Comoara (Corneliu Porumboiu)

La sección oficial estaba resultando algo floja hasta que llegó uno de los cineastas rumanos más queridos en esta página, el bueno de Corneliu Porumboiu (12:08 al este de BucarestPolicía, adjetivo o esa rareza que era The second game que reseñó nuestro jefe).

Corneliu ha vuelto a esos orígenes que tanto nos gustó en 12:08 al este de Bucarest, con una comedia desternillante de humor seco llena de giros absurdos ante una situación ya de por si extraña: un día, un vecino necesitado de dinero llama a la puerta de Costi, nuestro protagonista, y le ofrece participar en la búsqueda de un supuesto tesoro familiar escondido décadas atrás en algún lugar del jardín de la casa su abuelo.

Costi no se lo piensa mucho, y juntos se ponen a manos a la obra en tan extraña misión. Para ello, tendrán que reunir el dinero para alquilar el detector de metales que les llevará hacía la gloria y la recompensa. Por el camino se topan con un hombre que trabaja en la empresa de alquiler del material necesario que les hará una rebaja y se unirá al viaje.

Comoara

Es increible como de tan poco su cineasta consigue sacar tanto. Lo primero que llama la atención son los personajes, huyendo totalmente de cualquier idea establecida; el vecino de Costi se presenta como alguien honrado y de fiar, que desde el primer momento ofrece compartir al 50% las ganancias y siempre parece confiar en el protagonista. Un tipo normal y corriente necesitado urgentemente de dinero si no quiere perder su casa debido a la crisis económica. Si en otras películas se juega a mostrar una simbiosis entre dicha crisis global y otra crisis más moral de la vieja y moribunda Europa, en Comoara sus dos protagonistas se muestran como personas decentes en una misión absurda, pero donde ninguno de los dos deja tirado al otro o planea quedarse con el supuesto botín para si mismo.

Así, hay momentos que en otra cinta hubiera supuesto el viaje inevitable al thriller, pero como decía, su cineasta huye en todo momento de ello, apoyado en dos personajes que pueden rozar el patetismo por la misión que se autoimponen, sobre todo porque no tienen ni la más remota idea de como llevarla a cabo ni de donde empezar a a cavar siquiera, pero en ningún momento se traicionan ni se muestran como otra cosa que no son.

Buena parte de la película transcurre en el jardín del vecino de Costi. Los momentos más divertidos ocurren ahí, con giros de guión que cogen desprevenidos al espectador, aumentando el grado de comicidad. No creo que haga falta mencionar dichos momentos, tan sólo apuntar que el humor seco fluye de manera natural, como ese detector de metal que nadie sabie manejar ni mucho menos comprender que indica, mientras va haciendo ruiditos extraños por todo el jardín.

Comoara

Luego, su cineasta, va dejando un reguero de ideas que resultan estimulantes por su sencillez y su lucidez, desde la corrupción de los cuerpos del estado (que piden los servicios de un ladrón profesional), el repaso a la historia moderna rumana, con un sinfin de fechas históricas, o la historia detrás de la historia que se esconde en la familia del vecino. Historia que, por otro lado, resulta ser cierta, teniendo en cuenta las palabras del propio actor al que da vida al vecino.

No hay que dejarse engañar, Comoara (The Treasure en inglés) puede parecer una película sencilla, pero esconde, nunca mejor dicho, un ensayo lleno de lucidez sobre dos tipos normales y banales en busca de no se sabe muy bien qué. El propio Costi es un hombre de clase media, felizmente casado que lee por las noches el cuento de Robin Hood a su hijo, ilusionado al conocer que su padre va en busca de un tesoro. Su motivación parece ser económica, aunque no sufre ninguna necesidad urgente de dinero. Es por ello que su final resulta impagable, con dos lecturas contradictorias que no desvelaré.

Comoara

Es simplemente maravilloso lo que hace su cineasta con unos personajes y una situación establecida, creando secuencias desternillantes. No necesita mucho más, pero tampoco se queda ahí.

Este tipo sigue en pleno estado de forma y la vuelta a ideas ya establecidas en 12:08 al este de Bucarest es una buena noticia, por mucho que su evolución como cineasta no se estanca ni se traiciona.

Una joyita que esperemos no se vaya de vacío de Sarajevo.