Crítica a Pikadero, debut de Ben Sharrock | Cine maldito

Pikadero (Ben Sharrock)

Nada mal le ha salido su ópera prima al director escocés Ben Sharrock con Pikadero. Muchas sorpresas muestran y nos siguen aguardando la sección Nuevos Directores, aquella que despunta a los realizadores con sus primeros trabajos en una nueva oleada de buen gusto, exquisitez y novedad. Y es muy posible que Sharrock entre dentro del saco a partir de ahora, pues sorprende su manera de dirigir y de hacer cine. El asombro llega a San Sebastián a través de una cinta en la que se entremezclan los problemas primordiales de nuestra sociedad con una dirección procedente de la costa este de Escocia. Y es que muchas son las influencias de las que se nutre el cineasta como Aki Kaurismaki o Jacques Tati.

Pikadero

Pikadero es la historia de la crisis económica, la falta de cariño y el amor adquirido frenéticamente por la carencia de éste. Sin embargo, da una vuelta de tuerca al drama y visualizamos el tema a través de una fusión vasco-escocesa. Raro, ¿verdad? Pues el invento funciona. Rodada en el País Vasco, utiliza actores archiconocidos por todos los vascongados como Joseba Usabiaga, curtido en el mundo del teatro, y Bárbara Goenaga, más conocida además en el territorio nacional. Como no es de extrañar sus dos protagonistas, junto a algunos actores del reparto, pertenecen a la fábrica de intérpretes como es la longeva serie de televisión de ETB1, Goenkale. Usabiaga y Goenaga interpretarán a una pareja que se conocerá en un bar de pintxos mediante una cita a ciegas. Aunque no hablarán apenas, la necesidad de estar cuerpo a cuerpo y las ansias por encontrar a alguien que les comprenda y les acompañe hará que comiencen una relación en la que desde el primer momento ya se sabe que no conducirá a ninguna parte. La falta de intereses y la crisis económica harán mella en la pareja, y es que estas dos personalidades serán las encargadas de recordarnos las duras situaciones que hoy en día están viviendo los jóvenes (y no tan jóvenes). Uno se verá obligado por las circunstancias a convencerse de huir del país para empezar de nuevo y encontrar un empleo que le permita vivir, el otro se encontrará en la tesitura de elegir entre acompañar a su pareja o conformarse con un trabajo precario pero con un contrato indefinido. ¿Qué harías tú?

Pikadero

Eso es lo que se nos plantea a lo largo de toda la película, la cual cuenta con un humor mordaz, seco y, hasta cierto punto, fino. No obstante, el guion no es el plato fuerte de Pikadero, pues está dotado de múltiples (en algunos casos, excesivos) silencios en los que se debería sobreentender lo que piensan los protagonistas. Eso sí, el hastío de la vida rutinaria y la sensación de no saber qué decir ante una relación en la que los intereses son distintos queda perfectamente reflejado. Las notables actuaciones se producen con una excéntrica peculiaridad y miradas constantes al horizonte encuadradas en planos fijos, pues únicamente hay dos movimientos de cámara de izquierda a derecha que apenas duran tres segundos. Y aquí viene el plato fuerte, la imagen. Como ya dije anteriormente sobre las influencias del director, junto a su peculiar visión, el conjunto de fotogramas crea una película simpática, colorida y fácil de ver, en la que el cromatismo contrasta perfectamente con la naturaleza y el ambiente rural, siendo un regalo para la vista.

Prometedor es el futuro de Ben Sharrock, sobre todo por la valentía de enlazar estilos cinematográficos que nunca habíamos visto y, personalmente, creo que es todo un acierto, pues supone una gran riqueza para nuestra industria cultural. Y es aquí, en el Festival de San Sebastián donde se da la oportunidad a nuevas propuestas, por muy arriesgadas o disparatadas que parezcan, pero que al fin y al cabo funcionan. ¿Quién dijo que en el cine estaba todo inventado?

Pikadero



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