atractivo, uno de los principales problemas que contempla Cub es que ese epicentro adquiere un transcurso algo moroso, y termina tardando demasiado en salir a la luz, siendo arrastrado de ese modo por un relato que en realidad describe con algo de certeza tanto la situación como el entorno por los que vive rodeado (incluso asfixiado) el joven protagonista, pero cuyo desarrollo quizá tenía como principal interés llegar a una relación cuyos primeros pasos se antojan algo tardíos. Ello no influye en los trazos que toma finalmente uno de los elementos de mayor peso de esta ópera prima, y que fortifica las posibilidades de un film que comete errores de peso pero cuyas imperfecciones se pueden pasar (hasta cierto punto) por alto en tanto redondean un resultado que en ocasiones busca deliberadamente una faceta mucho más pasada de rosca y grotesca de lo que cabría aparentar.

De este modo, el debutante propone un nexo de dos seres que en realidad parecen vivir universos que no les corresponden: en parte, no dejan de estar atrapados por ellos y cada decisión que toman puede adentrarlos todavía más en ese terreno. Desarrollando una senda central cuyo papel más básico es interponer esa relación y trazar un paralelismo que termina adquiriendo más sentido del esperado, Govaerts da rienda suelta a otros aspectos no tan madurados como ese bizarro «coming of age» que atañe desde la cada vez más cercana maduración sexual al instinto de fraguarse un espacio propio. Ello complementa los matices que mayor importancia adquieren, y que no hacen otra cosa que relevar a un segundo plano todo lo referente al horror vivido en ese bosque, aunque en un último esfuerzo por dotar de una mayor visceralidad al film, así como por cerrarlo, Cub recurra a él.

Cub

Es ese último acto en el que el horror que había ido salpicando (y, de paso, otorgando detalles) la pantalla a lo largo de la cinta adquiere protagonismo al mismo tiempo que, como comentaba, sirve para cerrar el relato, que dota de un significante a esos pequeños trazos que el cineasta se había ido encargando de matizar a lo largo de Cub. En la extravagante forma de un terror cuyo origen se mantiene (con acierto) en un plano de desconocimiento durante toda la película —haciendo a un lado las deducciones acerca de la más que probable procedencia de ese niño salvaje— encuentra Govaerts los momentos más definitorios en cuanto a cine de género se refiere, incurriendo no obstante en otro de los dislates del film, puede que en un afán por no relegar a un plano cuasi inexistente uno de los que debería ser principal protagonista de Cub, el terror.

Descompensada y algo errática, Cub no deja de suponer un ejemplo de lo que debería ser una cinta de género: el espacio ideal para dar lugar a temáticas personales desarrollándolas desde un punto de vista único, algo que aquí el belga logra en cierto modo, aunque necesite afinar en esos metros finales que tanto pueden definir una propuesta. Todo ello no deja de ser el resultado de una ópera prima apreciable con pinceladas de interés que, pese a no dar cabida a temas que habrían podido resultar de lo más sugerentes —como esa posible correspondencia con los temores infantiles—, como mínimo tiene el valor de optar por una identidad y tomar riesgos que ante otros cineastas ni se vislumbrarían, haciendo así de Cub una obra que, reconociendo fallida en ciertos ámbitos, demuestra un potencial por desarrollar que ojalá podamos ver en un futuro al servicio de una obra más equilibrada.

Cub



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