Apuntes sobre la obra de Eric Pauwels

Desde la incansable e inestimable labor de DOCMA en la promoción y puesta en valor del cine documental y de no ficción en España nos llega la VII edición del 3XDOC (del 15 al 19 de septiembre), espacio de encuentro y reflexión fílmica que encuentra entre sus actividades una imprescindible retrospectiva de la figura de Eric Pauwels, cineasta belga ubicado en los márgenes fronterizos entre la ficción y la no ficción y con el que nos adentraremos en las próximas líneas (a través de Lettre d’un cinéaste à sa fille, La deuxième nuit y Journal de septembre) en una suerte de compendio de los estilemas que rigen su mirada cinematográfica.

Lettre d’un cinéaste à sa fille (2000)

Como en casi todos los proyectos que hemos podido ver de Pauwels, su cine nace de pequeños gestos, de conceptos o de detalles que le permiten dar rienda suelta a su corpus creativo. En este mediometraje, una de sus obras más hermosas, es la pregunta de su hija pequeña («¿por qué nunca haces películas para mí, para los niños?») la que enciende la necesidad de explorar su propio oficio, de realizar un ejercicio de arqueología cerebral en la búsqueda de los momentos que el realizador belga siempre había querido contarle a su hija y hasta entonces nunca había compartido.

Pretexto mediante, la epístola fílmica funciona, tanto en lo visual como en lo conceptual, bajo forma de monólogo interior, en el que las ideas y las historias que comparte el padre con su hija se postran ante el espectador con la fluidez y la —pretendida— anarquía de la memoria. El recorrido que realiza Pauwels para fabricar este filme para su hija termina siendo un collage de texturas, anécdotas e historias que tienden a lo mágico y que le permiten reflexionar sobre su propia infancia y sobre el proceso de la creación cinematográfica.

Y, en esa búsqueda insaciable y entusiasta del cineasta, consigue proyectar por fin la historia filmada que nunca pudo ofrecerle a su hija, un homenaje a los inicios del cinematógrafo, una historia germinal de castillos, princesas, caídas y ascensos. El broche de oro que cierra el mediometraje es una profunda reflexión sobre la capacidad del medio filmado —y del arte en general— de capturar el tiempo y de permitirnos viajar al pasado con la misma intensidad, dolor y luminosidad con que vivimos el presente.

La deuxième nuit (2016)

Si Lettre d’un cinéaste à sa fille es la historia de un reencuentro, La deuxième nuit es la crónica de una despedida. Es el adiós de un cineasta a la persona que le dio la vida, al que posiblemente haya sido el soporte vital más confortable de su existencia. El proceder de Pauwels para poner en escena ese torrente de emociones encontradas es prácticamente idéntico a la epístola que envió a su descendiente; esto es, valiéndose del libre montaje de imágenes, texturas y formatos para componer un todo en el que su voz conduce el relato. Y, como en la carta a su hija, se vale de detalles, objetos o gestos cotidianos para construir un imaginario poético que conecta con lo más profunda de su ser, como ser viviente y como ser creativo.

Pauwels vincula interesadamente la vida y la muerte con el duelo. Ese segundo día al que hace referencia el título de su película es el primer día en el que un recién nacido duerme solo por primera vez, alejado después de largo tiempo de la calidez del útero materno y del contacto con la piel de su madre después del nacimiento. Ese segundo día es el que marcará el carácter del infante, pues toma consciencia de su identidad como individuo. Con este concepto en mano, el documentalista belga reconsidera su idea de la memoria, de las relaciones familiares, de las expectativas y las desilusiones. Con el mismo carácter romántico y encantado que mostraba en la carta a su hija, recuerda con cariño la proximidad y comprensión que le brindó su madre en un mundo en el que estaba condenado al desprecio por sus inquietudes artísticas.

La idea de tránsito vital (de la no-muerte a la vida y de la vida a la muerte) se repite cuando la madre del cineasta exhala su último suspiro. Esa noche filmará la luna, para capturar para siempre la luminosidad concreta de ese momento. Y sabrá que el día después, la segunda noche, será la más dolorosa y solitaria de su existencia.

Journal de septembre (2019)

El hasta ahora último proyecto de Pauwels es quizá el más radical de los tres que reseñamos, desde la perspectiva de no mostrar una excesiva dependencia de la palabra/texto con la imagen. Si en Lettre d’un cinéaste à sa fille y La deuxième nuit el libre albedrío de imágenes se supeditaba a un relato construido desde el texto literario, aquí la imagen cobra absoluto protagonismo y es la que delimita el recorrido del relato. Muestra además ligeros juegos con la temporalidad en los que el septiembre de su diario difiere en los días del septiembre del calendario gregoriano. Digresiones a parte, este diario filmado es también la demostración de un cineasta que se siente más libre, que juega más con el formato digital y al que no le tiembla el pulso experimentando durante su incesante registro de imágenes.

Ayer (16 de septiembre, como si se tratara de parte de su ‹journal›) Pauwels ofreció una clase magistral en el transcurso del 3XDOC en el que, amén de hacer fehaciente su libertad como creador y productor, nos obsequió con no pocas ideas con las que reflexionar, en especial sobre cómo es el espectador (con la ayuda del yo-cineasta y de los personajes-actores no profesionales de sus películas) quién construye el significado, casi nunca unívoco, de sus obras, sobre cómo la sedimentación de experiencias y de subjetividades nos permiten captar una obra única (incluso una misma obra en diferentes visionados). Su Journal de septembre tiene esta premisa muy clara y ofrece un espacio casi ilimitado al espectador para trabajar intelectualmente este ensayo, de nuevo, sobre el incesante paso del tiempo y sobre la construcción de la memoria colectiva (aquí bajo la forma del relato subjetivo).

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