Entrevista a Constanza Novick, directora de El futuro que viene

 (*)

En la 55ª edición del Festival Internacional de Cine de Gijón se pudo contar en su Sección Oficial con la proyección de la película inaugural El futuro que viene. La ópera prima de la argentina Constanza Novick (Buenos Aires, 1975) cuenta con la producción de Lisandro Alonso (Jauja, 2014) y la presencia de dos actrices que ya habían estado en entregas recientes del certamen como Pilar Gamboa y Dolores Fonzi. La película captura en tres bloques correspondientes a tres etapas temporales la evolución de una amistad forjada en la adolescencia que se presenta con eternos conflictos sin resolver, sus diferencias de carácter y las consecuencias de los devenires inesperados de las vidas de ambas, muy a pesar tanto de sus planes propios como de los sueños compartidos. Con la directora pude charlar de su experiencia debutando en el largometraje y el fantástico recorrido que ha logrado con su film —tanto en festivales como en su alcance comercial en Latinoamérica—, además de su perspectiva sobre el drama y la comedia en ella, la representación de la amistad de sus mujeres protagonistas, la estructura del relato y las influencias en su narración.

Ramón Rey: ¿Qué ha significado para ti el tener la colaboración de alguien como Lisandro Alonso apadrinando tu primer largometraje?

Constanza Novick: Por supuesto que la relajación de tener apoyo antes que nada. Yo le decía en chiste que iba a poner en riesgo todo su prestigio. Sentía la presión de no estar a la altura de las circunstancias, en el sentido de que dijeran en las sociedades machistas en las que vivimos que producía mi película por ser mi esposo. Por suerte no sucedió. Por suerte todos los comentarios fueron buenos y se festejó el hecho de que él pudiera haber colaborado en un proyecto tan distinto a los que él hace, donde la naturaleza de la película es completamente distinta. Entonces digamos que apoyo primero, presión un poco y agradecimiento.

R. R.: La película luego fue seleccionada para Toronto y has encontrado distribución para Latinoamérica creo que con Disney. Has tenido mucha suerte para ser un debut.

C. N.: Tuve una junta con uno de los directivos de Disney cuando no había empezado a rodar. Le expliqué cuál era la situación de la película. Lo que yo vaticinaba era que si no tenía un distribuidor fuerte la película iba a pasar totalmente desapercibida. Lo convencí de que me ayudara y de que me apoyara y de que distribuyeran la película. Se arriesgaron con una ópera prima de alguien de quien casi no conocían el trabajo. Eso sí diría que fue un golpe de suerte.

Y en cuanto a lo de Toronto, la verdad es que la película yo no la pensé nunca para festivales. Eso es una realidad. La película era la película que yo quería hacer. Conozco el mundo de los festivales a través de Lisandro. Viajamos por todos lados. Él es una de las personas que más ha viajado de Argentina, sus películas se han visto por todos los festivales del mundo. O sea, que conozco perfectamente el tipo de películas que son más festivaleras —por decirlo de alguna forma— y no tenía la expectativa. Sí quería que la película viajara y que se pudiera abrir a otros públicos, pero no tenía la presión puesta ahí. Cuando mandamos la película a Toronto y a Diana Sánchez (programadora del TIFF para Latinoamérica) le encantó y me dijo que la iba a programar en Discovery fue una gran alegría, porque fue un espaldarazo muy grande. Ahora empezó su recorrido y su camino y parece que sí, que es una película que también se puede ver en festivales. Eso me alegra mucho, por supuesto.

R. R.: Alegra mucho ver ese tipo de secuencias musicales como la inicial de tu película, con tanta alegría y tanta energía en un festival, donde normalmente son mayoritariamente títulos más serios.

C. N.: Sí, por supuesto. Cuando mando la película a algunos festivales apadrinada por la figura de Lisandro, me imagino lo que los programadores piensan que van a ver y me río sola de antemano pensando en la reacción que van a tener cuando la vean. Porque seguramente no se parece en nada a lo que están esperando. El camino de lo más novedoso, de lo más original, fue poder hacer lo que quise sin estar pensando de antemano qué iba a pasar con los festivales.

R. R.: Has podido contar con dos nombres muy reconocibles del cine argentino ahora mismo como Dolores Fonzi y Pilar Gamboa, que manejan espléndidamente el drama y la comedia.

C. N.: A Dolo yo la conozco hace muchos años, es mi amiga hace muchos años y conozco perfecto el registro que tiene y me gustaba la idea de ponerla en un personaje distinto a lo que siempre la vemos. Ella tiene un tema con el casting. Le digo siempre que tiene un problema de casting al ser tan hermosa, —en chiste le digo— que se le complica lo más cotidiano de pensarla en una parada de un colectivo o trabajando en un trabajo burocrático. Porque tiene esa cara que es como muy llamativa. Ella es una actriz tan increíble, con tantos recursos y que ha crecido tanto en todo este tiempo, que creo que logra sobrepasar eso y hacer creíble todo lo que hace. Cada personaje que hace le encuentra la vuelta. En este caso la comedia esta por ahí un poco más virada hacia el lado de Flor, del de Pili, que también es una actriz más dramática. Se la ve más en el teatro en cosas dramáticas, pero es una gran comediante. Y la dupla era muy divertida, porque fuera de cámara ellas se divertían mucho y construyeron una amistad. Fue muy gratificante ver eso.

R. R.: La historia está dividida en tres etapas. El origen de la amistad incondicional en la adolescencia era necesario para entender la profundidad de su relación en las otras dos partes que muestras como adultas, con sus diferencias en la veintena y sus conflictos que surgen por el lastre del pasado en los treinta.

C. N.: Pienso que hay algo ahí que es verdad. En esa etapa de la pubertad cuasiadolescencia los vínculos de la amistad se hacen como de dependencia. Las chicas se empiezan a vestir iguales, se prestan la ropa, duermen una en la casa de la otra… y hasta les termina gustando el mismo chico. Son años donde todo se vive con mucha intensidad. Como todo lo emocional, lo hormonal explota y me parecía que estaba bueno que empezara a contar desde ahí y que el origen sea ese tipo de vínculo tan pasional. Esa época en particular me parecía interesante para explorarla. Y como decía recién en la conferencia de prensa, como no se me ocurría cómo incluirlo dentro de la trama a modo ‹flashback›volver al pasado y volver al presente—, me parecía más fácil directamente contarlo en un bloque entero.

R. R.: Se muestra cómo las circunstancias familiares y sociales marcan su vida, cómo los planes se frustran por situaciones inesperadas, pero siempre para mostrar cómo afecta esto a su amistad.

C. N.: Para mí la película siempre fue la historia de la amistad, más allá de la historia particular de ellas dos. Incluso en el montaje había muchas cosas que quedaron afuera que tenían que ver más con profundizar la historia de una y la historia de otra —que me interesaban—, pero me di cuenta que el foco no tenía que estar ahí sino en la relación.

R. R.: Llama la atención el momento de la fotografía de El futuro que viene, que es muy representativa de cómo es el personaje de Fonzi de pensar en el futuro pero se conforma con lo que le llega, que es justo lo opuesto a lo que hace el personaje de Pilar Gamboa.

C. N.: De hecho he recibido algunos comentarios con ese tinte de «¿pero por qué son amigas estas dos?» Creo que en los momentos de máxima complicidad, ahí te das cuenta por qué son amigas. Es verdad que es una relación muy ambivalente y es verdad que, como dije antes, la ficción hace que uno tenga que construir un sostén donde los hechos sean llevados al extremo. Las peleas son muy exageradas, los encuentros también y la dependencia que tiene una con la otra también es un poco exagerada. Pero es parte de la construcción de la trama. Si bien es cierto que son opuestas, creo que muchas mujeres tienen amigas que mantienen desde la infancia que tal vez hoy no las elegirías, pero sin embargo hay algo de la historia compartida que es inigualable. Nadie te conoce como esa amiga que te conoció cuando eran chicas y que vivió tantas cosas. Es un poco difícil separarse de eso.

R. R.: Esta ambigüedad es el motor tanto del drama como de la comedia, impregnada por la exageración melodramática de la película que ven en televisión de Nadia Comăneci.

C. N.: La película de Nadia Comăneci a mí me fascinaba. De niña la veía y hasta el día de hoy recuerdo los diálogos de la película de memoria. El inicio de mi trabajo como dialoguista o como guionista fue el contacto con esa película. Había un drama ahí muy intenso, de dos amigas que se amaban pero que una era mejor que la otra. Una era emocionalmente más débil —porque Nadia era más débil y Teodora (Ungureanu) era más fuerte— pero la otra era mejor. Y se amaban y competían. Sí, es como una especie de símbolo. Funciona como espejo de lo que se cuenta en la película. Hay algo de eso. Otro crítico me dijo que hay algo en todo el segmento de la infancia que alude mucho a la televisión y a cómo ellas miran la televisión. O cómo ellas se relacionan con este chico, que es como un galán de televisión. Me parece que nuestra infancia —la infancia mía, de los que crecimos en los ochenta— estuvo más atravesada por la televisión, por la novela y por el que te gustaba de la novela, por vivirlo como el mundo medio idealizado de la telenovela infantil. Está un poco presente, es verdad.

R. R.: La estructura de la historia es circular. Acaba con ellas teniendo hijas a las que crían con sus propias experiencias vividas. Igual que la repetición de la dinámica entre ellas dos, integrada en el relato acaba con lo que parece un final abierto…

C. N.: Para mí no es un final abierto. Porque ella dice «Flor, mañana la llamo». Bueno, alguien puede pensar que dice eso pero no la llama. El guión originalmente no tenía ese momento donde la llamaba por teléfono y al final lo incluí. Para mí lo que le da esa última línea de diálogo es la sensación de que lo que pasó no fue tan grave. Fue un episodio más en un conjunto de episodios que se fueron dando toda la vida. Esto que para el espectador es una pelea, para ellas es un momento más de choque y después mañana vuelven a empezar. Pero también me interesa la mirada de afuera. Si la sensación es que es un final abierto, está bueno también pensarlo así.

R. R.: Destaca desde el punto de vista del género la ambigüedad de la relación entre ellas dos y sus conflictos, pero representada de forma realista y no como algo tóxico. Ese tipo de relación no se da igual entre los hombres y se suele mostrar como algo nocivo.

C. N.: No fue una intención deliberada pero entiendo lo que decís. Me parece que los hombres se relacionan de otra manera. Creo que la amistad entre los hombres va por otro carril directamente. No digo que no tenga profundidad o que no lleguen a niveles de complicidad o de intimidad. Creo que sí, pero se da de otra forma. Pensaba incluso en qué van a pensar las mujeres, cómo lo van a ver. La mayoría se siente identificada, porque tiene esa amiga con la que tiene ese tipo de relación. O tuvo esa amiga o tuvo un momento con una amiga. Intenta ser realista en un punto, exagerada por la ficción como te decía antes, pero la búsqueda es esa. Contar que esa cosa estereotipada de que las amigas «¡Ay, somos todas divinas y somos todas buenas, vamos al gimnasio juntas!» es mentira. Y también es mentira que nos queremos serruchar el piso y competimos.

Creo que cada vez más se da estas redes de solidaridad entre mujeres y esa sensación de que entre nosotras nos cuidamos y nos protegemos, nos ayudamos. Sobre todo cuando una es madre ve que no hay nada mejor que otra madre para darte una mano. Y estas redes de mujeres que nos ayudamos crece y se vuelve más fuerte. Y esto es independiente del feminismo. Esto es algo que es ancestral y que viene de las comunidades más primitivas, donde las mujeres se ayudan entre sí. Me parece que está bueno contar que las mujeres nos ayudamos y que también somos humanas y tenemos estas ambivalencias y estas rivalidades. Lo cual no implica ese otro estereotipo al que mencionabas vos antes

R. R.: ¿Habías visto Rich and Famous (1981) de George Cukor?

C. N.: La vi cuando ya había filmado. Cuando estaba en el montaje un crítico me la recomendó. Me gustó mucho, pero tiene algo que difiere de la mía: que hay un hombre en el medio.

(Entrevista realizada el 18 de noviembre de 2017)

*Fotografía de Constanza Novick cedida por Carolina Noval



Deja un comentario