Marlina the Murderer in Four Acts (Mouly Surya)

Marlina es una mujer que vive plácidamente en la tranquila isla de Sumba, Indonesia. Cuando reciba una inesperada visita de un malvado hombre llamado Markus y su banda, con un encuentro violento entre medias que sucumbirá en violación, el posterior asesinato por parte de la mujer hará que en ella surja un importante giro existencial. Así se podría resumir a vuela pluma el punto de partida de Marlina The Murderer In Four Acts, la última película de la directora Mouly Surya con la que está recibiendo un importante espaldarazo dentro del circuito de festivales. Drama cuasi existencial con confesos aromas de western (muchos de los planos invaden ampliamente las constantes estéticas del género), en el que la narración se centrará en los aspectos más íntimos de la protagonista, quien acaba de sufrir un auténtico tormento emocional ante el estallido inicial (el cual podría compartir con alguna que otra corriente del cine underground de los 70) y que aquí se reconduce por senderos más clásicos, desesperanzadores, y al mismo tiempo consecuentes con un tono que profiere un sentido totalmente fatalista.

Como bien indica el propio título del film, la historia de Marlina es dividida en cuatro actos; aunque la separación de ellos tenga un uso mucho más funcional en el comienzo y desenlace, logrando un núcleo en la narración algo más irregular, la estructura funciona, especialmente por la atmósfera hermética que se cierne sobre el personaje, quien acaba cayendo ante un vacío emocional debido a la abrupta vicisitud con la que ha tenido que tratar. Y en efecto, que nadie se espere un desarrollo más o menos convencional de la historia, aquí envolviéndose el film de un estudio del personaje lento, con amplias dosis de silencio, con el que la directora atesora ciertas dosis de estudio de la redención en unas señas de identidad que van mucho más allá que juzgar al propio personaje; Marlina afronta de manera contemplativa sus actos y consecuencias, momentos con los que incluso la película se permite hasta ciertas dosis del elemento fantástico; las apariciones esporádicas del espíritu de una de sus víctimas se presentarán como uno de los elementos más disonantes de la película, pero que se amoldan con estilo a la narración.

En la película es muy relevante el como la directora imprime un sello folclórico a sus localizaciones, mostradas en ampulosos planos generales y con ciertas dosis de música autóctona que en algunos momentos no ocultuarán ciertas filias melódicas al western; ello se concibe como una muestra de decadente simbolismo, al mismo tiempo que la directora va tranzado paralelamente un discurso de evidente sentido feminista, un contexto que irá ganando peso a lo largo de la tradición; esto se llevará a cabo racionalizándolo hacía la propia cultura de origen del film con elementos tan evidentes como la discriminación o la violencia genérica, con el consecuente drama femenino en este tipo de sociedades opresoras.

Hay una imponente textura clásica en la película, en la que rápidamente se pueden identificar ciertos ímpetus de dramatismo atmosférico de cinematografías añejas, así como una forma deliberada de imprimir la decadencia y el fatalismo en cada una de las imágenes. Marlina The Murderer in Four Acts es una película compleja en textura pero ágil en la asimilación de su concepto, que no obvia en engatusar al espectador con un inicio demoledor (estallido abrupto de violencia al más puro estilo oriental) ni con una evolución dramática muy estable; a este respecto cabe mencionar el más que interesante plantel autoral, desde la protagonista Marsha Timothy, quien impacta en su asimilación del personaje, hasta la numerosa banda de criminales, responsables de aportar a esta historia las dosis de crueldad y turbiedad exigidas. El film se confiere como una visión de la venganza desesperanzadora y profunda, que se enriquece además con lo exótico tanto a nivel estético como social de su siempre interesante país de origen.

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