En su última película, el director canadiense Denis Côté se adentra de nuevo en el terreno del documental, para ofrecer un retrato íntimo de una figura ‹influencer› singular: Paul, un hombre obeso que, al pasar durante años por una depresión, encuentra un refugio a su estado mental estableciendo una rutina en la que ofrece servicios de limpieza a mujeres, que con frecuencia se convierten en juegos BDSM en los que dar rienda suelta a su rol como sumiso. Su particular servicio y gustos sexuales, por los que es conocido como Cleaning Simp Paul, se combina con un contenido en redes destinado a combatir el aislamiento social y a documentar sus esfuerzos para perder peso.

Durante el metraje, vemos constantemente intercalados ‹reels› de Instagram y momentos de la generación de contenido en redes de Paul, mostrando el contenido positivo que caracteriza a su protagonista, pero también observamos la naturaleza de sus servicios y las relaciones sexuales que desarrolla con sus clientas, de una forma tan llamativa como sorprendentemente empática y carente de juicios morales. Sin lugar a dudas, Paul es un documental notable al momento de retratar a un personaje que se sale de muchas normas y cánones, que aborda con idéntico respeto el lado popular y cercano del ‹influencer› y los gustos y prácticas que resuenan con un nicho mucho más pequeño, todo como parte de un continuo que conforma su personalidad.
Tampoco es un documental laudatorio, en el sentido de que Côté evita, de forma inteligente, escribir esta historia como una de superación, aunque las cosas definitivamente le estén yendo mucho mejor a Paul. Frente a ello, muestra sus vulnerabilidades emocionales y su frustración por la lentitud del proceso, tanto de pérdida de peso como de mejora de su estado depresivo y sus sentimientos de soledad, en un viaje que deja un regusto positivo pero también de tener mucho camino por recorrer y no siempre alcanzando la linealidad en el progreso. Y, pese a insistir en una actitud positiva en redes, Paul es muy sincero respecto de cómo se siente en cada momento, lo que permite captar una versión del ‹influencer› bastante transparente y que no se siente tendenciosa.

Todo esto demuestra que detrás de este documental hay un director que sabe cómo emplazar la narrativa y tratar con respeto y empatía a la figura retratada, evitando encapsularse en un relato predeterminado. Sin embargo, lo que a nivel de decisiones de guion y enfoque es muy meritorio, no resulta tan memorable en cuanto a la estructura de la obra; en particular, porque el filme acaba tomando la forma de un ciclo repetitivo en el que, en primer lugar, se muestra un ‹reel› del Instagram de Paul, luego se le observa en el proceso de creación de contenido, y después se muestra alguno de sus servicios/encuentros sexuales, intercalando o terminando con alguna reflexión íntima sobre sus avances. El problema con esto no es solamente que se sienta como una repetición constante de ciclos que puede llegar a perder el interés al cabo de un tiempo, sino que, al asignar dentro de estos un orden tan marcado, inevitablemente se generan contrastes y los eventos descritos se acaban concibiendo unos en respuesta de otros, lo cual compromete los méritos del documental al momento de observar a su personaje y no solo no juzgarle moralmente por su personalidad y sexualidad sino evitar pontificar sobre las causas y consecuencias de sus actos.
El resultado es que, por supuesto, Paul es una buena película y un muy buen retrato documental de una persona y figura pública que se sale de las normas, pero también creo que la forma en la que está estructurada está lejos de ser la óptima para una historia de estas características, y que confía demasiado en ofrecer el mismo paquete una y otra vez en torno a las aristas de la personalidad de Paul, haciéndose por momentos anodino y generando, aunque sea de manera accidental, una narrativa en la que el orden cronológico de los factores hace que se conciban de manera constante confrontaciones entre ellos. En ese sentido, quiero pensar que Côté no pretende establecer juicios, porque el tono empático y respetuoso del documental me hace creer lo contrario, pero también me pregunto si hay alguna intención insidiosa en ello; si esto es una cristalización, voluntaria o no, de sus prejuicios al abordar las particularidades de este, sin duda, curioso personaje de las redes sociales canadienses.







