Take Me Somewhere Nice (Ena Sendijarević)

«La identidad tiene más de deseo que de memoria»

(Yo, tergiversando a Hume, para que quede una frase introductoria de la crítica acorde a la idea que transmite la película).

Take Me Somewhere Nice fue la ganadora del último Sarajevo Film Festival, alzándose con el “Corazón de la ciudad”, además de un fantástico recorrido por los festivales, entre los que destaca una mención especial en Rotterdam, además de otros.

La obra de la cineasta nacida en Bosnia y criada en los Países Bajos Ena Sendijarević sigue las aventuras y desventuras de Alma, una chica nacida en Holanda de ascendencia balcánica que inicia un viaje de autodescubrimiento por el país de sus padres con la intención de conocer a su progenitor, que tras no conseguir adaptarse a su país de acogida, regresó a casa dejando por el camino a su familia. Todo ello esconde una lucha sobre la identidad que será deconstruida a partir de la dualidad, a veces contradictoria, de su personaje principal.

La película puede entenderse como un drama con toques de realismo mágico típico de ciertos cines que surgieron en Yugoslavia, con el referente internacional de Emir Kusturica. Así ha sido observado por buena parte de la crítica y, en mi opinión, es un tremendo error, ya que la obra no esconde sus referentes, y entre ellos destaca más el Jim Jarmusch de Stranger than Paradise (Extraños en el Paraíso, 1984), auténtico espejo en el que se refleja todo el filme, que el director de Underground (Underground, 1995). O incluso la sombra de Hal Harley parece surgir en varios momentos.

Y a pesar de partir de un punto de partida formal y narrativo tan pegado al cineasta estadounidense, Sendijarević obra el milagro al impregnar cada fotograma de un halo personal e intransferible en una anti-road movie por Bosnia, desprendiendo una mirada única y alejada del tour turístico o anclada en la guerra que se suele realizar desde fuera. Es, por tanto, una película que se detiene en la juventud actual de Bosnia y que huye de manera consciente de casi todos los convencionalismos que muchos de los cineastas que viven en dicha nación acometen en sus propuestas. En una sociedad donde buena parte de su población consideran que su cine vuelve una y otra vez a la guerra de manera constante para hablar de “lo de siempre”, Take Me Somewhere Nice resulta tan refrescante como generacional tanto para la juventud que vive en dicho país como para los jóvenes surgidos de la diáspora, en personajes, problemas y situaciones en los que reflejarse. Esto no hace a la obra mejor o peor, pero sin duda es reseñable y rompe con toda una tradición temática.

Alma es una joven adolescente en lucha con su identidad. ¿De allí? ¿De acá? ¿Bosnia? ¿Holandesa? ¿Joven? ¿Mujer? Algo tan sencillo y simple sirve como motor y nos lleva a la idea temática de su cineasta, la identidad, en este caso mostrada de manera dual y, por tanto, todas las situaciones tienen como punto de partida esta contradicción, desde el despertar sexual como hasta los dos diferentes personajes que la acompañan en su viaje. Está supuesta contradicción acaba siendo irresoluble y, de hecho, no problemática. Alma y su directora abrazan las dos caras de una misma moneda, como imagino que hacen buena parte de las personas en su situación.

De menos a más, con secuencias llenas de un humor soterrado, a mi no puede parecerme más alejado del cine de Kusturica, tanto de su primera etapa como la mucho más conocida segunda parte. Imagino que desde buena parte de la crítica nos encontramos con el gran problema de que sólo conocemos un único referente en cuanto al cine surgido de los países que integraron Yugoslavia, y cualquier obra que llegase de ahí pasa por el filtro Kusturica. Supongo que en otros lados harán lo mismo con el cine español y Pedro Almodóvar, para que se entienda el disparate que esto supone.

Como comentaba anteriormente, también es digno de elogio el conocimiento de sus responsables por el terreno que pisan y como lo muestran; a pesar de ir de Sarajevo a Mostar, pasando por Tuzla o acabando en Neum, no se detienen en enseñarnos las típicas estampas. Por poner otro ejemplo absurdo, recuerda a los cineastas andaluces que huyen de enseñar la típica estampa de las ciudades turísticas. Eso se lo dejan a los meseteros.

En definitiva, Take Me Somewhere Nice ha parecido una de las mejores obras del 2019, con una construcción de secuencias que funcionan a las mil maravillas por separado y que van conformando un tono y atmósfera en el relato general que funciona perfectamente, con unos personajes pincelados prodigiosamente, pero sobre todo con una mirada personal que partiendo del mencionado Jim Jarmusch, crea un universo propio con una reveladora, aún sencilla, tesis general sobre la identidad.