Iluminación (Krzysztof Zanussi)

Iluminación

Aterriza en nuestra web uno de esos nombres que han forjado el cine de arte y ensayo a lo largo de la última mitad del siglo XX así como en los primeros años del XXI. Sí, nos referimos al ínclito y filósofo director polaco Krzysztof Zanussi, uno de los autores europeos más emblemáticos de la historia del séptimo arte, odiado por muchos y amado por otros tantos, que creemos merece un mayor reconocimiento en la actualidad ya que sin el arte de este intelectual metido a cineasta, el cine no sería igual al que conocemos hoy en día. La importancia de Zanussi se demuestra en la multitud de premios que colman la estantería del polaco, sin duda uno de los autores con mayúsculas más agasajados de la historia de los festivales de cine (podríamos compararlo a ese nivel con un Michael Haneke o un Lars Von Trier de los pretéritos años setenta). Pero lo que sin duda singulariza y convierte a Zanussi en un cineasta único en su especie es el hecho de que realmente el director polaco es un físico y filósofo de formación académica y profesional, hecho que convierte a sus criaturas en auténticas rarezas que tienen más que ver con la filosofía trascendental de trincheras versada en la deducción científica de esa que estruja el hipotálamo del espectador que con el propio mundo del cine. En definitiva, cine gafapasta en su más pura versión descontaminada de los falsos ejercicios de revestimiento intelectualoide.

Y es que Zanussi además de cineasta (en sentido amplio abarcando las facetas de director, productor y guionista abrazando tanto la ficción como el documental), filósofo y físico también ha cultivado las facetas de director de teatro y de ópera, campos todos éstos en los que ha vertido su particular visión del mundo del arte inspirada en las hipótesis inductivas de la filosofía de alta escuela universitaria. En todos los films de Zanussi se detalla la fascinación del polaco por encontrar un sentido a la existencia vital, lo cual dota a los personajes esbozados por el autor nacido en Varsovia de un inquietante vacío existencial al no hallar éstos respuesta para tan misteriosa pregunta, planteándose gracias a esta propuesta académica cuestiones tan trascendentes como el aislamiento social impuesto por un ser humano que otorga mayor importancia al desarrollo de su mundo externo y aparente en contra de su espíritu interior así como las dificultades que esto implica para establecer relaciones sociales plenas en una sociedad urbana más preocupada por las apariencias y las corrupciones que por el conocimiento intrínseco de la sustancia del hombre.

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Igualmente las películas de Zanussi presentan una narración deslavazada con un tono escénico más cercano a un estilo sucio e imperfecto que ayuda a remarcar aquello que más interesa a su autor, esto es, el debate intelectual de ideas frente a la belleza de una puesta en escena puramente cinematográfica que despistaría al espectador del centro del cosmos del polaco. Para un espectador al que le espante la descripción hecha del universo Zanussi, he de recomendar que no se asuste por el tono intelectual de su cine, ya que a pesar del armatoste filosofal de su arte, el cine del de Varsovia es cautivadoramente fascinador, el cual podríamos comparar sin miedo a equivocarnos con el estilo trascendente y ascético del gran maestro danés Carl Theodor Dreyer, de igual modo que con otro cineasta filósofo como puede ser Bergman, realizadores ambos admirados profundamente por el polaco.

Iluminación es una clara muestra de todos los aspectos que hemos indicado en los párrafos precedentes. Más que un film es un ensayo de filosofía en el cual se mezcla sin tapujos imágenes de realidad documental que muestran calurosos debates filosóficos mantenidos por los más importantes físicos de la Polonia de los años setenta (debates que son fotografiados con un halo claramente documental para diferenciar estas escenas de la trama que cimienta la cinta) con la historia de ficción que narra al estilo de las películas río la vida de un prometedor joven eterno aspirante a físico llamado Franciszek Retman desde sus primeros pasos en la Universidad de Varsovia hasta su madurez una vez cumplida la treintena. En este trayecto vital seremos testigos de los esperanzadores inicios académicos del joven que serán demolidos por el fracaso al que caerá debido a un desvío de sus prioridades al inmiscuirse en una pandilla de intelectuales progres y vacíos que terminarán arrastrando a la joven promesa en un círculo de vicio, sexo y demás distracciones del objetivo inicial del mismo.

La inquieta mente de Retman se atormentará al tratar de encontrar un sentido a la existencia en un mundo en el que parece no hallar su sitio una vez abandonada su carrera universitaria. Así tras contraer matrimonio con una joven compañera de juergas y distracciones y ser padre, la acuciante falta de recursos precisos para mantener a su nueva familia, obligará a nuestro protagonista a aceptar una serie de trabajos de baja cualificación que humillan sus pretendidas aspiraciones de ascenso social: desde una alienante fábrica en la que ejerce sus funciones bajo la inquisitiva mirada de un dictatorial jefe hasta servir como conejillo de indias para incrementar sus ingresos en un hospital que está llevando a cabo experimentos cerebrales acerca de la interpretación freudiana de los sueños.

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La experiencia de Retman como objeto de ensayo en el hospital le llevará a conocer el inquietante y desconocido mundo de las enfermedades mentales (esquizofrenia, tumores, trastornos bipolares, etc), lo cual instará a que Retman comience a interesarse por el mundo de la biología en lugar de su inicial inclinación por la doctrina física como medio inspirador de hipótesis y deducciones capaces de explicar los misterios de la existencia humana. Así tanto la física como la biología serán los elementos que proporcionarán esa iluminación indagada por Retman en su intento de desentrañar cual es su función en un mundo hostil e imperfecto que escapa a su nivel de percepción.

La película es un complejo collage que exige espectadores de mente abierta deseosos de buscar una explicación metafísica a cada escena planteada por Zanussi. El cineasta enseña sus cartas ya desde la primera escena, en la cual un doctor en filosofía explica el concepto positivista de iluminación definido por San Agustín en la baja Edad Media, el cual sostenía que solo seremos capaces de encontrar el conocimiento a través de una iluminación divina, siendo éstos los únicos momentos en los que nuestra alma conocerá la verdad. Esta escena de presentación explica cual es el camino trazado por Retman a lo largo de su juventud en su quimérica busca por localizar la verdad, es decir, la iluminación que da título a la obra.

La primera media hora de la película podría asemejarse a un Woody Allen snob y radical, ya que Zanussi opta por no dotar a este tramo de un sentido lineal mostrando únicamente impactos visuales inconexos como por ejemplo el test psicotécnico llevado a cabo por Retman para catalogar su nivel intelectual o las discusiones ideológicas mantenidas por físicos e intelectuales acerca de la labor de la disciplina física en una Polonia arcaica o igualmente veremos al protagonista vestido con unas imponentes gafas de pasta discurrir sin pena ni gloria por la universidad interrogándose sobre su incierto futuro en un país que ha abandonado su interés por la ciencia, por lo que debido a ello acabará prefiriendo satisfacer sus instintos primarios abandonándose a una vida ociosa de fiestas, música y porros.

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Sin embargo, los distintos obstáculos a los que deberá enfrentarse Retman la llevarán al conocimiento de la iluminación cuando detecte que el ser humano es finito y limitado tanto física como intelectualmente. Esto lo destapará en el hospital en el que sirve de conejillo de indias al conocer las enfermedades cerebrales que son fotografiadas en primer plano por Zanussi (impresionante es la escena de la lobotomía en la que Zanussi plasma en primer plano una operación cerebral con todo lujo de detalles que sin duda hará apartar la mirada a aquellos espectadores más sensibles ante la visión de la carne y sangre en su más puro estado de putrefacción). El cineasta polaco exhibirá sin censura tumores, taras y cerebros humanos pertenecientes a pacientes recientemente fallecidos. Este elemento gore no es más que el mecanismo que nos hará llegar hasta la iluminación inquirida por Retman, es decir, no hay que torturarse buscando la perfección y el infinito, ya que el ser humano es imperfecto y mortalmente finito, por lo que hay que encarar la vida tal como es, ya que la realidad cotidiana no es el dispositivo que convertirá al ser humano en un ente inmortal y eterno, sino que la iluminación se halla en las pequeñas cosas que nos hacen disfrutar de nuestra vida, como pueden ser la vida en familia y la felicidad de nuestros descendientes y familiares.

Sin duda Iluminación es una película que deja poso. Es una de esas cintas que gana en importancia conforme avanza el tiempo transcurrido desde su visionado. En mi caso particular os confirmo que nada más terminar de ver la película me quedé pasmado. ¿Qué es lo que he visto? Menuda gafapastada sin sentido. Esto es un truño que me he tragado por mi inconsciente curiosidad por descubrir otro tipo de cine. Esas son las palabras que vinieron a mi mente al finalizar los ochenta y siete minutos de metraje filmado por Zanussi. Sin embargo, esta primera sensación fue desapareciendo con el paso de las horas, a medida que las imágenes de la cinta empezaron a ser asimiladas por mi mente. Pasado un día, he de decir que Iluminación me parece una obra imprescindible que me ha cultivado y cautivado como solo las grandes obras pueden hacerlo, por lo que agradezco enormemente al genio polaco su atrevimiento por construir un cine arriesgado alejado de toda intención de gustar en primera instancia al público. Porque si por algo se caracteriza el cine de Zanussi es por ser un cine concebido para gustar en el largo plazo.

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