Saint Amour (Benoît Delépine, Gustave Kervern)

El humor francés es una incertidumbre constante. No sabes qué vas a encontrar y una vez allí, dudarás de si los galos se ríen con la misma frecuencia que el resto de humanos. Es cierto que hay una clave en la comedia francesa y esta es el disparate. Puede que la primera interpretación de una escena chistosa consiga que asome en tu cara un gesto de extrañeza, pero seguro que en unos segundos, aunque ya estén hablando de otra cosa en el film, estés internamente revolcándote por el suelo.

Eso es algo que siempre han conseguido sacarme este dúo cinematográfico. Benoît Delépine y Gustave Kervern llevan desde su debut en la dirección (y también su primer encuentro frente a la cámara) Aaltra proponiendo disparates, lo que algunos llaman un humor raro, pero que empasta a la perfección con la voluntad de sus actores de dejarse llevar. Un abuso del absurdo que se concentra en buscar una situación inusual entre personas aparentemente normales, que siempre se va de madre.

Como ocurría en Aaltra (y en otros tantos films de estos dos comediantes), Saint Amour es un viaje de vehículo equivocado y resultados expectantes. Para ello se une a tres genios del cine galo —junto a un Kervern dispuesto a reaparecer en ensoñaciones, siempre con su permiso— y los sube a un taxi para conocer las tierras vinícolas francesas y unir lazos. Este extraño trío lo forman Gérard Depardieu y Benoît Poelvoorde, padre e hijo que ya conocían de sobra lo que es trabajar con los directores, sumándose Vincent Lacoste, uno de los chicos de moda que a nada le hace ascos, como conductor.

Sin duda Poelvoorde es el alma de esta fiesta de beodos, donde todo es vino y lo menos importante es lo que entra en el buche. Hay dos ganaderos que no han salido de su mundo nunca y un taxista parisino de vuelta de todo. Del comentario básico a la situación bucólica, encuentros paradójicos con personajes que revolucionan sus existencias y una leve pero creciente comprensión entre estos tres seres de generaciones distantes que, a su debido tiempo van hermananando sus visiones de la vida; todo un despliegue de elementos que empastan en la tontería con gracia. En realidad, Delépine y Kervern conocen a la perfección el medio en el que se mueven, así que como gorrinos en la charca hacen de Saint Amour un particular canto al amor. Porque aquí se profesa amor al vino, a los muertos, a las mujeres, a la familia y al onanismo con escenas autoparódicas y muy conscientes a través de unos diálogos muy bien hilados a la vez que espontáneos, que nos hacen olvidar en ocasiones la perfilada inocencia que parece entreverse en sus personajes.

No se evita rememorar esas películas donde aunque apareciera la torpeza, no dudaba en vestir con elegancia conversaciones afiladas de humor ácido mientras se paladeaban buenos vinos, pero quedan en una simple anécdota junto al decálogo del borracho o las técnicas de seducción que aquí aparecen, porque Saint Amour apuesta por mezclar originalidad (una no tan novedosa si ya conoces anteriores films de Benoît Delépine y Gustave Kervern, pero con buen poso) con insensatez, descubriendo de nuevo que el humor francés no nos queda tan lejano, y que las road movies son el trayecto que deberían seguir estos dos señores siempre.

Puedes ver Saint Amour en Filmin:

https://www.filmin.es/pelicula/saint-amour



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