La reconstrucción (Juan Taratuto)

Eduardo es un tipo que no cae bien desde el principio. Como diría un conocido periodista deportivo, “el típico que se daría a la fuga tras un atropello”. Dicho y hecho: en la primera escena, una mujer le pide ayuda en la carretera tras sufrir un accidente de coche, pero nuestro protagonista escurre la responsabilidad de manera descarada. Tampoco ayuda su actitud con los compañeros de trabajo, ya que se muestra de un arisco que genera hasta repulsión. La estocada final se produce cuando acude a pasar las vacaciones a casa de un amigo en Ushuaia, localidad situada en la fría Tierra del Fuego. Allí, hace que las sesiones de comida y cena de la familia sean un horror, ya que Eduardo no utiliza cubiertos para devorar el asado y, además, come a velocidades de vértigo.

El conocido Diego Peretti es quien interpreta a este personaje en la película La reconstrucción, donde también co-escribe el guión junto con Juan Taratuto, director y por tanto responsable de la obra cinematográfica. Nos plantea el análisis de este individuo de una manera un tanto novedosa, ya que hasta muy avanzada la película no se nos dan pistas acerca de su comportamiento. Una táctica de doble filo, ya que puede causar en el espectador arrepentimiento (por aquello de haberle prejuzgado), pero también impasibilidad, en el sentido de que uno puede considerar no justificable tal aspereza en sus formas por el pasado que arrastra.

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Decimos esto porque la historia se va desmenuzando muy de poco en poco. Taratuto se toma su ritmo para diseccionar un relato sin que el ritmo de éste llegue a ser lento. Por lo pronto, en un sentido formal podríamos equiparar la película a alguna de las tantas indies estadounidenses de vida rural que hemos visto en los últimos años. La banda sonora contribuye bastante a formarnos tal idea, sobre todo conforme avanza la película, pero también los diálogos (o mejor dicho, la ausencia de éstos; hay muchos silencios), cierto estilo de dirección y la propia evolución de la trama (no se corta en tomar decisiones de guión crueles) hacen que La reconstrucción nos recuerde a obras como En un lugar sin ley o Winter’s Bone, por poner dos ejemplos.

Dejando de lado las comparaciones, si por algo apuesta Taratuto en su obra es por el desarrollo de los personajes. Ya hemos hablado del protagonista como claro paradigma de esta situación, puesto que empieza siendo un ogro y para muchos terminará convirtiéndose en un hombre más que decente. Pero también se pueden apreciar ecos de cambio en los otros cuatro personajes con cierto rol de protagonista. Los cuatro miembros de la familia nos parecen muy normales en la primera escena, pero pronto salen a relucir los problemas que les acechan. Mario, el padre de familia de aspecto bonachón, guarda un terrible secreto; Andrea, su mujer, no sabe cuánto le aprecia hasta que una decisión de aquél cambia por completo su vida; y sus hijas, Cata y Ana, ambas con problemas en el colegio, de carácter académico y social respectivamente. Todos se terminarán alzando como unos personajes con sentido propio en la cinta, no están de adorno sino que las decisiones que toman y cada palabra que pronuncian acabarán moldeando la razón última de la película.

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No es la clásica obra a la que acostumbra Taratuto, es decir, una comedia romántica en la que uno puede ir al cine a pasar un buen rato. Por el contrario, La reconstrucción es una película que a más de uno se le puede atragantar, sobre todo si no se está acostumbrado a que el autor se tome su tiempo a la hora de desarrollar la historia. Superada esta cuestión, la película se alza como un notable trabajo en materia de dirección y guión que, si bien no acaba dando lo que parecía prometer (hay alguna escena que no casa del todo bien con el espíritu general de la cinta), sí se puede calificar como muy interesante en su conjunto.

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