Mud (Jeff Nichols)

La vida es dura a este lado el Mississippi. No hay tiempo para juegos, ni consolas, ni mucho menos para perder el tiempo chateando en las redes sociales. Las horas pasan lentamente provocando el hastío de los pocos moradores que sobreviven en las destartaladas casas de madera sitas en la orilla del río. Ellis y Neckbone son dos chavales de catorce años que apenas tienen espacio para disfrutar de su infancia. Neckbone es huérfano de padres y vive con su alocado tío, ganándose ambos el sustento trabajando como pescadores. Ellis vive con sus padres, pero como Neckbone se encuentra huérfano de cariño familiar, puesto que su vida hogareña está a punto de desmoronarse debido a la tirante relación conyugal que mantienen sus padres. En este ambiente, los dos chavales únicamente encuentran un espacio de desahogo por medio de escapadas clandestinas en barca a través del río para investigar los resultados ocasionados por las inundaciones que de vez en cuando acontecen. Con este objeto, Ellis y Neckbone aprovechan una mañana para salir de viaje en bote con destino a un pequeño atolón situado en medio de las hipnóticas marismas del Mississippi. El río se convierte en un personaje más de la historia, de gran importancia en su culminación, al que se le otorga un papel alegórico y misterioso en el discurrir de los acontecimientos.

Mud

Tras explorar la selvática isla, nuestros pequeños conquistadores descubren una vieja fueraborda colgada en lo alto de las ramas de un árbol, un pequeño paraíso amueblado con revistas eróticas y numerosas baratijas al que poner la bandera de conquista para su uso y disfrute. Sin embargo, algo les llama la atención. El avistamiento de unas misteriosas pisadas ornamentadas con una enigmática cruz les lleva a pensar que no se encuentran solos en la isla. Y su deducción se hace realidad al tropezar su caminar con un enigmático fugitivo, vestido con una vetusta y roída camisa blanca a la cual confiere poderes mágicos, colmado de supersticiones, desaliñado y con un aura de la que se adivina que la vida y él son viejos enemigos. La forma de hablar del extraño, su filosofía y los relatos fantásticos con los que se gana la confianza de Ellis y Neckbone suscitan una instantánea fascinación en los dos adolescentes, pero sobre todo en Ellis, que identifica en el personaje, que afirma llamarse Mud, la figura del legendario pistolero vividor de peligrosas aventuras que tanto seduce la desbordante imaginación de un chaval de catorce años, desbancando de este modo a la figura de un padre más preocupado por el trabajo y por los problemas domésticos que en amar y cuidar a su hijo.

Mud dice ser un mendigo que se halla en la isla a la espera de encontrarse con su amada princesa, una bella dama que le salvó la vida en su adolescencia tras sufrir una picadura de serpiente y de la que se encuentra perdidamente enamorado desde entonces. Sin embargo la desgracia que persigue a ambos, obligó a Mud a asesinar al malvado pretendiente de su dulcinea lo cual le ha convertido injustamente en un prófugo de la justicia motivado por el crimen perpetrado para defender el honor de su dama. No obstante, Mud tiene como único sino en la vida volver a encontrarse con su ninfa, la cual actualmente habita en un motel del pueblo y parece estar dispuesta a compartir el futuro con su amor. Ellis encomendará su vida, a partir de ese instante, a la protección de su nuevo ídolo y pondrá todos los medios a su alcance para que este cuento de hadas termine con un final feliz. Para ello tendrá que sortear los peligros que acompañan a esta aventura, amenaza que muta en la figura de una banda de mafiosos que ha arribado al pueblo, con el hermano y el padre del hombre asesinado por Mud a la cabeza, con una ansiosa sed de venganza y el claro objetivo de ejecutar al prófugo. Sin embargo el acontecer del tiempo demostrará a Ellis que las historietas de Mud y los cuentos de príncipes y princesas modernos no tienen cabida en la cruda realidad, aprendiendo una lección que destruirá su infancia para convertirla en madurez.

Mud

Hacía muchísimo tiempo que no disfrutaba tanto de una película en al ambiente mágico y fascinante de una sala de cine. Confieso que al finalizar la película salí de la sala en un estado de éxtasis teresiano que me provocó la sensación de estar flotando en el aire. Y es que desgraciadamente en el cine actual es difícil encontrar una revelación de puro cine, de un clasicismo sereno a la vez que post moderno, capaz de hacer emanar sensaciones íntimas que alcanzan a tocar ese difícil rincón llamado emoción, como esta Mud. El visionado de este maravilloso film me hizó brotar una sensación de entusiasmo y apasionamiento que solo me suscitan aquellas obras que han pasado a formar parte de mi vida a las que guardo un fanático culto y admiración. Todo en ella emana cine y arte: desde la hipnótica fotografía que consigue plasmar el esotérico ambiente sito en las orillas del Mississippi, la increíble narración de Nichols que se disfraza de Mark Twain para relatar al estilo de los grandes escribidores de la literatura americana del siglo XIX una trama que bebe de forma muy clara de la referencia de Las aventuras de Huckleberry Finn modernizando los paradigmas de esta magna obra de la literatura para re interpretar su moraleja desde el lenguaje cinematográfico, pasando por unas interpretaciones inspiradísimas, sobre todo me quito el sombrero con los dos actores infantiles que llevan el peso de la historia con total solvencia (ojito a este Tye Sheridan que ya mostró sus credenciales en El árbol de la vida) y con la magnética y sugestiva actuación de un Matthew McConaughey que deja para la historia uno de esos personajes carismáticos que quedan grabados en el imaginario cinematográfico. Sus poses, su forma de hablar con el típico acento de los habitantes de la Arkansas profunda subliman a cualquier aficionado al cine. Igualmente no puedo dejar de reseñar la correctísima interpretación de Reese Witherspoon como la novia inalcanzable de Mud y la seca y magistral interpretación del veterano Sam Shepard (que interpreta a un auténtico pistolero del western clásico), al cual es un gusto contemplar en cada plano, segregando un clasicismo que pocos actores saben hacer llegar a la pantalla.

Y es que lo que enaltece a este peliculón es su carácter poliédrico del que se desprenden complejas aristas que gracias a un Jeff Nichols en estado de gracia acaban encajando a la perfección. Porque podríamos calificar a Mud como un western moderno, o también como un thriller rural, pero igualmente se trata de una película sobre la adolescencia y la pérdida de virginidad que supone crecer y madurar. Del mismo modo es un cuento de hadas cuyos protagonistas tratan de buscar en vano el amor verdadero, una película de aventuras iniciáticas al más puro estilo de los clásicos norteamericanos y también es un drama familiar que retrata las complejas interrelaciones que se mueven en el seno de una familia desestructurada en estado de demolición. Además Nichols encuentra el espacio suficiente en estas complejas ramificaciones argumentales para incluir unas reconfortantes notas de humor que ayudan a la evasión puntual de la intensa trama planteada. Nichols no duda en rociar de un simbolismo cuasi sobrenatural y deslumbrante las escenas en la isla en la que se reúnen los dos personajes infantiles con Mud. La forma de fotografiar los parajes, los arroyos en los que nadan amenazantes víboras y la hojarasca convierten a este paraje en una especie de Shangri-La en el que la tiempo parece detenerse y que sirve de espacio mítico e irreal empleado como instrumento de evasión de la rutina y el tedio que impera en la vida fuera de este espacio imaginario. Igualmente Nichols eleva el simbolismo de su guión hasta las últimas consecuencias al situarnos en la época del año en la que se engloba la trama (el verano) mediante el empleo de uno de los grandes hits de los Beach Boys: el Help me Rhonda. Genio y figura.

Mud

La apuesta narrativa de incrustar numerosas subtramas que terminan convergiendo hacia el espíritu principal de la cinta provoca un incremento del metraje de la cinta que puede ser plato de mal gusto para algún espectador. Sin embargo Nichols sabe lo que hace. La trama avanza con estilo sereno y lento, optando el director americano por facilitar la información con cuenta gotas. Este estilo basado más en la sugerencia que en la explicación minuciosa de los hechos, puede llevar a pensar que ciertas subtramas sobran, como por ejemplo la historia de amor que se inicia entre Ellis y una chica cuatro años mayor que él. Sin embargo, el estilo poético empleado por Nichols demuestra que nada de lo acontecido está de prestado en el filme, ya que esta odisea amorosa adolescente servirá para establecer una de las más bellas metáforas de historias en paralelo que se han hecho últimamente en el cine, al deducirse de la misma que las vidas de Mud y Ellis están conectadas en el tiempo y en el espacio, en una especie de montaje en paralelo Griffithiano, por medio de un acontecimiento que sucede en el mismo momento vital de ambos personajes, implantándose una interconexión mágica en ambos individuos que les mantendrá unidos por el resto de sus días.

Otro de los elementos que me embelesan de la película es la cantidad de referencias cinematográficas que se encuentran a lo largo de la misma, y las numerosas interpretaciones, todas ellas válidas, que podemos extraer de ella. Yo veo la película como un western iniciático al estilo Raíces Profundas, en el que la figura del pistolero desconocido fascina la imaginación de aquel niño soñador y fantasioso alejado del carácter curtido y triste de sus padres. Así Mud sería un Shane moderno, que al igual que el maravilloso western de George Stevens está impregnado de un carácter crepuscular y decadente, en el cual las voraces fauces del progreso tratan de fagocitar el antiguo modo de vida de los moradores del Mississippi. Pero igualmente podríamos emparentar el filme con una película iniciática y rememoradora de los tiernos recuerdos y aventuras de la adolescencia como Cuenta conmigo de Rob Reiner, siendo la barca motora sita en las ramas del árbol ese cuerpo que servía de excusa a los chavales surgidos del imaginario de Stephen King para escapar del control de sus padres y disfrutar de la ansiada libertad. Ese cosmos del que emana el descubrimiento de la libertad y el desencanto que provoca el choque con la cruel realidad emparenta también la cinta con Un Mundo perfecto de Clint Eastwood, o incluso con cintas tan dispares como La última película, La ley de la calle o El puente, que describían con igual tino y estilo lírico el abandono de ese paraíso perdido y confortable que es la infancia/adolescencia. Pero tampoco iría desencaminado el que encuentre nexos de conexión con el cine visceral y cruento de Sam Peckinpah, puesto que el final de Mud ofrece uno de esos duelos en la alta sierra con los que solían culminar las obras del californiano.

Mud

Jeff Nichols, que no me había conseguido encandilar en su anterior película Take Shelter, homenajea con su estilo poético a los grandes clásicos de la literatura americana, firmando una obra lírica, emocionante, portentosa, legendaria, magnética, repleta de verdad y de referencias, dirigida con la mente y el corazón de un gran maestro, una oda al desengaño que supone crecer que queda grabada en lo más profundo del alma. Un clásico instantáneo que el paso del tiempo únicamente puede engrandecer su ya rocosa figura. No se la pierdan y disfruten.

2 comentarios sobre “Mud (Jeff Nichols)”

  1. Como puse en unmini comentario por Twitter: gran clásico americano, una especie de cruce entre Mark Twain y Sam Peckinpah. Para ver una y otra vez. Excelente y poética reseña. Junto con Antes de la Medianoche, la mejor película que he visto últimamente.

    1. Tenemos la misma visión de la peli. Es una mezcla de los grandes relatos de la literatura de aventuras americana (Mark Twain muy claramente), el western con una clara de limitación de quienes son los pistoleros y quienes los granjeros/campesinos (para mí clara referencia a Raíces profundas) y por último un thriller rural y ahí está muy presente la referencia a Perros de paja de Peckinpah con ese final donde saltan chispas a golpe de escopeta. En definitiva: un peliculón :)

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