Howl (Paul Hyett)

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Hola, no veo nada. Este podría ser sin duda el leiv motiv que acompañara la promoción de Howl. Y no, no estamos exagerando, el film tiene un problema que lastra los, por otro lado, múltiples aciertos de su metraje: la iluminación. Está bien trasladar la tensión, y la sensación de acoso mediante lo lóbrego, lo oscuro que esconde la amenaza casi detrás de cada sombra, de cada rincón. Pero de ahí a abusar hasta el límite de ello solo produce, como poco una sensación de confusión, de desubicación espacial que no tiene nada que ver con transmitir la desorientación de los personajes.

Como ya hemos apuntado, Howl apunta virtudes más que interesantes como la idea de trasladar el género breaking and entering a lo sobrenatural. La vinculación con los hombres-lobo es además de original, fructífera en cuanto dicho palabro, y su plasmación visual posterior, tarda en aparecer por lo que la propia incógnita sobre lo que está atacando al grupo de pasajeros (por otro lado, hay que remarcar que el dibujo de los personajes es bastante plano) resulta de por sí suficientemente atrayente y misteriosa. No sólo eso, la propia concepción del licántropo es ciertamente origianl y desmitificadora. No entramos en los terrenos de las balas de plata y demás tópicos, sino que estamos más en el territorio de la bestialidad, de la animalidad feroz. Algo que al mismo tiempo inspira miedo por brutalidad pero también la sensación de vulnerabilidad del enemigo.

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De alguna manera Howl busca resaltar una cierta “nobleza” entre los hombres-lobo, resaltando la solidaridad en sus ataques grupales. Una manera de ejercer de espéculo de la habitual idiotez y egoísmo del bando humano. Las pasiones, las envidias, las rencillas personales son al fin y al cabo lo que dinamitan las pretensiones de supervivencia del grupo de refugiados. «En algún momento ellos fueron nosotros» dice uno de los personajes, una forma de notar la posibilidad de la licantropía como enfermedad y también, lo que es más interesante, sugerir que al fin y al cabo, convertirse en hombre-lobo es una forma de evolución.

Que todo esto ocurra en medio de la nada, en la oscuridad de la noche, en un tren averiado sin posibilidad de rescate, confiere a la cinta un aire de fatalismo opresivo, consiguiendo conertir un espacio natural diáfano en algo tan claustrofóbico y peligroso como el propio tren. Pero como apuntábamos al principio hay algo tremendamente fallido en todo ello, y no es otra cosa que la iluminación.

Porque al final, todo lo dicho hasta ahora se intuye más que se aprecia verdaderamente. Resulta muy difícil apreciar los matices en las expresiones de los personajes, las motivaciones de sus acciones e incluso en que espacio se están moviendo, cuando hay una racanería absoluta a la hora de poner el foco (literalmente) en el lugar adecuado. En su lugar hay una confusión absoluta entre tiniebla y blackout, entre la confusión psicológica y el movimiento epiléptico de la cámara. Algo que puede parecer pecata minuta al ser explicado, pero que en el visionado deja una impresión de decepción, de cierta desilusión no tanto por lo visto como por lo que apuntaba la película, por lo que se intuye que podía haber sido y no es.

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