Lo mejor de 2025… tops individuales de la redacción

Primero llegó el colectivo, pero no podía faltar qué piensan nuestros redactores sobre este 2025 que dejamos hace apenas un par de semanas, así que os traemos nuestra habitual experiencia cinematográfica junto a un buen puñado de títulos a descubrir o reivindicar. Poco más que añadir: a tomar nota y continuar disfrutando del cine un año más.

Agus Izquierdo

Si tuviésemos que puntuar el año 2025 no lo puntuaría. A mí me tendrían que apoyar en la sien un revólver cargado y, probablemente, ni así me atrevería a ponderarlo numéricamente. Me gustaría aprovechar este espacio para reivindicarme como enemigo de las atroces y psicópatas cuantificaciones de objetos culturales que tratan las películas, los libros y los artefactos artísticos como si fuesen gélidas estadísticas de mercado. Basta de obsesiones y de numeraciones. Dicho esto, que no sirva como contradicción, he aquí mi lista de predilectas. Ha sido eso un éxito anual por lo que a mi experiencia espectadora respecta: llena de sorpresas, de descubrimientos y de la renovación de una fe ciega por las creaciones fílmicas que mueven y que remueven. ¡Viva el cine, cuanto más maldito, mejor!

  • Eephus (Carson Lund)
  • Youth (Homecoming) (Wang Bing)
  • On Becoming a Guinea Fowl (Rungano Nyoni)
  • La risa y la navaja (Pedro Pinho)
  • Harvest (Athina Rachel Tsangari)
  • Bagworm (Oliver Bernsen)
  • Dracula (Radu Jude)
  • Short Summer (Nastia Korkia)
  • Fogo do Vento (Marta Mateus)
  • Toxic (Saulė Bliuvaitė)

 

Àlex P. Lascort

En una conversación reciente con mi amigo David Martínez de la Haza llegamos a una conclusión terrible: el año 2025 ha sido, cinematográficamente, de los más mediocres que recordáramos hasta la fecha. Algo que se corrobora a la hora de confeccionar el top. No hay ni una que se salve, a excepción quizás de Resurrection de Bi Gan que, para más inri, ni tan siquiera ha llegado comercialmente a nuestras pantallas más allá de festivales.

Y es que grandes autores como Paul Thomas Anderson, por citar alguno, han ofrecido productos que, si bien podrían por encima de la media, no dejan de ser sus peores obras si analizamos su filmografía. Al final este top lo conforman grandes nombres a los que les pasa un poco como a Anderson: firman películas notables si se comparan con el panorama general, pero nada destacables en su filmografía.

Ni tan siquiera el tan cacareado año dorado del género ha sido tal. Si bien se han colado un par de propuestas, el resto ha sido más una cuestión de cantidad por encima de la calidad. Ideas interesantes sobre el papel que han acabado en algo más voluntarioso que propicio a una nueva ola interesante para el terror o el fantástico en general.

Así pues un año decepcionante que plantea una idea inquietante: ¿Es este un fin de ciclo que augura algo bueno a la vuelta de la esquina o el inicio de una decadencia que llevará al cine a una dicotomía de autor vs plataformas? Veremos.

  1. Resurrection (Bi Gan)
  2. Un simple accidente (Jafar Panahi)
  3. Los pecadores (Ryan Coogler)
  4. Valor sentimental (Joachim Trier)
  5. La vida de Chuck (Mike Flanagan)
  6. La hermanastra fea (Emilie Blichfeldt)
  7. No hay otra opción (Park Chan-wook)
  8. Devuélvemela (Danny Philippou, Michael Philippou)
  9. La luz que imaginamos (Payal Kapadia)
  10. En la corriente (Hong Sang-soo)

Arnau Martín

Como sugería un amigo, el que termina es un año de excesivo “paulthomasandersoncentrismo”, y yo desde luego soy parte responsable y activa. El declive de la industria, ante el que Anderson o Richard Linklater, por partida doble, buscan hacer resucitar un “nuevo” Nuevo Hollywood, es paralelo a nuevos cruces de talento como el que pare la magnífica Magallanes de Lav Diaz, coproducida por un Albert Serra en estado de gracia junto a productores portugueses, la cinematografía más auténtica y culturalmente cuidada del presente.

Nuestro cine vive una etapa de fertilidad creativa, entre las voces íntimas de Carla Simón, el espíritu inquietante de Ion de Sosa o la intuitiva Alauda Ruiz, quien con Los domingos se ha alineado con cierto interés creciente de la juventud por la espiritualidad, algo que Rosalía ha convertido en cántico. Por su parte, Radu Jude también juega su doble carta con la impresionante Dracula y la incómoda Kontinental ’25, Oliver Laxe despega definitivamente en el panorama internacional y Resurrection de Bi Gan confirma la grandísima sensibilidad que mueve a los cineastas chinos. Mención especial a Jaume Claret Muxart, quien en Extraño río nos descubre una de las canciones más hermosas de los últimos años, The Fireman is Blue (Ryder The Eagle).

  1. Magallanes (Lav Diaz)
  2. Resurrection (Bi Gan)
  3. Dracula (Radu Jude)
  4. Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson)
  5. Nouvelle Vague (Richard Linklater)
  6. Ciudad sin sueño (Guillermo Galoe)
  7. Mirroirs no. 3 (Christian Petzold)
  8. The Mastermind (Kelly Reichardt)
  9. Historias del buen valle (José Luis Guerín)
  10. Un poeta (Simón Mesa Soto)

Cristina Ejarque

Hice trampas. Observé atentamente el año de mis compañeros y veo que el cine no ha convertido este 2025 en un año imprescindible y que casi nadie ha ensalzado personalmente lo que sí hemos hecho en conjunto, lo que ha desatado una letanía de amores y odios hacia Paul Thomas Anderson y Oliver Laxe. Sirva este párrafo para ilustrar el concepto de Eephus que como bola con dirección idealizada coincide con mi opción de esquivar un año raro donde todo el mundo me dice eso de “si ves esta película seguro que entra en tu top”. No las he visto, así que pongo estas otras en las que sí encuentro algo reaccionario o divertido. Eephus sí la he visto, y está un poco en cada puesto del top, pero sigue fluyendo en el aire esperando llegar a su destino.

  1. Bodegón con fantasmas (Enrique Buleo)
  2. El diablo fuma (y guarda las cabezas de los cerillos quemados en la misma caja) (Ernesto Martínez Bucio)
  3. La furia (Gemma Blasco)
  4. Reflection in a Dead Diamond (Hélène Cattet, Bruno Forzani)
  5. Mi única familia (Mike Leigh)
  6. Harvest (Athina Rachel Tsangari)
  7. El segundo acto (Quentin Dupieux)
  8. Bala perdida (Darren Aronofsky)
  9. Warfare (Alex Garland, Ray Mendoza)
  10. The Monkey (Oz Perkins)

Dani Rodríguez

Como viene sucediendo en los últimos años, cuando uno hace retrospectiva de su inmersión en el panorama cinematográfico actual comprueba que los festivales siguen siendo el cubículo en el cual encontrar ese plantel de películas que acaban destacando por unas formas que escapan a las cada vez menos transgresoras naturalidades del ‹mainstream›. Así, mi ‹ranking› de 2025 llega mayoritariamente protagonizado por algunos de los más destacables films visionados en certámenes como Sitges o el FICX, cuna de tan fascinantes propuestas como las miradas femeninas de cineastas como Avalon Fast o Annapurna Sriram, desde ya autoras a seguir la pista o, entre otras, vueltas tan vanguardistas como la del italiano Mariano Baino. Junto a estas piezas, en la lista podemos ver a otros autores como Ari Gold, Sophy Romvari, Radu Jude o la dupla argentina formada por Jallinsky y Marinaro, que han creado obras de pura creatividad narrativa y que se pudieron disfrutar en Gijón. Además, necesaria es la inclusión de películas que a pesar de alcanzar circuitos comerciales más convencionales merecen un acento propio por separarse de las líneas más conformistas, como han sido las personales visiones de Zach Cregger, Oliver Laxe o Yorgos Lanthimos.

  1. Brother Verses Brother (Ari Gold)
  2. Blue Heron (Sophy Romvari)
  3. Camp (Avalon Fast)
  4. Fucktoys (Annapurna Sriram)
  5. Sirāt (Oliver Laxe)
  6. Astrid’s Saints (Mariano Baino)
  7. Los bobos (Sofía Jallinsky, Basovih Marinaro)
  8. Bugonia (Yorgos Lanthimos)
  9. Weapons (Zach Cregger)
  10. Dracula (Radu Jude)

Estrella Millán Sanjuán

Que haya fallecido nada más comenzar 2026 el irrepetible Béla Tarr me trae al recuerdo que hace un año nos dejaba tristemente David Lynch, para continuar con grandes artistas del cine como Gene Hackman, Robert Redford, Diane Keaton o Rob Reiner, entre otros. Personalidades que dejan su legado cinematográfico y que, de alguna forma, siguen vivos por esa cualidad fantasmal única del cine que registra la eternidad. 2025 ha sido el año del regreso de los grandes y esperados como Paul Thomas Anderson, David Cronenberg y la fortuna de la nueva presencia de Jim Jarmusch, Ira Sachs o Kelly Reichard, que revitalizan el cine independiente americano con su calidad. También ha sido el año del doblete de Richard Linklater, con más o menos fortuna, o el de la directora Payal Kapadia que logró estrenar dos obras tan sensibles como necesarias. En España el panorama se ha dividido entre las más populares y fallidas como Sirāt, con otras propuestas más íntimas en Los domingos, Romería o lo independiente y documental de José Luis Guerín; mientras Albert Serra contribuye con una obra tan controvertida como libre. Es, además, el año donde conmueven Christian Petzold, Lois Patiño, Mike Flanagan o Boris Lojkine y nos topamos con las apuestas críticas de Pedro Pinho, Radu Jude o Abbas Fahdel.

  1. Historias del buen valle (José Luis Guerín)
  2. The bewilderment of chile (Lucía Seles)
  3. La vida de Chuck (Mike Flanagan)
  4. Mirrors No. 3 (Christian Petzold)
  5. Ariel (Lois Patiño)
  6. La noche está marchándose ya (Ezequiel Salinas, Ramiro Sonzini)
  7. La luz que imaginamos (Payal Kapadia)
  8. Tales of The Wounded Land (Abbas Fahdel)
  9. La risa y la navaja (Pedro Pinho)
  10. Kontinental ’25 (Radu Jude)

Gerardo Gonzalo

Este año 2025 ha sido muy decepcionante en lo cinematográfico. No he visto ninguna obra maestra, ni tan siquiera un film sobresaliente. Me quedo con Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson es uno de los pocos motivos para ir al cine hoy en día), La chica de la aguja (terrorífica en forma y fondo, recrea una atmósfera incomparable y desasosegante como pocas veces he visto) y Valor sentimental (una película con hechuras de obra maestra, que se ha quedado a las puertas pero en cualquier caso digna heredera del mejor cine de Ingmar Bergman). Son películas, que sin ser totalmente redondas, al menos han ido más allá que el resto por su fondo, robustez y una narrativa trascendente que se sale de lo convencional. Más allá de esto, aparte de esa singularidad que es Sirāt, todo lo que he visto este año ha oscilado entre un moderado interés y la más profunda decepción.

  1. Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson)
  2. La chica de la aguja (Magnus von Horn)
  3. Valor sentimental (Joachim Trier)
  4. Sirāt (Oliver Laxe)
  5. María Callas (Pablo Larraín)
  6. Aún estoy aquí (Walter Salles)
  7. The Brutalist (Brady Corbet)
  8. Sorda (Eva Libertad)
  9. Weapons (Zach Cregger)
  10. Una quinta portuguesa (Avelina Prat)

María Verchili

Este año cinematográfico 2025 comenzó para mí menos estimulante que los precedentes. Las películas se iban sucediendo en la cartelera sin que sintiese esa emoción especial que nos provocan las obras especiales y trascendentes. Sin embargo, al final, mirando hacia atrás, corroboro una vez más que sobreviven en el cine contemporáneo veteranas autorías irreductibles. Como la propuesta de Alain Guiraudie, atravesada de su corrosivo humor negro, para diseccionar las miserias de la sociedad francesa de provincias, o la contemplación inquisitiva de Kelly Reichardt sobre la evolución socio-política de su gran país a través de su idiosincrática subversión de los géneros, o las furiosas embestidas creativas y reivindicativas de dos maestros como Paul Thomas Anderson y Jafar Panahi, así como la nueva aventura romántica y sociológica del magnífico cineasta chino Jia Zhangke. Como también me congratula descubrir a esas nuevas creadoras, procedentes todas de culturas periféricas, que han demostrado un talento ilusionante para construir impagables retratos de feminidad desde el humanismo más combativo. Por supuesto, no puedo dejar de loar la que para mi es una de las dos películas españolas del año, esa confirmación catártica del imponente impulso creativo de Oliver Laxe, ni tampoco la poderosa apuesta existencialista y estatista de Dea Kulumbegashvili contra la represión patriarcal. Y, para terminar, haciendo gala de mi melomanía irredenta, me he permitido un ‹bonus track› para reivindicar la última película del incombustible director rumano Radu Jude, así como para recordar dos films pequeños y preciosos que he podido disfrutar por su competencia en la Mostra de València y en el Festival de cine de Roterdam, el primero es otro retrato atroz de la migración africana femenina en una ciudad de El Cairo colapsada, y el segundo un milagro cinematográfico, la primera película de animación de la República Dominicana, que resulta en una poética experimental verdaderamente conmovedora.

  1. Misericordia (Alain Guiraudie)
  2. The Mastermind (Kelly Reichardt)
  3. A la deriva (Jia Zhangke)
  4. Memorias de un cuerpo que arde (Antonella Sudasassi Furniss)
  5. La luz que imaginamos (Payal Kapadia)
  6. Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson)
  7. Sirāt (Oliver Laxe)
  8. Sun Blue Palace (Constance Tsang)
  9. April (Dea Kulumbegashvili)
  10. Un simple accidente (Jafar Panahi)
  • Kontinental ’25 (Radu Jude)
  • Aisha Can’t Fly Away (Morad Mostafa)
  • Olivia y las nubes (Tomás Pichardo-Espaillat)

Mario Peña

«La auténtica intuición artística va más allá de lo que perciben los sentidos y, penetrando la realidad, intenta interpretar su misterio escondido.»
Juan Pablo II

2025 ha sido un año en el que han brillado más que nunca autores jóvenes con talentos arrolladores, con miradas renovadas y profundamente sensibles, que se proyectan y resignifican los tótems sobre los que crean sus imágenes e inspiran sus trabajos. Desde monumentales cintas históricas hasta pequeñas genialidades contemporáneas, pasando por íntimos relatos líricos, el cine nos enseña, un año más, que la imagen fílmica contiene una condición extremadamente plástica y que el lenguaje cinematográfico —aquel que los más avezados cineastas creen dominar— es todavía sólo un reflejo de lo que puede llegar a expresarse con él.

Porque, aunque esta disciplina todavía gatee frente a la senectud de otras artes, quizá estemos ahora un año más cerca de conocer la verdad nuclear que constituye esa quimera llamada cine, ante la que caemos rendidos año tras año sin saber por qué, ni necesitar saberlo.

  1. El sendero azul (Gabriel Mascaro)
  2. Una batalla tras otra (Paul Thomas Anderson)
  3. The Brutalist (Brady Corbet)
  4. La historia de Souleymane (Boris Lojkine)
  5. La misteriosa mirada del flamenco (Diego Céspedes)
  6. Sorda (Eva Libertad)
  7. Sueños de trenes (Clint Bentley)
  8. April (Dea Kulumbegashvili)
  9. Valor sentimental (Joachim Trier)
  10. Memorias de un caracol (Adam Elliot)

Nacho Villalba

Creo que es el primer año en el que mi lista va a estar copada casi en su totalidad por películas españolas (y eso que he dejado fuera Sorda y Romería, en favor de otras igualmente valiosas pero más ignoradas). Es cierto que he prestado muy poca atención a los estrenos internacionales y que aún me quedan por ver muchísimos títulos importantes de otros países, pero sí parece evidente que el cine español sigue viviendo un momento dulce (véase el ‹boom› de Sirāt). Junto a esta feliz constatación, 2025 también ha sido un año para celebrar el cine de animación al margen de Pixar/Disney (¡qué bellas y emotivas, cada una a su modo, las dos últimas creaciones de Adam Elliot y Gints Zilbalodis!) y para constatar el talento de Zach Cregger, de los pocos autores que saben hibridar terror, humor y espectáculo de un modo personal. Y sólo una lamentación: no haber llegado a tiempo el año pasado para incluir la alucinante In a Violent Nature, la peli que soñaba con realizar cuando era adolescente y, dentro del cine de terror que he visto este año, la que más me ha volado la cabeza.

  1. Memorias de un caracol (Adam Elliot)
  2. Flow, un mundo que salvar (Gints Zilbalodis)
  3. Weapons (Zach Cregger)
  4. La buena letra (Celia Rico)
  5. Fin de fiesta (Elena Manrique)
  6. Los Tortuga (Belén Funes)
  7. Molt lluny (Gerard Oms)
  8. Una quinta portuguesa (Avelina Prat)
  9. Los aitas (Borja Cobeaga)
  10. Un fantasma en la batalla (Agustín Díaz Yanes)

Rubén Collazos

Quizá 2025 no haya sido un gran año en cuanto a lo cinematográfico, pero sirve sin embargo para constatar el crecimiento de esos géneros siempre sostenidos en un segundo plano (aunque estemos ante unas cuotas de producción elevadísimas en torno a los mismos); en efecto, me refiero al terror, donde continúa sobresaliendo el talento gracias a cineastas emergentes como los Philippou, Zach Cregger, Julia Ducournau (a favor de la que debo romper una lanza tras su fallida Titane) o Emilie Blichfeldt (sin obviar a un cineasta que está en “su” momento, como es el caso de Osgood Perkins), y a la animación, que continúa asimismo descubriendo nuevos nombres y dejando títulos tan destacables como Flow, un mundo que salvar, ArcoDecorado, entre tantos otros. Algo, dicho sea de paso, reflejado en menor medida en el top que dejo a continuación, pero en estos casos servidor siempre prefiere que estemos tanto ante un reflejo (por aquello de ver cintas que uno esperaría encontrar) como ante una ventana a descubrir films tan fascinantes como los de Potrykus o Zürcher, dos grandes autores a reivindicar hasta la saciedad.

  1. A la deriva (Jia Zhangke)
  2. Warfare (Alex Garland, Ray Mendoza)
  3. Weapons (Zach Cregger)
  4. Alpha (Julia Ducournau)
  5. Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa)
  6. Vulcanizadora (Joel Potrykus)
  7. La luz que imaginamos (Payal Kapadia)
  8. Flow, un mundo que salvar (Gints Zilbalodis)
  9. Kyuka, el fin del verano (Kostis Charamountanis)
  10. El gorrión en la chimenea (Ramon Zürcher)

Rubén Téllez

Este año, las megalomaníacas películas de Hollywood que se presentaban a sí mismas como lecturas a contrapelo de la actualidad se han llevado gran parte del foco mediático: Eddington se estrenaba en Cannes en mayo y, en septiembre, llegaba a las carteleras Una batalla tras otra, una cinta que gran parte de la crítica —nacional e internacional— se apresuró a coronar con esa etiqueta inane: “la mejor obra del año”. El cinismo, la grandilocuencia y el fondo profundamente posmoderno de ambas películas las convertía en expresiones acríticas de su tiempo que, por momentos, llegaban a justificar aquellas injusticias que pretendían desnudar. En el panorama español también recibieron su correspondiente primer plano cintas que no merecían más que un plano medio: Sirāt, Romería, Los Tortuga, Sorda… Lejos del ruido y de las luces llegaron a las salas películas que, al contrario de las anteriormente citadas, no querían exhibir una maestría impostada, sino ajustar sus imágenes a una idea. El cine se transformaba en manos de Jude, Gomes o Carreira (entre otros cineastas) en una herramienta de indagación que utilizar para conocer la realidad, para verla desde un ángulo nuevo. Y precisamente ese cine, el que destruye las falsas mitologías del poder para permitirnos observar con mayor precisión la actualidad, es el que merece la pena ser destacado.

  1. Kontinental ’25 (Radu Jude)
  2. Un simple accidente (Jafar Panahi)
  3. Grand Tour (Miguel Gomes)
  4. Tardes de soledad (Albert Serra)
  5. Misericordia (Alain Guiraudie)
  6. Caja de resistencia (Alejandro Alvarado, Concha Barquero)
  7. The Mastermind (Kelly Reichardt)
  8. A la deriva (Jia Zhangke)
  9. On Falling (Laura Carreira)
  10. Ciudad sin sueño (Guillermo Galoe)

Víctor Dalmau

Entre paralelos y coincidencias que es posible identificar; 2025, especialmente dentro del canon estadounidense, ha sido un año vinculado a la advertencia de un porvenir terrible. Esto es representado, por ejemplo, mediante el personaje de Joaquin Phoenix al final de Eddington, quien dispara a diestro y siniestro sin saber a qué o a dónde ataca. La amenaza es interpelada, ahora, como un miedo inducido ante lo desconocido: un mal invisible que toma la forma del misil sin origen de Una casa llena de dinamita o de la IA desatada que colapsa el mundo en la última entrega de Misión Imposible. Ante estas narrativas catastrofistas —tan oportunas como desalentadoras—, otros autores han sabido contagiar la comprensión y la cercanía como último refugio de nuestra supervivencia. Me refiero a títulos tan contundentes como Alpha, donde Julia Ducournau abraza con fuerza el dolor más hondo. Hilando más fino, también estaría lo último de Jim Jarmusch, donde se expone la estima y la familia como ese prisma indescifrable e incómodo que siempre retorna; o (por qué no) la última aventura de Wallace y Gromit, que en su subtexto reafirma su posición original e independiente, en un discurso eminentemente político a favor de la integridad creativa. A propósito de esta última cuestión, el cine atraviesa innumerables interrogantes y sus responsables parecen querer afianzar de nuevo la propia imagen. Quizá, en el último plano de A la deriva se encuentra uno de estos alegatos, visualizando las lágrimas en el rostro de Zhao Tao y por las que el cineasta Jia Zhangke parece lograr concentrar toda la angustia de nuestro siglo. En fin, que todas estas formas de ver y entender el mundo nos ayuden a paliar la incertidumbre de nuestro futuro.

  1.  The Mastermind (Kelly Reichardt)
  2. Grand Tour (Miguel Gomes)
  3. En la corriente (Hong Sang-soo)
  4. A Fidai Film (Kamal Aljafari)
  5. Wallace y Gromit: La venganza se sirve con plumas (Nick Park & Merlin Crossingham)
  6. Pepe (Nelson Carlos de los Santos Arias)
  7. Kontinental ‘25 (Radu Jude)
  8. Harvest (Athina Rachel Tsangari)
  9. Broken Rage (Takeshi Kitano)
  10. Alpha (Julia Ducournau)

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