Stefano Sollima… a examen

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Stefano Sollima se deja engatusar de los asuntos internos de un grupo policial antidisturbios de Italia para confeccionar su esperada ópera prima, teniendo para sí la sombra de ese apellido que tan importante fuera para el cinemabis italiano; su padre Sergio es considerado un importante nombre de esa cinematografía, resaltado a día de hoy como uno de los más relevantes cineastas del país gracias a su artesanía en la dirección y unos mensajes políticos bastantes claros. En su día, All Cops Are Bastards sugirió bastante interés en adivinar si Stefano querría seguir los pasos de su padre; en realidad, y aunque como se verán en sus posteriores trabajos (sería uno de los creadores del relevante serial italiano Gomorra), ambos compartirán el hecho de implementar en pantalla un imaginario de claro talante sin ningún tipo de frontera. El nuevo estandarte del apellido Sollima utilizará la ficción como medio de recreación de un dibujo social bastante determinado, y eso es algo que parece ir al compás de una nueva hornada de cineastas italianos que heredan ese ímpetu venido de la ya lejana década de los 70. De entrada cabe decir que en su primera película Stefano obvia cualquier tipo de maniqueísmo; y a este respecto la dureza de su trasfondo podría herir ciertas sensibilidades.

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All Cops Are Bastards se centra en la efigie de tres miembros de los llamados celerini, el grupo antidististurbios de la policía italiana, que responden a los singulares nombres de Mazinga, Cobra y Negro. Y sobre ellos se cernirá el contexto que dibuja Sollima: responderán a un dibujo tosco, tremendamente agrio y hasta en cierto punto inhumano de su labor policial. Por supuesto con ello llegará, algo que se sentirá como bastante presupuesto por parte del director, la consecuente muestra de la vida personal de cada uno de los hombres. En ese aspecto el film se teñirá de ciertos vestigios del drama, unos intentos de construcción interior de cada uno de los personajes, algo que, aunque al director dé ciertos visos de iniciación en el medio (tanto en algunos apuntes de somera profundidad, así como la selección musical, acaben desluciendo el tono de manera muy leve) la película se mantendrá fiel a sí misma desde primer momento.

Pero tras esto se puede llegar a citar el campo de análisis más rico del film, como son los momentos en los que los policías, esos bastardos a los que hace alusión al título (y que por mucho que pueda dar que pensar que se trata de denunciar una supuesta crudeza de esta rama policial, su mensaje no inspirará del todo esto) tienen que entrar en acción. Es ahí donde Sollima despliega sus artificios más eficaces a la hora de pergeñar, siendo en esto un punto de unión claro con parte de la cinematografía de su padre, un reverso oscuro de la sociedad italiana arcaica, cruda y vil. Con esto nuestros protagonistas son llevados al extremo de su emotividad y poder físico, confeccionando una difícil visión de la escena de acción, sin visos de ignorar la crueldad de las calles. Como un caótico y vil campo de asperezas, a Sollima se le van claras las pretensiones de una búsqueda implítica del realismo basándose en una puesta en escena que se emparenta claramente con muchas de las vicisitudes del documental, exagerando el plano corto y el movimiento de cámara en unos estamentos que, insistiendo, vuelve a percibirse con cierto amateurismo, aunque conseguirá su propósito para el impacto. Difícil papeleta para el espectador será la de posicionarse o no a la hora de la posible justificación de la rama más cruel del bando policial (Sollima parece que deja para el otro lado de la pantalla un posible juicio de ello) pero lo cierto es que en las intenciones de confeccionar un discurso con cierta subversión, donde, no sin pedir disculpas por la insistencia, aquí los Sollima vuelven a emparentarse. Los problemas de la sociedad italiana (inmigración descontrolada, discordancias políticas, el peligro de los tifosi…) son tratados aquí en claro modo de retrato realista, sin falsedades ni artificios, a través de estos celerini que incluso llegarán a cuestionarse el poner su vida en peligro por un Estado que para nada les corresponde, a pesar de constituir su versión más inhumana y déspota.

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Volviendo a incidir en su a priori polémico título, Sollima sí deja percibir una escenografía algo pérfida de sus personajes, aunque emocionalmente (tanto por sus dramas personales como, sobre todo, por el tan cruel estado social que les ha tocado lidiar) sean llevados hasta el extremo. Con todo ello, y a pesar de contar con ciertos segmentos donde la trama padezca cierto estancamiento, All Cops Are Bastards no hace ascos a la tensión, sin olvidarse de la dificultades de mantenerse en una postura totalmente neutral dejando que sean los propios hechos y acciones las que conformen un discurso que ha de degustar y analizar el espectador; punto de vista, todo se ha dicho, seguramente heredado del material original, el libro de Carlo Bonini en el que el autor parece basarse en verídicas declaraciones policiales de los celerini, relatando su día a día en la convulsa situación italiana.