The Cat Who Walked By Herself (Ideya Garanina)

El primer y último largometraje dirigido por la animadora rusa Ideya Garanina es una adaptación del cuento corto El gato que caminaba solo, de Rudyard Kipling. En él una gata cuenta una historia a un niño acerca del origen de la humanidad, la domesticación del perro, el caballo y la vaca, siempre desde su perspectiva observadora y regodeándose en su propia independencia. Pese a lo breve de dicha narración, la película cubre aproximadamente la mitad del contenido del texto original, lo cual da una idea del ritmo e intenciones que refleja.

De este modo, lo que encontramos en The Cat Who Walked By Herself es un desarrollo notablemente lento que expande las ideas contenidas en esa fracción del cuento original, buscando en todo momento un mayor énfasis estético y exprimiendo para ello las posibilidades que ofrece el medio. Y si hay algo que llama la atención de esta obra es lo variado y suntuoso de su animación. Tanto en su forma de narrar visualmente las escenas, alargando cada fragmento de la película hasta el límite que permite su capacidad expresiva y dando pie a secuencias que reiteran y expanden las sensaciones que se extraen del texto, como en su combinación de recursos, estilos y técnicas de animación, en un collage que mezcla stop motion con marionetas, recortes y diferentes estilos de dibujo y coloreado, todo ello fluyendo con naturalidad y sin mostrar transiciones claras. La percepción de profundidad, el movimiento, el foco y la paleta de colores cobran una elevada importancia en esta película que convierte algo muy leve sobre el papel en una experiencia fascinante y llena de sensaciones.

Su notable virtuosismo técnico, así como su énfasis, podrían resultar excesivos para lo que quiere contar, ya que al fin y al cabo a pesar de lo elaborado de de su puesta en escena la historia no deja de ser una fábula muy sencilla. Pero lejos de suponer un impedimento, lo que logra esta película con ello es reforzar la atmósfera y dotar de una identidad estética compleja y memorable al cuento sin dejar de captar, paradójicamente, el encanto inherente a su sencillez. Es un equilibrio extraño porque además Garanina no realiza demasiados añadidos al texto; puede que el más notable sea el alegato ecologista que, aunque visual y narrativamente hermoso, se siente de hecho un poco fuera de lugar en contexto. Pero dejando de lado eso, no es un cambio sustancial en lo que se cuenta sino la capacidad de la cinta para expandir y encantarse en sus ideas, sacándoles el mayor jugo que puede, lo que la hace funcionar. Como ejemplo tenemos los tres Cantares Mágicos que en el cuento original se mencionan de pasada; aquí proporcionan una vía libre para, en cada uno de ellos, generar un montaje bello e hipnótico. Por no mencionar la larga secuencia del viaje a través del mundo a lomos del caballo, una idea tan simple que en principio parece incompatible con su duración pero que funciona por la pura recreación visual.

Deliberadamente lenta, dando vueltas sobre sí misma en muchas ocasiones y con tendencia a perderse y desviarse del punto, el visionado de The Cat Who Walked By Herself se ve muy condicionado por su capacidad de ganarse al espectador con su pura visceralidad y expresividad visual, para lo cual el esfuerzo colectivo realizado por los animadores, así como la capacidad para montar todas las secuencias y estilos de animación en un solo conjunto que fluye con una naturalidad casi inexplicable, es sin duda encomiable. La cuestión es que la sensación de que todo está demasiado alargado respecto del texto original puede ser muy patente; al fin y al cabo Garanina cogió una historia breve y la convirtió en esta película en una exaltación tan bella y potente como anárquica en ocasiones y de ritmo caprichoso. El hecho de que funcione tiene un mérito tremendo, y depende en su mayor parte de esa fascinación que pueda lograr con su estética y que facilite la inmersión en el cuento. Pero incluso si no lograse seducir al espectador con su propuesta, no puedo sino aplaudir el mérito de su enfoque como adaptación, con una forma de narrar visiblemente distinta que aprovecha con gran habilidad el potencial de su propio medio para desmarcarse del original sin dejar de respetar casi al pie de la letra su mensaje y contenido.



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