El joven ingeniero Raffaele regresa a Pollena, su pueblo natal, supuestamente para acompañar a su abuela Sabella en el lecho de muerte; pero este es un engaño de la anciana para atraerle al pueblo y encomendarle la misión de casarse con Evelina, una chica de buena familia. Sin embargo, este matrimonio de conveniencia no entra en los planes de Raffaele, mucho menos tras conocer a Lucia, una atractiva joven que era su mejor amiga de niña, aunque él no la recuerda. Mientras tanto, Emilio y Carmelina, la tía de Raffaele, quieren hacer oficial su relación, pero la implacable Sabela se niega a dar su brazo a torcer.
Sabela es una película relativamente temprana del prolífico director y estandarte de la ‹commedia all’italiana› Dino Risi, en la que ya da signos de la irreverencia que caracteriza al género, en particular en cuanto a la burla de las normas sociales que rigen al pueblo, de fuerte raíz católica y apego a las tradiciones, con el clásico argumento del joven que vuelve a su hogar tras estudiar en la ciudad. Estos elementos son, en cualquier caso, todavía algo tímidos y siempre orientados a un desarrollo narrativo cómodo y ligero, con lo que carece de la acidez que otras cintas, e incluso el propio Risi, alcanzarían posteriormente. Eso no quiere decir que no haya escenarios satíricos muy logrados, y de todos ellos la película alcanza probablemente su mejor momento en la secuencia del funeral, que condensa de maravilla tanto las distintas personalidades y ambiciones de todos sus personajes como la hipocresía de los ritos y de la solemnidad aparente en la memoria al difunto. Pero la inspiración de esas escenas no quita que la narración y su sátira resultante se sientan en general bastante medidas, más como algo destinado a evocar la nostalgia amable de sus elementos que a llamar la atención crítica sobre ellos.
Sin hacer de ella una película peor, este tono más complaciente no ayuda a que el resultado sea muy memorable. Siendo siempre divertida y sin bajar nunca el ritmo, la obra transcurre con una ligereza muy agradable, sin comprometer apenas nada, y a través de unos personajes que funcionan en su contexto pero que no logran evocar más allá de sensaciones superficiales y pasajeras. En particular, el elemento romántico central, Raffaele y Lucia, es un ejemplo de esto: dos personajes que se gustan, que tiene sentido que se gusten, y que muestran una relación creíble y con química, pero que no tienen tiempo para hacer florecer sus emociones en el espectador y no dejan mucho a lo que asirse una vez termina la cinta. Por momentos, la propia Sabela parece ser quien puede lograr ese gancho emocional que echo en falta, pero no hay una preocupación seria por sus sentimientos y motivaciones y esa esperanza acaba por extinguirse.
Con todo, Sabela funciona en lo que se propone, aunque lo que se proponga tenga un alcance más humilde de lo que hubiese preferido. Su buen hacer general logra que la experiencia no deje de entretener en ningún momento, y hay sin duda una muy buena planificación en el retrato costumbrista del pueblo, con su idiosincrasia característica entre el ruido vecinal, las habladurías, la fuerte presencia religiosa y las ínfulas de clase, todos ellos elementos de los que la película se burla con naturalidad y desparpajo, pero sin malicia, sin unos personajes en los que ahondar emocionalmente de una manera más eficaz y, en general, sin un tono que lleve más lejos sus subversiones cómicas, al contrario que en obras posteriores, en las que Risi incorpora de manera mucho más clara elementos incómodos y de mayor calado, como la herencia política y sociocultural del fascismo, que aquí apenas se reduce a una mención de pasada. Resulta complicado abordar una película como esta, en la que todo está bien, pero nada está lo suficientemente inspirado ni toma riesgos que inviten a recordarla después del buen rato que hace pasar; y el reconocimiento a sus méritos y su capacidad nada desdeñable para retratar y reírse de su época está reñido con esa sensación general de complacencia o, tal vez, de modestia por parte de un director que todavía no estaba listo para entrar con todo a los temas que, posteriormente, trataría con mucha más gravedad que aquí.
