Belén (Dolores Fonzi)

La actriz y directora argentina Dolores Fonzi dramatiza en su segunda película el célebre caso Belén, que supuso un punto de inflexión en la lucha por el derecho al aborto en Argentina. Cuando Julieta es condenada por homicidio tras sufrir un aborto espontáneo en un hospital, Soledad Deza, interpretada por la propia Fonzi, lucha por reabrir el caso y liberar a la joven, convirtiéndose en la instigadora de una gran respuesta popular que terminó actuando como un desencadenante de la llamada “marea verde”, que logró la absolución de la acusada y finalmente la legalización del aborto.

La historia detrás de Belén es fascinante, y la narración representa con eficacia y una notable sensibilidad las emociones del proceso, desde la indignación y la frustración con un sistema autoritario y brutal frente a Julieta, capaz de tenderle una trampa legal y de negarle la libertad durante tres años en base a un juicio de pantomima, a la fuerza de la reivindicación que encabeza Soledad, hallando no pocos obstáculos y riesgos para su integridad, y que muy pronto se convierte en un sentimiento colectivo. Se trata, en primer lugar, de un homenaje a estas dos mujeres, a lo que representaron y las dificultades enormes que tuvieron que sortear —el título se refiere al pseudónimo que ideó Soledad para proteger la identidad de su defendida— para obtener justicia y para convertirse en catalizadoras de una lucha que terminó por cambiar las leyes de su país. En ese sentido, el aspecto más destacable de esta cinta se encuentra sin duda en las dos interpretaciones principales, Dolores Fonzi y Camila Plaate como Julieta, que aportan fuerza y emotividad sin perder en ningún momento el respeto por las personas reales a las que encarnan.

Sin embargo, a partir de ese punto, es difícil encontrar muchos más puntos claramente positivos a un filme que se sabe tan de memoria el guion de los dramas judiciales clásicos que lanza todo el arsenal narrativo habitual de manera mecánica, sin dar ninguna vuelta de tuerca a la estructura y, en diversas ocasiones, sin detenerse en la gravedad emocional de escenas que parecen simplemente empeñadas en acumular como si de una lista de tareas se tratase. Hay muchos momentos interesantes, desde el punto de vista de la presión psicológica que sufren sus protagonistas, que se quedan esperando un mayor énfasis, pero la rigidez del guion lo impide. Incluso asoma algún conato torpe de conflicto que no termina de cuajar, en particular con la situación doméstica que atraviesa Soledad debido a su foco en el trabajo y la manera en la que se resiente la relación con su hija, que termina siendo más un guiño a la familiaridad del espectador con este tipo de conflictos que algo que realmente interesa a la película.

Y es que el problema principal de Belén es que el trasfondo es inapelable y, con eso, tal vez considera que es suficiente para enchufar un piloto automático narrativo y confiar en la fuerza intrínseca de todo lo que expone; pero, por mucho que sea una dramatización de un caso real, echo de menos un enfoque genuino y distintivo, algo que haya llamado la atención a Fonzi del caso y a lo que quiera dar énfasis, y en vez de eso me encuentro una narrativa cumplidora, que transmite las emociones que tiene que transmitir, pero que al final no está aportando nada e incluso está ahogando parte de la fuerza del relato por aferrarse a un esquema rígido. La película se beneficia de una historia muy buena y enormemente inspiradora, pero no da nada a cambio, más allá de dos interpretaciones principales que demuestran un gran nivel y que cohesionan emociones con más eficacia de lo que logran otros aspectos del filme.

Probablemente, la relevancia social de su temática y la siempre urgente necesidad de reivindicación de las protagonistas de esta historia sean suficientes para justificar un visionado que como mínimo será de gran utilidad pedagógica y que, de paso, logrará visibilizar y emocionar con facilidad. El motivo de mis discrepancias es que creo que hay maneras mejores y más llamativas de llegar a esto desde la ficción, y que la importancia que pueda tener en su función representativa de un caso real no alcanza a disimular del todo las limitaciones de una película bastante anodina y conservadora en su estructura y recursos narrativos, que no demuestra interés por esgrimir sus propios argumentos al respecto de lo que cuenta.

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