La alternativa | What Happened Was… (Tom Noonan)

What Happened Was… es una de esas cintas que acontecen en un único escenario, con tan solo dos personajes sosteniendo el peso de la acción, del estilo de Mi cena con André (Louis Malle, 1981) o Un dios salvaje (2011) de Polanski. Al igual que en el último ejemplo, también proviene de una obra de teatro escrita y dirigida por el actor Tom Noonan, que decidió llevarla a la gran pantalla tocando todos los palos posibles (escritor, actor, compositor, productor y guionista) junto a la actriz Karen Sillas, en ese momento de su carrera participando en las películas independientes del siempre poco reivindicado Hal Hartley (frase patrocinada por el ‹fanboy› de tres al cuarto menos pesado de Hal Hartley).

Así es, es de esas obras que se apoyan en el diálogo y en la actuación. En este caso, aunque hay momentos en que su responsable intenta jugar algo con los movimientos de cámara, al menos no huye del origen de la idea, el teatro. Noonan no quiere ni puede eludir este detalle, por mucho que maneje de manera simple pero eficaz ciertas ideas, como la de comenzar con planos más abiertos de los personajes para ir cerrando poco a poco hasta acabar la cinta en primeros planos.

Jackie y Michael son dos compañeros de trabajo de un bufete de abogados: ella, una asistenta, él, un técnico. Han quedado, se intuye que después de mucho sopesarlo, para cenar juntos en la casa de ella. Pronto queda claro, de hecho se marca hasta el exceso, que son más bien dos bichos raros. Bueno no, bichos raros no. Más bien solitarios. Afinando un poco más, inadaptados.

Estas dos personas, que ‹a priori› nos pueden parecer cortados por el mismo patrón, que comparten determinadas características, van a pasar una velada llena de altibajos, como mandan los cánones del subgénero de “un único escenario, pocos personajes”. Algo obvio al respecto: es un tipo de pelis que o te gustan o no. Yo, como buen fan de los capítulos embotellados de las ‹sitcoms›, lo aplaudo. Pero es curioso cómo a determinados subgéneros le perdonamos cosas que a otros no. A la comedia dramática ‹indie› de los noventa (que también es el caso) sus admiradores le perdonan casi cualquier cosa, el entusiasta del terror exige la reinvención del género con cada nueva película.

Pero volvamos con Jackie y Michael.

Son dos piezas del mismo puzle que no encajan por mucho que lo intenten. Así es al principio y durante buena parte de la obra. Se atraen. O puede simplemente que quieran atraerse para no morir solos. Más desesperadamente ella, más frío él. Sus interacciones están desprovistas de maldad pero acaban siendo malinterpretadas cada poco tiempo por el otro. Se hieren sin querer. O tal vez para reafirmarse como persona culta en el caso de él. Ella tiene pánico al silencio. En el fondo, casi parece que si no consigue llenar el dichoso silencio incómodo, él se dará cuenta que ella es un fraude. Rellena las copas aún cuando ni siquiera están cerca de terminar. Él se protege del mayor de los vacíos no con silencio, sino con frasecitas ingeniosas y datos de sabelotodo.

Mi único problema con esta descripción de la obra, es que tras media hora la idea está agotada. Se recrea en este juego más de la cuenta. Pero claro, la película son 90 minutos, y es en la parte final donde se da una dirección diferente a la obra. Igual era necesario recrearse, dejar claro o parecer que se dejan las cosas claras para luego mostrar otro aspecto de los personajes. No podría detenerme mucho al respecto, no hay giros de guión tremendos, pero se consigue que los veamos con diferentes ojos a los dos. De manera más tierna. Patética también.

Durante la hora y media de la función, se han ido desnudando, acercándose y alejándose, hiriéndose y engañándose. En fin, tal vez no sean tan parecidos como pensaba. Perdidos y solitarios sí, pero cada uno llevando el naufragio de manera diferente.

What Happened Was… no hizo mucho ruido en España. Tampoco recaudó millones en los Estados Unidos. Sin embargo tuvo su importancia. En Sundance, en el 94, se alzó con dos de los premios gordos, aunque el reconocimiento y la victoria en taquilla se la llevara Clerks (Kevin Smith, 1994). Pero de igual manera que se dice que el primer disco de The Velvet Underground fue un fracaso que vendió poco pero que hizo que todo aquel que comprara el vinilo acabara creando un grupo de música, What Happened Was… tuvo un efecto parecido en determinados artistas, el más claro Charlie Kaufman, que siempre ha reivindicado la obra.

Hace años Tom Noonan intentó hacer una segunda parte con los mismos actores porque, total, pensó que no había hecho suficiente daño con los puñetazos al alma que se marca la obra, pero fue rechazada por Netflix porque, total, para qué rodar una cinta en un escenario con dos actores que no son conocidos por el gran público si puedo cancelar 5 obras insulsas. La actriz Karen Sillas, que aquí está como para ponerle una casita en Matalascañas en primera fila de playa por su interpretación de Jackie, fue apareciendo menos en la gran pantalla y se refugió en las series. Noonan dirigió otra peli y siguió su carrera como actor secundario con cierto prestigio. What Happened Was…, como decía, tuvo cierto aura de película independiente de un único escenario y pocos actores que tuvo más visionado en el mundo de las descargas del boca a boca de los cinéfilos que en taquilla, aunque no fue un fracaso ni mucho menos.

No sabría decir si este aura le juega en contra tras verla por fin después de muchos años detrás de ella. Además, en otro orden de cosas, de cosas terribles de hecho, descubro que la cinta se me hizo algo pesada tras desvelar las primeras cartas del juego. Y se me hizo pesada porque me he hecho mayor, ya no veo dos pelis al día ni hablo a todas horas de gente como Hal Hartley y tengo mucha menos paciencia. Estoy a dos telediarios de ver pelis desde el móvil y en diferentes días.

Y en parte la obra, sin tapujos, también habla de eso. De una derrota que llevamos dentro. Si no de todos, de mucha de la gente que me rodea. De lo que reflejamos a los demás y de la máscara que llevamos todos los días. Tal vez sin ella sólo quedaría estar solos con nosotros mismos y eso sería una auténtica película de terror.

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