Lo mejor de 2013 por… Cristina Ejarque

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Ha pasado un año y ponerse delante de la hoja en blanco y pensar en diez películas que han marcado todo un año me sigue pareciendo más que complicado, pero un poco de imaginación ayuda para salir del paso cuando sabes que te has perdido muchas de las películas estelares del 2013, malditas o no, total, tengo toda una vida para ponerme al día con lo que me llame la atención, y viendo las listas de mis compañeros, con algunas saldaré la cuenta pronto. En esta lista llena de altibajos, me doy cuenta que he dejado de lado algunas de ellas, así que no olvido ¿Quién mató a Bambi?, porque las casualidades que enlazan catástrofes y desfases personales pueden aportar algo de frescura y diversión. También esa atrevida mirada fija a la cámara de Rocío León en los inicios del movimiento #littlesecretfilm con Manic Pixie Dream Girl y la involución de la generación Youtube; o los enfrentamientos femeninos de DePalma con Passion y arranques dialécticos de Django Desencadenado (esta última sin cabida en una lista de tal calibre, pero remarcable por cuenta propia). Es hora de poner orden y recordar que un pequeño sobresalto, como si alguien sopla en tu nuca, da para organizar esta fiesta cinéfila. Así fue mi año:

10. Expediente Warren: The Conjuring (James Wan)

Injusto sería no comentar la de conflictos que me crea James Wan con su afán de convertir los objetos en misteriosos e del mal, para luego comprobar que son bailes onanistas de su cámara. Vamos, que me hace gracia, pero no me asusta, algo falla si el terror gira por ese camino. Aunque los trailers de la película me vendían armarios flamencos y pensaba que iba a repetir los mismos métodos de siempre, lo cierto es que su estudio de lo paranormal en esta ocasión sí me atrapó e incluso en ocasiones avivó los miedos irracionales que rondan nuestras cabezas. Una infundada visión de personas que, según vela la historia, han sufrido realmente tal caos en su familia te hunde en su atmósfera, y el vapuleo que recibe desde un inicio esa experta en papeles de sufrida mujer afectada por sujetos no físicos Lily Taylor sólo consigue que mantener tu atención ante la pantalla sea una obligación, cuando nunca antes Wan lo había conseguido. Merece su lugar una pequeña reconciliación.

9. Prince Avalanche (David Gordon Green)

Dos hombres y una larga línea discontinua que dibujar en una carretera. Con esta ínfima excusa un remake nos hace conocer la relación entre hombres y pintura amarilla fijada a presión. No existe, y como tal lo asumimos para desmontar creencias y mentes sin los zarandeos esperados. Un trabajo temporal que dibuja el camino física y moralmente, de dos trabajadores relacionados por una única mujer, que les propone asumir pasatiempos y desgranar completamente sus patéticas vidas. Porque uno puede llevar con dignidad ser uno más en la soledad, pero cuando el de al lado se da cuenta de ello, no es tan fácil mantener esa fortaleza. Absurdo es pero mentía, sí hay relación, la discontinuidad de las líneas sólo marcan un camino nada certero, que al seguirlo permite conocer lo que existe más allá. Divertida (pese a su malogrado sentido) y sencilla, entre los dos protagonistas se bastan para llenar el espacio, uno muy abierto y luminoso, que convive con la genialidad.

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8. Keep the lights on (Ira Sachs)

Una incursión en la intimidad de una pareja, algo que nunca puede faltar. Tal vez la elegida no sea la que mejor se acepte, pero sí la que me llegó por el desgaste natural del amor, poniendo todo tipo de trabas que confirman que no hay condición que escape al tiempo, en esta triste relación de idas y venidas, de eternas noches en las que ambos hombres son uno solo, o ausencias ahogadas en lágrimas de abandono. La intermitencia entre años de convivencia y otros de soledad, cuando uno entrega y otro rechaza, la complejidad de sentir lo mismo a la vez, una película que te invita a recordar y sentir como otros lo han hecho, con la presencia impasible de Thure Lindhardt con tan sublime entrega y demostrando la desnudez de su director en cada escena rodada. Dos pueden seguir siendo dos aunque en algún momento decidieran convertirse en uno, y encontrar el equilibrio para transmitirlo es realmente loable.

7. Ernest & Célestine (Benjamin Renner, Stéphane Aubier, Vincent Patar)

No es una preferencia personal el disfrutar de películas que con dos personajes todo está hecho, pero la animación debía encontrar su lugar en esta lista y el mayor triunfo es para una pequeña ratita que disfruta soñando y plasmando su forma de sentir, y un grandullón oso que actúa con sus necesidades siempre presentes, pero que conforman la pareja ideal para demostrar que el mundo mezclado, también puede ser bueno. Rotunda y con cuidadas imágenes llenas de simplicidad y acuosos colores, una película corta pero excepcional, donde pequeños y grandes muestran reticencias, incluso su final tiene la moraleja que toda fábula se merece, pero que consigue hacer disfrutar a la multitud, mezclando historia e imagen con la delicadeza oportuna y el disparate lumínico más complaciente.

6. Lore (Cate Shortland)

Lore es joven, bella e inconsciente, lo tiene todo hasta que en un segundo su estabilidad desaparece. Encerrados en el fin de una guerra avanzamos envueltos en crueldad junto a esta familia de críos, los enemigos del mundo que a su temprana edad desconocen la realidad de lo que ocurría fuera de su hogar fortificado, y que apoyados en ella, la joven más cercana a la adultez, deberán seguir un camino dictado por quien ya no puede ayudarles. Encontrar la ayuda de un desconocido concede a la envoltura silencios interminables, y maneja la policromía de los bosques alemanes en contraposición a los desgastados rostros de infantes famélicos y sucios, dando paso a otra Lore, la que debe crecer repentinamente y solventar el conocimiento del cuerpo y la naturaleza, de la rabia y los engaños. Con fuerza se desprende de los modos en pos de subsistir, llegar a un punto exacto convirtiendo el desplazamiento en una clase magistral de depravación.

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5. En otro país (Hong Sang-soo)

El paso de los años sigue demostrando que Isabelle Huppert es una especie de diosa de la interpretación. Pues bien, en la película de Hong Sang-soo nos lo confirma por partida triple. En ella desenvuelve a través del bolígrafo de una guionista tres personajes totalmente dispares en un mismo escenario, que modifican la historia a su antojo, por pequeñas decisiones que afectan de diferente forma a su alrededor. Una mujer sofisticada, otra despistada y soñadora, una última perdida en sus caprichos. Todas frente a un mar que esculpe sus pasos en una arena extraña para ellas, como personas de paso que irrumpen de un modo teatral y rebuscado en una estancia nueva. No es por permitir una excentricidad dictatorial el disfrutar repitiendo tres veces un mismo acto, es la evolución que te transporta a un escenario por donde unos salen mientras otros entran, dejando claro que vemos una película y nada más. Un juego magnificado con muchos frentes que explotar.

4. Stoker (Park Chan-wook)

Si un director como Park Chan-wook se aleja de su terreno conocido para probar suerte en continente americano, el peligro acecha. Pero su manejo de la situación se convierte en maestría al comprobar cómo maneja los hilos de la extraña familia Stoker. Un pulso teñido de negro donde cada personaje se convierte en un volcán reposado sin saber en qué momento puede estallar. Imágenes de extrema belleza forman este baño de color donde la eclosión de una joven frente a una prematura muerte sirve de base para perfilar una tela de araña donde enredar secretos y pasiones ocultas. La joven India es el eje de simetría perfecto para atraparnos en las tensas estancias de este hogar anclado en un tiempo pasado, resultando una historia que narra visualmente un cuento oscuro y dominante, que te transporta hacia la locura envuelta en delicados paños que, en algún inesperado momento, te devolverá a la más cruda realidad.

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3. Spring Breakers (Harmony Korine)

Dirección: las bitches, parada fundamental para divertimento masivo. La película se va transformando en el contoneo candencioso de unas nalgas perfectas. La mirada sigue hipnotizada cada movimiento de estas muchachas y el alien que las abduce para su causa. La de unas vacaciones desenfrenadas que comienzan, siguen y terminan con la misma medida de fluctuosidad. La música que aletarga fieras para mimetizar sus movimientos con cada nota discordante, la explosión de color con el fluorizado tono de sus bikinis tan en boga, que se convierten en banderas de terreno desconocido y un deslizamiento de pajaritos que van volando del nido poco a poco, al llegar a los límites que no son capaces de superar. Un himno generacional a la devastación misma, con mantras pegadizos surgiendo de los excesos, la fiesta que nunca terminará con nosotros. «Spring break forever, bitches!»

2. The Battery (Jeremy Gardner)

Si un tipo con barba, bastante diestro con el bate y otro más callado y preocupado por su futuro adherido a unos auriculares, vagan por un valle huyendo de esa plaga convertida en muertos vivientes que pese a su lentitud atacan con inquina, no queda otra que pensar en haber encontrado un filón de oro. Una road movie de zombies, eso es una indudable llamada de atención, pero introducir ese mundo en el cine independiente, con una cuidada música y unos excéntricos personajes con los que fraternizar la amistad desconocida, eso es jugársela a lo grande. Tanto como el motivo por el que están en esa situación, sopesando cual es el método infalible de supervivencia para conseguir reformular la unión entre los hombres y el sopor de la presión ante infecta amenaza. Dos opuestos ante la soledad más extrema, ahogados en el humo de la felicidad infinita, cómplices de la muerte de la sociedad. Pero sí, con el tipo con barba me bastaba.

1. El impostor (Bart Layton)

Me arriesgo dando el primer puesto a este magnífico documental, pero los primeros puestos se reservan a cualquier película que, por el motivo que sea, ha modificado el talante habitual de tus facciones. Y El impostor me sedujo de tal manera que me dejé llevar por una inverosímil historia que para todos, por motivaciones propias, fue real. Ya no es por mi propio rostro, es el hombre que comienza a narrar lo que ocurría, el joven que buscaba un lugar donde crecer, con sus arqueos de cejas y su sonrisa pícara la que te sorprende porque a ojos de cualquiera, las teorías conspiratorias o las creencias a ojos cerrados podrían parecer un chiste, pero en manos del novel Bart Layton se transforman en una historia que te engancha, convirtiendo el documental en un thriller que confunde la narración sin destino aparente. Es ideal verlo sin conocer al impostor, ni el lugar impostado, pero también es disfrutable conociendo cada uno de los movimientos de los afectados, ¿no son todos víctimas de sí mismos? Y hay un detective privado con una pala. Me encanta.

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