Sesión doble: Los fusibles (1963) / A entrevista (1966)

El ‹Cinema Novo› regresa a la sesión doble con uno de los nombres (en femenino) a rescatar del movimiento como fuera el de Helena Solberg, que con A entrevista daba sus primeros pasos tras las cámaras; y con uno de esos cineastas a tener muy en cuenta, Ruy Guerra, que con Los fusiles recibiría el Oso de plata a su paso por Berlín.

 

A entrevista (Helena Solberg)

Helena Solberg (1938) estudió Lenguas Neolatinas en la Universidad de Río de Janeiro coincidiendo en ese tiempo con pioneros y exponentes de la segunda generación del ‹Cinema Novo› brasileño. Todos esos estudiantes y artistas se nutrieron en la Cinemateca del MAM del Neorrealismo italiano, la ‹Nouvelle vague› y otros cines más novedosos, hecho que culminaría en una hornada de realizadores que establecería una innovadora etapa en Brasil más combativa y crítica. Aquella que puso el foco en las minorías, el compromiso social y la denuncia de la explotación o las pésimas condiciones laborales del campo, abogando por la lucha social de ese “cine de guerrilla” con pocos medios, cámara en mano y muchas ideas narrativas renovadoras.

Los inicios de la directora en el cine —casi la única voz femenina en ese período y la más longeva en su trayectoria— se forjaron a través de experiencias como guionista o participante en rodajes con los más conocidos integrantes de la primera generación como Joaquim Pedro de Andrade, Paulo César Saraceni, o con Rogério Sganzerla, que realizó un cine más marginal y radical. Con Glauber Rocha consensuaría el guion de su primer trabajo, el corto de 20 minutos A Entrevista (1966), avalándola ante la Comisión del cine para su financiación como cine emergente.

Este trabajo cuenta con la particularidad de que se gestó poco después del Golpe militar de 31 de marzo de 1964, estrenándose dos años después a pesar de la censura que no vería tan “peligrosa” su temática. El corto está realizado en la segunda fase del ‹Cinema Novo› y enmarcado en un contexto concreto, pero Helena Solberg tuvo muy presente desde siempre que su perspectiva sería liminal y de género, caminando hacia fronteras nada exploradas como las condiciones de la mujer de clase media-alta, terreno al que ella misma pertenecía, y desviándose del campesinado y sus miserias. Ese espacio de una élite nunca antes sondeado le permitió establecer una inédita mirada crítica en su país, donde la estructura familiar burguesa generaría los cimientos invisibles de la dictadura.

De ahí que su trayectoria dentro del país, tras su exilio en EEUU y a su regreso, se centrara en las condiciones de la mujer con su famosa trilogía y temáticas alrededor de las condiciones laborales femeninas, la esclavitud que conllevó la colonización o la perspectiva histórica de la lucha femenina, sin olvidar los obstáculos que conlleva la condición de género en mujeres de todas las clases sociales, en especial la más baja.

A entrevista comienza avisando que las chicas entrevistadas son de 17 a 29 años y todas de la misma posición social. En realidad, son mujeres del entorno de la directora (muchas de ellas amigas) que se grabaron en casa cuando no estaban los maridos y que quisieron conservar su anonimato. Para garantizarlo, en el montaje realizado por ella y Rogério Sganzerla, se optó por la ‹voz over› sobre imágenes de la cuñada de Solberg enseñando una casa lujosa, preparándose para ir a la playa y también maquillándose y vistiéndose de novia. Esta joven es la única que autoriza su imagen añadiendo además algunas declaraciones suyas al final con la directora en plano.

Lo que escuchamos son testimonios de chicas que hablan de su necesaria formación para estar a la altura de sus maridos, pero siempre sometidas a él. De temas tabú como la virginidad, la idoneidad de las relaciones prematrimoniales, renegar de la política, la sexualidad agresiva del varón y la docilidad femenina o la educación recibida por el Estado. Audios titubeantes, algunos contradictorios entre ellas, con esa asincronía entre lo escuchado y la imagen que desemboca en fotos de archivo de las protestas conservadoras en la Marcha de la Familia con Dios por la Libertad contra las políticas consideradas muy radicales y comunistas del entonces presidente João Goulart, en la que participaron asociaciones de mujeres de clase media alta pocos días antes del Golpe militar, sobre las que Solberg expresaba en una entrevista de 2022 con Florencia Romano: «Para mí esa clase social a la que pertenecen las mujeres que yo entrevisté, de la que yo misma venía, evidentemente tuvo relación con los golpes de Estado en Brasil. No es que quiera simplificar todo ese proceso histórico a partir de esa relación en concreto, pero sí es cierto que ese archivo pone en evidencia que el Golpe de Estado de 1964 estaba siendo apoyado por ese sector social».

Escrito por Estrella Millán Sanjuán

 

Los fusiles (Ruy Guerra)

A partir de un terreno donde prevalece la miseria, Ruy Guerra establece con Los fusiles una división casi homónima entre armas y cruces. Los habitantes de una localidad al nordeste de Brasil están sucumbiendo a una crisis de hambre a través de diversos robos que han surgido hacia las personas que son dueñas de una tierra legalmente. Ante esto, un grupo de militares no dará dobles advertencias con tal de que estos actos cesen de una vez; la llegada de estos señores armados y de poca empatía generará una serie de efectos extra que envenenarán la poca paz que alguna vez hubo en la comunidad.

Entre extensas escenas que pasan por cánticos de solemnidad, estos realmente podrían compararse con gritos evangélicos que caen hacia el mar de los infiernos. Ruy Guerra expone de forma áspera una parte de la historia del pueblo brasileño. El soleado espacio es la maqueta perfecta para que los bloques de personajes fluyan entre sí. Entre ellos, un camionero con ideales cuestionables observa este infierno viviente desde los bordes; en realidad, nos ponemos de su lado, pero su visión añade una capa de oscuridad y penuria que los distintos individuos, ya solo con los gestos físicos, explotan de sobra.

El hueso fílmico de Los fusiles también se ve auspiciado por mantener una relación con el plano muy similar a la estructura del documental, uno con varios elementos de los cuales no es raro identificar errores de seguimiento en muchas de las escenas (racord, saltos de eje, etc.). Pero incluso con todo eso, el director tiene perfectamente medidas sus necesidades narrativas. La película no busca signos de humanismo convencional. Es dura consigo misma todo el rato; los cuerpos que vemos en pantalla están totalmente drenados por los actos que suceden a su alrededor. No hay ápices de esperanza: es una realidad cruel, un abismo de inutilidad apoyado por los grandes regímenes que han secuestrado los valores de una nación.

Es por ello que la película encuentra esos puntos de catarsis en la violencia. La crudeza con la que Guerra sostiene el plano estaría prohibida con tremenda absolutidad hoy en día. El salvajismo que corre por las venas del filme explica la psique de un pasado que aún vive con nosotros. Su brutalidad desencadena así un silencioso espectáculo de cacería mezclado con deformados arquetipos del western. Y no es casualidad que Los fusiles escoja el documental y el western como pivote de una obra sobre la atrocidad humana: el heroísmo idealizado masculino de uno y la constante búsqueda de la verdad, amarrada por nudos de ficción que descomponen su alegato de lo real, son la fusión ideal que permite a Ruy Guerra entablar un diálogo con la idiosincrasia y crítica de un Estado y la barrera emocional que la lente de la cámara interpone desde el segundo cero.

Los fusiles, como muchas otras películas, forma parte del movimiento ‹Cinema Novo› que comenzó alrededor de los años 50 y que se caracterizaba por destronar el momento político y social de Brasil. Ruy Guerra utiliza su obra para ser lo más severo posible con la injusticia de su entorno. Agarra como peón a un segmento de la población y se hunde con ellos hacia la miseria absoluta, y es por ello que Los fusiles recobra una verdad apabullante sin buscarlo realmente, sino todo lo contrario.

Escrito por Diego Gil

 

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