El Rayo (Fran Araújo, Ernesto de Nova)

Quizá uno de los subgéneros más entrañables del cine sea el de la road movie. O dicho de otra forma, una película en la que el protagonista principal se embarca en un viaje, ya sea en solitario o acompañado, y durante el metraje se nos van ofreciendo diversos momentos de la travesía. Lo cierto es que la road movie permite desarrollar multitud de pequeñas historias secundarias sin que el relato central pierda fuerza, por lo que el producto final puede ser muy satisfactorio si la película está bien rodada.

El Rayo es una de las últimas road movies que se han producido en nuestro país. Dirigida y escrita a partes iguales por Fran Araújo y Ernesto de Nova, la película presenta a Hassan, un inmigrante marroquí que después de 13 años trabajando en España decide volver a su país natal ante la imposibilidad de encontrar trabajo por estas tierras. Para sorpresa de todos, Hassan revela que hará el viaje hasta Algeciras en su tractor, un Massey Ferguson ya algo desgastado pero al que su dueño tiene un cariño especial.

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Aquí comienza una aventura que no es sino un retrato bastante fiel de la España profunda. Cualquiera que haya pasado alguna vez por un pueblo por debajo de la Meseta lo sabrá bien: los caminos de tierra, los parajes áridos, la peculiar fonética de sus habitantes, el bar como eje social de la villa… Todo rezuma realismo, pero también en su lado negativo: un país arruinado, sin presente ni futuro a corto plazo, en el cual desde los químicos con tres másteres hasta los que trabajan en el campo tienen casi imposible encontrar un trabajo medianamente normal. El propio Hassan es buen reflejo de ello, ya que es un hombre bastante bien preparado para desempeñar el trabajo agrícola, pero es rechazado por cada persona a la que acude en busca de una oportunidad laboral.

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Ése es el gran logro de El Rayo: camufla el sólido retrato de un país devastado bajo una lámina emotiva. La historia de Hassan divierte y sorprende sin perder un ápice de credibilidad. Es una obra sencilla en cuanto a medios y forma, pero muy profunda en el fondo. Bastante culpa de ello también tiene el propio protagonista. Se le nota a leguas que no es actor profesional, y bien que lo agradece la cinta. Esta película no pedía un famoso (tampoco habría medios para conseguirlo), sino a un hombre con defectos que resultase más creíble. Y la verdad es que resulta complicado ponerle un pero a Hassan Benoudra en ese aspecto. Por si alguien lo dudaba, los otros personajes que aparecen a lo largo de los 86 minutos de película se interpretan a sí mismos. Sólo así se puede lograr que el rudo labriego parezca un bonachón, que un tipo cabreado suelte tacos con una facilidad pasmosa y que la funcionaria crea en la burocracia antes que en el resto de las cosas. En resumen, la “marca España” en todo su esplendor.

Hay quien dice que unos hacen películas por el dinero, otros por el arte, pero muy pocos hacen cine por los espectadores. El Rayo posiblemente sea una de las películas que rompa con esa afirmación. No es una película perfecta, ni mucho menos; ahí es donde justamente reside su encanto. Muchas veces no hay que buscar la obra maestra, sino contar pequeñas historias que merezcan ser contadas, que encuentren un punto medio entre el arte formal y el burdo esparcimiento.

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