Her Smell (Alex Ross Perry)

Si el objetivo de Alex Ross Perry en su nuevo largometraje tras Golden Exits era fomentar una claustrofobia sobre la que hacer pivotar tanto el retrato que conforman las inquietudes y delirios inducidos por el personaje central como el modo en que el universo ante el cual se expresa parece arrastrarlo todo —hasta a ella misma, en esa vorágine incontenible que llega a definir sus acciones—, la verdad es que el cineasta norteamericano acierta, pero deslizando bajo esa estampa una extraña disyuntiva. Y es que Ross Perry logra, desde el aparato formal a partir del cual fomenta ese trastornado vaivén en el que proyecta cada situación, imbuir en los escenarios un caos latente, capaz de desbordar al espectador y rebasar cualquier tipo de percepción, y del mismo modo exacerba sus rasgos hasta el punto de perder de vista el objetivo primordial de esta Her Smell, difuminado entre espasmos, personajes oscilantes y prácticamente una marabunta de emociones imposibles de digerir, que transforman la propuesta en algo menos que un insoportable mosaico desde el que resulta difícil asimilar incluso el reflejo de un personaje como el que se nos presenta en el film.

Porque si bien es cierto que Her Smell comprende su carácter desde el arrebatador ímpetu y el desnortado trayecto emprendido por Becky Something —a la que da vida una Elisabeth Moss cuya energía agita, si cabe, en mayor medida el panorama, y cuyo modo de cimentar el personaje resulta difícil de asimilar, aunque la actriz termine modulándolo con destreza—, no menos evidente es que la construcción realizada por Ross Perry termina por engullir tanto su rabiosa narración —sustentada en todo momento en travellings, planos cada vez más cortos y cerrados y una iluminación que asfixia en mayor medida a sus personajes y las inquietudes que emanan de los mismos— como los asideros de un relato que se antoja vacío de intenciones —aunque no sea así— ante el ‹tour de force› que decide ejecutar su director, mucho más certero a la hora de construir atmósferas en títulos como Queen of Earth. De este modo, todo el arrastre conducido por un personaje y forjado por el contexto que lo expone como epicentro y, por ende, le otorga una dimensión que termina fagocitando todo lo demás —y es que, por más que Her Smell contemple a Becky Something como ineludible patrón, el film no logra respirar en otros ámbitos, generando además una antipatía que se deduce de un personaje con el que finalmente tendremos que conectar de un modo u otro— desarma valiosas cualidades, como la de su puesta en escena, que más allá de si acierta o no, demuestra una capacidad insólita para generar incomodidad —aunque, en el fondo, no deje de regurgitar ideas ajenas, como si de un Gaspar Noé de Hacendado se tratase—.

La habilidad del de Pensilvania al componer tonalidades dentro de un mismo film, llevar a sus personajes a un nuevo estrato —como demuestra en ese acertadísimo cuarto acto— y amplificar la percepción que obtenemos acerca de los mismos está, pues, fuera de toda duda. Por tanto, y por más que su protagonista centre miradas y se transforme en una suerte de espejo-objeto de lo que en síntesis propone Her Smell, su falla no está tanto en la forma en que lo empuja el resto de elementos, sino en la capacidad de absorberlos —ayudada por ese abigarrado aparato formal— desdibujando su discurso entre idas y venidas; todo hasta tal punto que a Ross Perry no le queda otra que verbalizarlo en más de una ocasión, con tal de que no se pierda ante su ostentosa creación.

Descompensada, irregular y revestida desde lo formal, tal como si un reflejo de la propia Becky Something se tratara, Her Smell contiene logros que, en ocasiones, se disipan ante una intensidad que no parece medir más allá su dispositivo, algo que incluso constata su último (y desencaminado) acto: sus personajes señalan aquello que se debería desprender de un ambiente cambiante —en especial, en su segunda mitad—, y que finalmente debemos oír en boca de los mismos por la falta de convicción de Ross Perry lejos de los mecanismos visuales. Todo ello por no hablar de un cambio de tono que, si bien no deja de sostener una coherencia en la progresión del film, se siente excesivamente almibarado —en especial, en contraste con el resto del relato— en su acto final. Cierto, Her Smell es una pieza arrojada, no exenta de riesgo por el volantazo que supone dentro de las habituales estructuras del cineasta, pero del mismo modo fallida y poco certera, por más que invite a lo que podría ser una interesante evolución dentro de lo que es el cine de su autor.

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