No es casualidad que Mauricio Freyre, director de Estados generales (2025), citase Dahomey (2024) de Mati Diop como una título afín al cometido de su película. En ambas hay una idea de recuperación, o un intento por restaurar y devolver una memoria que fue usurpada. En aquella que es referenciada, su propósito está ligado al traslado de una serie de estatuas que, tras un largo proceso judicial y burocrático, son llevadas desde París hasta la actual República de Benín, su país de origen. En esos términos, el film se interroga observando un mosaico de miradas e interpretaciones, abriendo un debate sobre la identidad moral y política de ese hecho. Desde la inconformidad y los dilemas que conlleva dicho movimiento, la cineasta opta por huir de lo presumible y adentrarse en el interior de los objetos desplazados, dotándolos de una voz independiente y convirtiendo la propuesta en un poderosísimo espacio de debate lleno de matices, contradicciones y preguntas. De alguna manera, Freyre también habla de ese trayecto, desde esa materia desligada y de la importancia de estas mismas preguntas; en un ejercicio cercano a lo sensorial centrado esencialmente sobre todo el material vegetal almacenado en el Jardín Botánico de Madrid que fue recogido en expediciones coloniales alrededor del siglo XVIII.
En la observación de ese archivo, lo más llamativo reside en la forma que emplea para acercarse al mismo. Apartándose del antropocentrismo fílmico, la película se aproxima a la propia materia a tratar, en una concatenación de imágenes cercanas a lo elemental, donde todas esas semillas y plantas sin catalogar son mostradas en una especie de retahíla poética al descubrirse desde lo desconocido. Ante la revelación de las mismas, el cineasta dota de una segunda vida a la incertidumbre que recorre su origen, allí donde también reside su subtexto ensayístico y eminentemente político; preguntándose cómo estas pueden o deben ser miradas. En dicha vocación, la obra permanece al margen de subrayados o acentos dramáticos que desvíen su posición, en una transparencia sobre sus interrogantes que sugieren la intención de compartirlos con el espectador.
A pesar de servirse de una categorización documental y etnológica, la voluntad artística de Mauricio Freyre también se apoya en la textura misteriosa del objeto estudiado y la libertad que ofrecen los pliegues de la ficción. En esos términos, el film es envuelto por una mística sumamente distintiva —en un cuidadísimo diseño sonoro—, articulando un dispositivo formal y narrativo abierto a sus derivas y fijaciones; motivación especialmente notoria durante las secuencias que transcurren de noche. Esta misma fascinación también es trasladada por todo el espacio archivístico y arquitectónico, retratando el vacío existencial que envuelve esos lugares desprovistos de identidad. A través del retrato de diferentes infografías y aparatos tecnológicos aplicados al estudio biológico o científico, ese extraño microcosmos evoca la sensación de un cine próximo a la ciencia ficción, como si todo ese aparataje correspondiera a una investigación alienígena.
De pronto, en su segunda mitad, como si de la resurrección de Samsara (2024) se tratase, la película transmuta orgánica y espiritualmente hacia otro lugar; llevando al espectador hasta un campo agrícola localizado en el sur de Perú. Allí, la cámara examina los procesos de trabajo y recolección, en un ejercicio orbital que va contemplando la explotación masiva de dichos recursos y cómo la transformación de ese alimento transgénico y sin semillas se distribuye en largas cadenas automatizadas. Nuevamente, sin alardes o golpes de estilo, la exploración de esos contrastes invitan a pensar más allá de la denuncia evidente, en una idea cercana al alma y los orígenes que reivindican su postura como un ejercicio de resistencia dispuesto sobre la superficie material y natural, pero también sobre la propia imagen.
Estados generales es un excepcional debut en el largometraje que invita a la abstracción y la ensoñación de unas formas y un espacio realmente únicos. Sin embargo, su cualidad expeditiva convida a destacar su relevancia como un documento evocador que recuerda la importancia de reseguir la historia y el pasado, ya sea desde las preguntas que sugiere su desconocimiento o desde la ilusión y la posibilidad de recuperar aquello que permaneció oculto. Un ejercicio incisivo que se desplaza del esquema y la norma como una valiosísima pieza de arte en diálogo con su puesta en escena y discurso.









