Como la película en sí, voy a empezar yendo al grano.
Jethica es una historia de fantasmas que funciona mejor cuanto menos intenta parecer una película de fantasmas convencional. El film de Pete Ohs, con una duración de apenas 70 minutos, es una pequeña rareza ‹indie› que plantea un concepto interesante, encuentra una atmósfera bastante particular y consigue que quieras saber hacia dónde va, aunque una vez llega allí tampoco parezca tener demasiado claro qué hacer con aquello que ha planteado.
Con todo, hay algo muy atractivo en la manera en la que presenta a los muertos y a las vivas, casi como si fueran personas que simplemente se han quedado atrapadas en una situación que ya no les corresponde y en la que les dejan ser (aunque no siempre los acepten). No hay grandes reglas ni una explicación especialmente elaborada de lo que ocurre. Los fantasmas están ahí, forman parte del paisaje y tienen sus propios problemas. La idea de que existan distintas maneras de deshacerse de ellos es posiblemente lo más interesante de la película, especialmente cuando la solución pasa por tener que contactar con otros fantasmas para que hagan el trabajo sucio.
El problema es que Jethica nos cuenta bastante pronto cuál es su mejor idea y después pasa demasiado tiempo explotándola sin encontrar una segunda capa que la haga crecer. El primer tramo es, con diferencia, el más estimulante. La situación de una de las protagonistas, su acosador, la frustración de no tener respuestas y la aparición progresiva de lo sobrenatural generan una intriga bastante efectiva. Además, hay algo incómodo a la par que realista en la manera en la que el fantasma interpreta constantemente la situación desde su propia perspectiva, convirtiéndose él mismo en la víctima mientras ignora por completo lo que está provocando.
Ohs, mucho más interesado en el tono que en la historia (al menos una vez que ha desvelado el misterio), es capaz de crear una sensación de aislamiento constante con una puesta en escena seca que consigue que todo resulte ligeramente fuera de lugar. La mezcla de drama y comedia situada en medio de ninguna parte funciona porque parece natural y un poco improvisada tras la idea inicial, en lo que parece ser una melancolía genuina entre todos los personajes, y en la que los protagonistas dotan de una personalidad bastante clara a lo que la trama no puede redondear. Como si la mezcla funcionara precisamente porque nunca termina de parecer completamente calculada.
Y quizá ahí esté su mayor virtud y su mayor problema. Es difícil negar que hay algo especial en una película tan pequeña que decide contar una historia de fantasmas desde un punto de vista tan poco convencional. Pero también es difícil no pensar que podría haber hecho bastante más con una idea tan interesante. La premisa sobre la imposibilidad de dejar atrás a determinadas personas, la soledad de quienes siguen aquí y quienes ya no deberían estar, o incluso esa relación entre víctima y acosador tenía potencial para algo mucho más incisivo. En cambio, Ohs parece conformarse con observarla desde cierta distancia y dejar que la rareza haga casi todo el trabajo.
Aunque Jethica es más fácil de admirar como experimento que de disfrutar como película completamente desarrollada, tiene una atmósfera estupenda, un concepto original y una forma bastante peculiar de entender el cine de fantasmas. Es, a su manera, algo que nadie se esperará y a su vez no supondrá sorpresas. Ni bien ni mal, pero más bien que mal, porque, a veces, una película tiene una idea lo bastante buena como para mantenerte dentro incluso cuando empieza a quedarse sin cosas que hacer con ella.








