Arturo Prins… a examen

Tal y como se presenta en alguna de sus redes sociales, Arturo Prins es un pintor, cineasta y fotógrafo, una persona que nada entre las tres corrientes artísticas o expresivas según el formato que demande su historia. Incluso en su perfil de la web Singulart se puede leer su propia idea de que iba para piloto de aviones, pero ahora vuela más alto. Observando su creciente filmografía, destaca que su mirada esté más centrada en los  humanos y no en los entornos, frente a sus amplios lienzos de color en los que predomina el paisaje, sea concreto o abstracto, sometiendo a las figuras. En su segundo largometraje, el director enfoca un tema tan amplio y metamórfico como es el amor, a partir de su propia experiencia junto a la de su ecosistema vital. Desde su ruptura con una novia, digamos Cristina —según aparece mencionada  durante gran parte del metraje— comienza un relato que circula a través de un túnel de largo recorrido, mostrado en imágenes como metáfora de la deriva tras el final del romance. Un ‹travelling› intercalado en varias ocasiones para investigar esta Autopsia del amor.

La incisión se inicia con la lectura de textos en diversos idiomas de autores, teólogos y filósofos como Buda, Ovidio, Godard, Nietzsche o Miguel Ángel González García. Varias ninfas del amor, encarnadas por actrices que leen los párrafos directamente a cámara en exteriores naturales, sean bucólicos o urbanos, sirven de anclaje para una sucesión de testimonios de amigos, familiares, colegas de trabajo y artistas cercanos al cineasta. El acierto es dar un ritmo adecuado a las intervenciones, más lento al principio por la inclusión de varias escenas del propio Arturo Prins llorando tras el final de su relación o mirando al vacío desde un balcón como remedio a sus penas, incluso con la idea de un posible suicidio por la forma de retratarlo. Por suerte la tragedia se queda solo en ese esbozo, desmentido por una visión poliédrica en la representación de varias voces, e individual en el respeto de cada una de las declaraciones. Podemos estar en acuerdo o lo contrario, respecto a lo que cuenta cada mujer y hombre entrevistado pero cada intervención resulta tan interesante como sincera. El nervio de obra temprana, a pesar de no ser la ópera prima del autor argentino, impregna los planos de la propuesta. Así la imagen no atiende al preciosismo en los planos de todos los que ofrecen sus testimonios, sino a la sinceridad de las respuestas y apreciaciones. Rodada por bloques con cada uno de los que intervienen, oscilan entre un tratamiento más reposado en interiores como el de un pintor amigo que regala perlas como su distinción entre la pintura, capaz de detener el tiempo; contra el cine, que debe asumir las reglas temporales. El acabado amateur o descuidado en la imagen queda grabado en algún amigo fuera de foco en exteriores o el pensador francés al que no se permite oír bien, por el viento presente durante la toma del sonido. Pormenores que resuelven los subtítulos para no perder las reflexiones de ambos.

Pese a la globalidad de la propuesta, el orden fragmentado de las entrevistas con apartados dedicados al enamoramiento, el desamor, el matrimonio, los hijos y también la religión, vehiculan la propuesta con resultados esclarecedores para esta autopsia que resulta más rítmica, ordenada en su desarrollo, conclusión y coda, que refleja una variedad rica en puntos de vista de personas solteras, casadas, separadas, religiosas, ateas, conocedoras del biografiado o simplemente amigas. En esta obsesión por llegar al final del túnel, afrontando las relaciones personales, la posibilidad de amar a una o varias personas, también conecta con propuestas posteriores como el largo Estado impuro. Aunque tal vez lo que destaca como verdadero bálsamo de la película sean los incisos humorísticos que aligeran la gravedad del punto de partida, esa ruptura. El salto sin red del propio cineasta que se desnuda literal, además de personalmente, en la pantalla, y el respeto a todas las voces que intervienen, sin mostrar unas por encima de otras, sin despojarlas de su expresividad ni su valor. Tampoco desautorizándolas con los textos recitados por las ninfas, que unen los diferentes bloques, aunque lo mejor es que todo lo escrito puede verse en su integridad en este primer enlace o este otro, a distintas plataformas que presentan el documental en acceso libre.

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