Madame Marguerite (Xavier Giannoli)

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Las verdades duelen, es cierto, pero las mentiras pueden matar. La mentira es una poderosa enfermedad, que se apodera del ser distorsionando su visión de la realidad, convirtiéndolo en un ser ficticio originario del engaño. La última obra de Xavier Giannoli Madame Marguerite ha sido premiada en el Festival de Sevilla y en el Festival de Venecia. Una obra satírica que consigue combinar a la perfección el humor con el drama para dejar al descubierto las consecuencias de la falacia cuando es repetida dentro de un grupo.

Marguerite es una mujer opulenta, amante de la ópera y vive entre lujos y rodeada de personas que dicen admirarla pero el talento, la sinceridad y la amistad no son cosas que puedan ser compradas con dinero. Termina viviendo su propia fantasía de ser cantante de ópera, porque nadie de su entorno se atreve a decir la verdad. Ya que muy lejos de producir música por su boca, simula el chirrido de una puerta en un intento de imitación rítmica. En este artificio termina ascendiendo hasta lo más alto hasta que acaba por darse cuenta de que la vida que ha vivido es solo humo y apariencia. Lo más curioso de esta historia aparentemente surrealista es que está basada en una persona real, Florence Foster Jenkins. Confirmando el decir popular —la realidad supera la ficción— porque es imposible salir del asombro al comprobar que los estruendos producidos por Marguerite no son una exageración de la ficción sino la verdadera voz de Jenkins.

La interpretación de Catherine Frot consigue refleja en sus ojos la alienación de un personaje que vive una realidad paralela. Alabada por su marido infiel, sus amigos hipócritas y demás personajes que buscan aprovecharse. Se encuentra rodeada de mentiras siendo de los pocos personajes puros, sincera con todos menos consigo misma. Terminando por ser víctima de una mentira ajena (posiblemente una venganza por el desgaste de los tímpanos) que se apodera de ella colmándola de una felicidad ficticia. ¿Pero qué es mejor ser feliz dentro del engaño o ser consciente de la triste realidad? En mi humilde opinión, hay que aceptar la realidad para extraer de ella autentica felicidad. Marguerite podría haber aprovechado sus grandes dotes para generar ruido de otra forma (por ejemplo espantando pájaros) quizás su problema que pretender volar sin tener alas, en vez de ser feliz dando pasos firmes sobre la tierra.

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La música juega un papel muy importante en el film, aunque interrumpida por los berridos de Marguerite sigue conservando una armonía que conduce al espectador por este drama tan surrealista hasta el punto que no puedes evitar reírte. Y es que al final todos nos sentimos reconocidos, al margen de que se ambiente en la ópera y con personajes de clase alta, porque el tema principal de la película es la mentira y todos hemos vivido experiencias similares. ¿Quién no se ha encontrado con el dilema: ser sincero aunque duela o mentir por compasión? ¿Quién no ha maquillado la realidad para hacerla más digerible? ¿Quién no se ha dejado llevar alguna vez por una idea placentera a pesar de ser consciente de su falsedad? Finalmente la protagonista no es tan diferente a nosotros mismos…

Las mentiras cuando son repetidas muchas veces, terminan por convertirse en verdades. ¿Hasta que punto podemos estar seguros de no ser víctimas de continuas de una mentira? El poder del grupo arrastra a las personas a aceptar falsas verdades. En este film se encuentra de manifiesto la importancia de tener una conciencia crítica que te permita cuestionarte “verdades absolutas”  y la libertad de expresión, sin ningún tipo de mordaza, ya que sin estas siempre podremos ser alienados por una falsa realidad de la que difícilmente podremos escapar.

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