Las erupciones son uno de los fenómenos más estremecedores de la naturaleza, y el cine ha dado buena cuenta de su potencia expresiva. Desde Stromboli a Fire of Love, han servido de imagen para ilustrar las relaciones entre personajes, definiéndolas por vía de la metáfora como ígneas, sobrecogedoras, destructivas, sublimes. Erupcja se inscribe en esta tradición, al mismo tiempo que reflexiona precisamente sobre esas correlaciones que trazamos entre las relaciones humanas y las fuerzas de la naturaleza.
En el nuevo largometraje de Pete Ohs, la inglesa Bethany (Charli XCX) y la polaca Nel (Lena Góra) comparten una de esas amistades a distancia tan esporádicas como intensas, en las que los breves encuentros en uno u otro país parecen condensar toda la vida que los separa en el tiempo. Tal es la fuerza de su conexión que, cada vez que están en la misma ciudad, un volcán entra en erupción. Y así sucede cuando Bethany vuelve a Varsovia, acompañada de un novio (Will Madden) al que no dudará en dejar atrás en favor de su amiga. El imán que las atrae mutuamente es tan implacable que renuncian a amores, horarios y trabajos por acompañarse la una a la otra en una espiral nocturna de risa, baile y despreocupación.
Sin embargo, esto lo sabemos solo porque así lo enuncian los personajes, ya que la atracción imparable de su amistad nunca encuentra su traducción en imágenes. Erupcja opta por la cámara en mano, una fotografía fría y de bajo contraste y el diálogo casual e intrascendente, y construye así un tono desenfadado heredero de la ‹nouvelle vague› y que encontrará a su público entre los admiradores de Jonás Trueba. Sus mejores momentos son las secuencias corales porque Ohs elabora, gracias a este estilo, un afinado retrato de un tipo de comunidad concreta: grupos de inclinación artística y composición internacional que viven sin arraigo y (por tanto) sin riesgo. La película no se interesa por sus condiciones materiales de vida, sino por la experiencia subjetiva de sus mejores momentos: captura la liviandad con la que se percibe la vida mientras te ríes en un balcón con tus amigos, contemplando la noche en la gran ciudad.
El espíritu ligero de Erupcja contrasta con la escala épica de su premisa y, por momentos, esta incoherencia parece una incapacidad para cumplir sus promesas. En particular, a la conexión entre las actrices protagonistas le falta la cualidad química que da vida a cualquier gran relación en pantalla. Pero, en su giro más interesante, el desajuste entre tema y tono acaba por integrarse en la narrativa de la película. Como los personajes descubren, todos los días hay un volcán en erupción en algún lugar del mundo; y quizá la amistad de Bethany y Nel tampoco es tan especial. Erupcja es una película de poco impacto, apenas un esbozo; pero, precisamente por eso, ofrece una reflexión interesante sobre los grandes relatos que creamos para dotar de trascendencia una existencia como cualquier otra.









