Fallece el gran maestro del cine centro-europeo Miklós Jancsó

Nos hemos despertado este último día del mes de enero de 2014 con la triste noticia del fallecimiento de uno de esos últimos mohicanos del cine de autor europeo de los años sesenta que aún permanecían con vida para goce y disfrute de los incondicionales de ese cine de arte y ensayo al que cada vez le quedan menos resortes de inspiración a los que acudir de vez en cuando. Jancsó ha fallecido a los 92 años de edad en Budapest tras perder la batalla con una larga enfermedad que le mantuvo alejado de la vida pública los últimos meses de su estimulante vida. ¿Qué representó Miklós Jancsó para la historia del celuloide? Buena pregunta, ya que el maestro y fundador de esa escuela húngara de cine que gracias al impulso otorgado en los últimos tiempos por el ilustre Bela Tarr está tan de moda entre los cinéfilos más sesudos ha sido hasta hace relativamente poco tiempo un auténtico desconocido en España. Su cine ha gozado de una nula promoción permaneciendo mayoritariamente en el más absoluto anonimato público. Sin embargo, no cabe duda de que sin el cine de Jancsó el arte del anteriormente mencionado Tarr o de autores como Carlos Reygadas, Giörgy Fehér o Aki Kaurismaki no sería igual que el que conocemos hoy en día.

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Como comentaba en la reseña de Los rojos y los blancos escrita para esta misma web, Miklós Jancsó para mi es un cineasta imprescindible que ha jugado un papel fundamental en la evolución del cine moderno en general y en el magiar en particular, esto es, ese cine caracterizado por estar rodado en blanco y negro con preeminencia de largos planos secuencia con ínfimos cortes de montaje y en el que la acción fuera de campo juega un papel tan importante en la narración como las secuencias filmadas en primer plano. Del mismo modo la obra de Jancsó está repleta de títulos que localizaban la acción en tiempos pretéritos contaminados por la mala semilla de la Guerra y sus circunstancias en las que se aprovecha este hecho para lanzar una ácida crítica en contra de la violencia y la mezquindad presentes en el alma del ser humano. La mirada del autor húngaro siempre me pareció muy ambigua y compleja, resultando bastante aventurado sintetizar con una etiqueta la ideología y forma de ver el mundo que poseía el director magiar.

La vida de Jancsó fue una película en movimiento repleta de momentos de misterio, tensión, pasión, amor, adaptación a los diferentes ambientes en los que dejó cátedra de su impagable genialidad e incluso ambiente bélico e intrigas políticas, es decir, una auténtica novela convertida en existencia vital. Nacido en un pueblecito cercano a la capital, el joven Jancsó creció en la convulsa Hungría de los años treinta. Cursó estudios en una escuela de carácter religioso para posteriormente licenciarse en derecho, carrera que no ejerció profesionalmente. Tras terminar sus estudios de post-grado en el histórico año de 1944, el joven Miklós fue llamado a filas del ejército húngaro que combatía en contra de las fuerzas aliadas en la II Guerra Mundial, siendo hecho prisionero por las fuerzas soviéticas a los pocos días de su incorporación a primera línea de combate. Este suceso marcaría de por vida la personalidad de Jancsó tal como se refleja en la obsesión que ostentaba el cineasta húngaro en sus primeras obras a la hora de reflejar la estupidez y la barbarie existente en cualquier conflicto bélico (de hecho uno de sus primeros éxitos internacionales, Mi camino a casa, relataba con un tono claramente autobiográfico esta experiencia sufrida por Jancsó).

Tras la culminación de la Gran Guerra, Jancsó se alineó con las propuestas del Partido Comunista húngaro participando activamente en los nuevos vientos políticos que agitaban el país centro-europeo. Su pasión por el séptimo arte lleva a Jancsó a matricularse en la Escuela de Cine de Hungría en la que se licencia con honores. El primer contacto profesional del novato cineasta magiar fue con el cortometraje. Durante un período de ocho años, que abarca desde 1950 hasta 1958, Jancsó rodó infinidad de cortometrajes, formato éste que sirvió al maestro para fogearse en la técnica del montaje y la fotografía experimental así como para adquirir la formación necesaria para dar el salto al largometraje con la seguridad de un viejo doctor experto en el arte cinematográfico de vanguardia. Este período de transición coincidió históricamente con la muerte de Stalin y la consiguiente decadencia del Régimen stalinista, sistema que con el paso de los años desencantó a un inicialmente combativo Jancsó.

Miklós debutará en el largometraje en el año 1958 con una película bastante maldita y desconocida (para un servidor) titulada Las campanas se han ido a Roma cinta ambientada en las postrimerías de la II Guerra Mundial (como hemos comentado una de las obsesiones del primer Jancsó) en la que ya se reflejaba la fascinación de Jancsó por los efectos que la violencia de la guerra insufla en las personas afectadas por el conflicto.

cantata

La que se puede considerar como la primera película perteneciente al universo del director es sin duda Cantata, película de cine de autor puro y duro que bebe de la influencia del Antonioni más radical en la cual ya se depura el estilo del cineasta húngaro compuesto por esos interminables planos secuencia tan hipnóticos así como el silencio más introspectivo como señas de identidad. Tras este ejercicio de expresionismo, Jancsó continuó sentando las bases de lo que posteriormente se conoció como la escuela de cine húngaro de los sesenta, dramaturgia a la cual perteneció igualmente otro de los grandes paradigmas de esta corriente como es István Szabó.

Dos años después de Cantata, la carrera de Jancsó dio un paso adelante con la que para mi es su primera obra maestra, la anteriormente mencionada Mi camino a casa, obra de tintes autobiográficos que narra las peripecias de un joven soldado húngaro en los últimos días de la contienda mundial en su afán por regresar a su patria huyendo de sus captores. Obra magnética como pocas y repleta de planos de una belleza pictórica supina se trata de la que para mí es la primera muestra de cine húngaro en su más pura esencia.

Tras esta obra magna del cine, Jancsó retornará por la puerta grande con la esencial Los desesperados, otro drama histórico ambientado en la Hungría del siglo XIX y que podríamos considerar el germen de la posterior Los rojos y los blancos puesto que al igual que ésta última Jancsó aprovechó este acontecimiento histórico para narrar con una mirada descreída la fascinación que por la violencia siente el ser humano. Como un narrador omnisciente y objetivo, Jancsó no duda en mostrar en primer plano los abusos de poder instaurados por los estamentos militares húngaros en contra de los oprimidos campesinos. Jancsó fotografía la violencia con un tono frío cuasi documental que literalmente congela la sangre a través de planos secuencia prolongados en el tiempo hasta el infinito que dotan al film de una atmósfera inquietante. Sin duda un fresco bosquejado con la intención de lanzar una metáfora para plasmar la dualidad abuso de poder-represión de los oprimidos, tan característica del primer cine del autor europeo.

Los dos siguientes títulos de Jancsó son simplemente magistrales, ambientados en las luchas que enfrentaron a los partidarios de la Revolución soviética con los afines al Régimen tradicional húngaro: la contundente y sólida Silencio y grito y la ya reseñada en Cine maldito Los rojos y los blancos. En ambas cintas se siente la firma autoral del maestro ya poseedor de un estilo muy depurado y refinado en el que la fotografía magnética de los paisajes rurales y salvajes de la meseta húngara es revestida con historias en las que la violencia ejercida por los militares castrenses brota en cada palmo de metraje. Dos cintas que podemos comparar sin temor a equivocarnos con La cinta blanca de Haneke por su estudio intimista y reflexivo de los tejemanejes que inspiran la crueldad humana. Dos cintas que junto a la mencionada Los desesperados conforman la denominada trilogía de la Historia de Hungría de Jancsó.

la pacifista

Tras este aclamada trilogía Jancsó rodará tres películas importantes en su carrera: La pacifista, Egy Barany y Siroco de invierno (su primera película con capital francés). Son los principios de los setenta y la carrera de Jancsó se expandirá más allá de las fronteras nacionales húngaras, de modo que el cineasta magiar se asentará en Francia y fundamentalmente Italia por medio de su asociación profesional y personal con la guionista Giovanna Gagliardo (pareja de Jancsó en la década de los setenta).

Un último coletazo de genialidad magiar fue Salmo Rojo, película con la que Jancsó fue agasajado con el premio al director en el Festival de Cannes y sin duda una de las piezas más singulares y extrañas del cine europeo de los setenta. La película es una especie de musical repleto de imágenes cautivadoras de los moradores rurales de finales de siglo XIX e igualmente narra un levantamiento popular surgido de las clases más oprimidas del pueblo. Las canciones populares se mezclan con secuencias plenas de surrealismo y poesía en la que otro de los puntos esenciales del cine de Jancsó, la desnudez femenina, campa a sus anchas para goce de los ojos del espectador.

En esta misma línea Jancsó firmó otra rareza como Elektra my love, película que adaptaba con una narrativa poética apoyada en una puesta en escena espectacular el mito de Eurípides en los bellos parajes agrestes húngaros, famosa a su vez por el mito que asegura que la película se rodó con el simple recurso de empalmar once planos secuencia. Este atrevimiento impactante supuso quizás la última muestra del cosmos puramente Jancsó. A continuación el director europeo acometió un proyecto radicalmente opuesto a su cine más innato. Así pues con Vicios privados, públicas virtudes Jancsó abrazó el cine erótico y de destape tan de moda en los setenta, sin duda toda una pieza de museo del cine erótico de trincheras tan presente en aquella época.

elektra my love

A finales de los setenta el arte de Jancsó atravesó un bache profundo de modo que las producciones del artista magiar se espaciaron en el tiempo motivado por la dificultad de hallar financiación. No fue hasta finales de los noventa y principios del siglo XXI cuando el nombre de Jancsó retornó a un primer plano gracias a la serie de cintas protagonizadas por unos enterradores de Budapest de gran éxito en el país magiar. Se nos fue, tal como se desprende del repaso de su vida y filmografía, un referente del cine mundial, luz de cineastas contemporáneos y pretéritos que sentó las bases de una nueva forma de concebir el arte cinematográfico basada en la belleza reposada de la imagen así como en la observación reflexiva e intimista de la historia, para verter de este modo una metáfora acerca de los patrones de repetición que continúan aprisionando al ser humano en el tiempo presente. Un genio al que gracias a la magia del cine podremos acudir cuando queramos empaparnos de arte en estado puro.



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