Vindicare | Perfect – Perfección (James Bridges)

La carrera de John Travolta se encontraba en un profundo declive a mediados de los años ochenta. Y es que tras haber protagonizado dos de los mayores pelotazos comerciales y absolutos iconos culturales de finales de los setenta (Fiebre del Sábado noche y Grease), el italoamericano no tuvo buen tino a la hora de elegir sus siguientes proyectos. Rechazó protagonizar Días del cielo de Terrence Malick y American Gigoló de Paul Schrader, por lo que la carrera de Richard Gere le debe buena parte de su gloria al bueno de John. A cambio decidió protagonizar un melodrama bastante curioso y bien trenzado titulado Cowboy de ciudad dirigido por el que posteriormente se convertiría en su amigo y protector James Bridges. Un buen drama recibido con aplausos por la crítica y dirigido por un tipo prestigioso como Bridges, quien se había granjeado cierta fama de autor en las siempre apasionantes trincheras del cine independiente americano de los setenta, pero que no fue muy bien en la taquilla.

Posteriormente participó en Impacto de Brian de Palma, otra película que contó más con el favor de la crítica que del público. Con cierto estigma de ser una maldición para la taquilla, Travolta participó en 1983 en dos películas que buscaban aprovecharse de la melancolía que albergaban sus dos grandes éxitos comerciales pretéritos para atraer al espectador a los cines. Sin embargo ambos experimentos se convirtieron en dos fiascos: Tal para cual, insulso intento de reverdecer las cenizas más flatulentas de Grease y La fiebre continúa, incomprendida puesta al día en clave ochentera de la figura de Tony Manero.

Ya metido en una espiral de la que parecía era imposible salir, su amigo James Bridges acudió al rescate. Se trataba de Perfect, un llamativo drama romántico con todos los ingredientes que hacían triunfar al cine comercial estadounidense de mediados de los ochenta bien insertados en su espíritu. La cinta narraba la historia de un periodista de la revista Rolling Stone llamado Adam (John Travolta), encargado de sacar adelante dos artículos en paralelo. Uno más serio dedicado a la figura de un empresario de la industria tecnológica americana acusado por el gobierno yanqui de tráfico de drogas casualmente en el mismo momento en el que el empresario decidió exportar tecnología a un país del Telón de Acero como era la antigua Checoslovaquia. Y otro artículo de tono más folletinesco dedicado a establecer una radiografía social de por qué los gimnasios se habían convertido en un templo del ligoteo (en sustitución de los bares de copas) para los solteros y solteras de los años ochenta.

La película se basaba en una serie de artículos publicados en la Rolling Stone bajo el título Looking for Mr. Goodbody por el periodista y escritor Aaron Latham, quien firmaba el guión (de tono claramente autobiográfico) junto a Bridges. Latham era un viejo conocido de Travolta, puesto que su anterior colaboración con Bridges (Cowboy de ciudad) también se había basado en una serie de artículos publicados por Latham. Así que parecía que en esta ocasión los astros no podían fallar por el hecho de que el personaje emblema de Travolta, Tony Manero, también se basaba en una figura real que había salido a la luz a raíz de una serie de artículos publicados en prensa.

Sin embargo todo salió mal. La película fue un rotundo fracaso de taquilla, hecho que provocó que Travolta se pasara cuatro años en el dique seco antes de volver a las pantallas de cine en 1989 con un personaje de apoyo al protagonizado por Kirstie Alley en Mira quien habla. Asimismo la cinta fue objeto de mofa y escarnio por parte de la crítica, siendo una de las protagonistas de los Premios Razzie. A la compañera y también protagonista del film, una inmensa y bellísima Jamie Lee Curtis (papel para el que habían optado Debra Winger y Geena Davis) también le supuso un batacazo importante, casi terminando con su carrera hasta que posteriormente resurgiera de sus cenizas con la británica Un pez llamado Wanda. Una pena porque Jamie hizo un papelón, preparándose a conciencia para representar a una antigua nadadora reconvertida por los avatares del destino en le mejor instructora de aerobic de la costa oeste de los EEUU. De hecho, Jamie puso toda la carne en el asador en la promoción de la peli participando, junto a su compañero de reparto John Travolta, en el videoclip de uno de los hits ochenteros de la cinta cantado por el hermanínismo Jermaine Jackson (otro que salió escaldado del proyecto, siendo foco de burlas gracias a sus horteras temas musicales, uno de ellos cantado a dúo con Whitney Houston).

No obstante, Travolta debe parte de su posterior y exitosa trayectoria de los 90 a esta película. Y es que entre los admiradores confesos del film se hallaba Quentin Tarantino, quien la situó entre sus placeres más jugosos y deleitables, una de esas joyas que solo el director de Reservoir Dogs sabe apreciar. Curiosamente pasados los años Tarantino se dio el gusto de trabajar con el protagonista de una de sus pelis favoritas como era esta Perfect, eligiendo a John Travolta para el papel de Vincent Vega de su aclamada Pulp Fiction.

Lejos de las críticas y ofensas sufridas por Perfect he de decir que me encuentro en el equipo capitaneado por Tarantino. Y es que nos hallamos ante una pieza absolutamente disfrutable por los admiradores de la estética ochentera. Una cinta que refleja, como ninguna otra, una época y años concretos con mucho acierto y desenfado. Una obra que, por tanto, representa una radiografía muy acertada y afilada de una década caracterizada por el exceso, la frivolidad, la reducción a lo trivial de lo trascendente y la ligereza moral.

Todo ello está presente en Perfect. Desde su en principio absurdo argumento, mezclando con soltura la crítica social y a los medios de comunicación con una historia romántica leve y petarda envuelta en sudor, en músculo saturado de esteroides, en calentadores y cintas para el pelo que más sirven de adorno que de protección, en movimientos pélvicos a ritmo de techno trash de los ochenta bailados en interminables clases de aerobic y, sobre todo, gracias a un elenco de personajes secundarios absolutamente estrafalarios, intrascendentes, vacíos… todo un guiño a ese vacío intelectual y amoral que regaban los pasos sociales caminados durante los años ochenta.

El The Sports Connection donde tienen lugar las reuniones y encuentros amorosos protagonizados por Travolta, Jamie Lee Curtis y el resto de personajes principales del relato se observa como un templo religioso albergado por unos feligreses que han abandonado la vida terrenal para abrazar el refugio que proporcionan las livianas relaciones sociales y sexuales que explotan entre herramientas de musculatura y música a todo trapo, a la vez que pretenden tapar las inseguridades que afectan a unos jóvenes incapaces de encontrar un sentido a su existencia.

Pero, a diferencia de parecer hortera o cutre, Bridges irradió la cinta con una puesta en escena sobria y pulcra. Gracias al trabajo en la dirección de fotografía del gran Gordon Willis quien dio rienda suelta a toda su maestría componiendo auténticos cuadros renacentistas en algunas de las escenas más logradas del film. Maravillosas amanecerán esas panorámicas que encapsulan a los protagonistas en unas representaciones que manifiestan la soledad y traumas que los persiguen. Construyendo planos que remarcan la incomunicación de Travolta y Jamie Lee enfrentados a sus pesadillas pasadas, alejando el foco de los rostros de ambos personajes en aquellas situaciones en las que existe riesgo de ruptura y acercando la cámara a la presencia de ambos cuando el romance se encuentra en plena ebullición.

Asimismo, las composiciones de Willis embellecen la pantalla merced a una paleta de colores muy bien entremezclada, jugando con los claroscuros cuando al relato se tuerce hacia entornos más tenebrosos, e iluminando la pantalla con colores vivos y alegres cuando la fiesta y el despelote hacen acto de aparición. Bridges también puso su granito de arena gracias a una narración ágil y fresca, pero no exenta de cierta sutileza.

Y es esa sutileza lo que engrandece una película como Perfect. Puesto que aunque la trama romántica sea un núcleo principal sin el cual la cinta no tendría sentido, Bridges y Latham fueron capaces de insertar ciertas gotas de crítica hacia el estamento periodístico, reflejando el sensacionalismo presente en las redacciones de las grandes editoriales estadounidenses que obligaban al periodista de carrera a prostituirse para vender sus textos a buen precio, aunque ello supusiera traicionar la confianza de sus entrevistados al aparecer ante ellos con una máscara carente de objetividad con tal de sacar adelante la publicación. No obstante, ambos también muestran cierto optimismo hacia la profesión plasmados en la figura de Aaron, quien finalmente será consecuente con su propio código ético no traicionando tanto a su amor, amigos y entrevistados aunque ello suponga dar con los huesos en la cárcel.

La película se beneficia de algunos cameos y chascarrillos de personajes influyentes en los ochenta. Impagable resulta el cameo de la cantante Carly Simon quien verterá una bebida en los morros de Aaron como represalia a un artículo enredado y retorcido sobre su figura. También aparecerá en una fugaz intervención Lauren Hutton (la protagonista de American Gigoló, cruces del destino) interpretándose a sí misma. Igualmente fascinantes serán los chistes vertidos en la redacción de la Rolling Stone sobre determinadas figuras de los ochenta, siendo especialmente memorable el que afirma el carácter juerguista de Michael Douglas (precisamente actor con el que Bridges compartió su gran éxito El síndrome de China).

Pero lo que más me gusta de Perfect es sin duda su adscripción a ese cine de entretenimiento ochentero perfectamente rematado desde el punto de vista técnico y visual, que iba dirigido a un público eminentemente adulto y por ello debía tratar a su espectador objetivo con inteligencia y honestidad. Esta es una película irreprochable, desde ese sentido de honestidad, que cumple con su objetivo de ofrecer lo que su público desea, pagando por ello el peaje de mostrar a Travolta bailando una coreografía de aerobic, aunque su incisivo y astuto guion no se prestara a ello, para deleite de sus incondicionales. Una cinta terriblemente entretenida, salpicada con las inevitables gotas de romance y enredo para mayor lucimiento de su espléndido dúo protagonista, unos John Travolta y Jamie Lee Curtis que rebosan juventud y esfuerzo por sacar adelante un proyecto en el que pusieron todas sus ilusiones para que saliera bien. Y las interpretaciones de ambos son excepcionales.

Nunca vi a Travolta tan contenido y tan eficaz. Demostrando que es un actorazo como la copa de un pino. Y por tanto debemos lamentar las magníficas interpretaciones que nos perdimos de Travolta en los años ochenta. Travolta se me representa a una especie de Cary Grant de los ochenta. Ese conquistador pícaro, pero con buen corazón, que aunque el panorama parezca le va a llevar por el camino incorrecto siempre sabe salir airoso para acabar siendo el héroe de la función. En Perfect se muestra imperial, divertido, enredador y desenfadado cuando así lo exige el guión, pero también serio, trascendente y trágico cuando así debe ser. Y lo mismo Jamie Lee. Parece que se metió tanto en el papel que solo comía una vez al día para mostrar esa figura griega de diosa del aerobic. Sus escenas dirigiendo las clases de aerobic son mágicas y magnéticas. Pero también cuando el relato se vuelve más íntimo Jamie da muestras de su magnífica y diversa paleta de actuación. Siendo arrebatadora y explosiva en las secuencias de más alto voltaje. Divertida en las de comedia. Y muy melodramática e intensa en las secuencias de mayor intensidad sentimental, exhibiendo una mirada limpia que sabe transmitir emociones diferentes y asimismo hacer sentir que su personaje se encuentra en una encrucijada entre la elección de un amor que no parece sostenerse o la de continuar siendo presa de unos traumas que un acontecimiento pasado relacionado con el amarillismo periodístico le provocaron. Es en esa disyuntiva de elegir entre olvidar y ser feliz o recordar y seguir viviendo en un cauce amargo donde la película engrandece sus resultados.

Y es que Perfect contiene un perfil más intimista que el del simple rebuzno grotesco de sus detractores quiere denostar. Hábilmente dirigida por Bridges, mezclando el drama intenso con el romance imposible, aireando de vez en cuando la escena con ciertas secuencias escapistas, sobre todo las experimentadas dentro de las paredes del Sport Connection. Como esa clase de aerobic bailada al ritmo del Shock me de Jermaine Jackson y Whitney Houston donde Travolva hace gala de camiseta sudada, pantalones hipercortos, movimientos pélvicos e insinuantes en respuesta a los provocativos desplazamientos de cadera de Jamie Lee, y de un paquete que es la envidia de media humanidad masculina y ardiente deseo de la otra mitad femenina…

Además, no me puedo olvidar de su banda sonora. Repleta de megahits ochenteros creados por figuras clave como Dan Hartman, Nona Hendryx, Pointer Sisters, Wham!, Lou Reed o el emblemático temazo de Berlin Masquerade con el que culmina el film en unos kafkianos títulos de crédito finales con los protagonistas bailando al ritmo de este himno de la New Wave americana.

Conscientemente petarda, gamberra, leve y trascendental al mismo tiempo, frívola, divertida y ágil, tiznada de cierta moraleja, crítica con la sociedad y profesión que refleja, emblemática, propia de la época en la que fue filmada, eminentemente romántica y profundamente entretenida, Perfect destaca como una de las grandes películas americanas de mediados de los ochenta, vestida con cierto aire clásico en un intento por Bridges de reverdecer el espíritu de los melodramas americanos de los cuarenta y cincuenta, pero ornamentada con la estética y picaresca de la década de las hombreras. Con unas interpretaciones extraordinarias tanto de Travolta como de Jamie Lee Curtis que elevan la nota del film hasta el sobresaliente, ésta es sin duda una película que merece ser reivindicada y un visionado con nuevos ojos. Con unos ojos ajenos a todas las falacias que se han escupido contra ella. Unos ojos limpios de prejuicios que sepan ver el buen hacer de un equipo que desgraciadamente cayó en desgracia tras el estreno de este film. Menos mal que Tarantino y otros profesionales supieron ver las bondades de una cinta que se disfruta como un dulce cocinado en unos años en los que el cine comercial americano sufrió el escarnio de la crítica más sesuda.