El sueño de Ellis (James Gray)

Para huir de la devastación que la Primera Guerra Mundial (por aquel entonces, Gran Guerra) dejó en el continente europeo, numerosos hombres y mujeres abandonaron sus hogares con la esperanza de encontrar refugio al otro lado del charco, en lo que hoy conocemos (con mayor o menor acierto) como “tierra de las oportunidades”, o Estados Unidos de América a secas. James Gray dirige y escribe El sueño de Ellis, cuyo título original The Immigrant puede resultar más acertado, y que recoge una de esas miles historias migratorias de europeos que llegaron a Nueva York a comienzos de los años 20. En este caso, la de la polaca Ewa que llega con su hermana Magda a la neoyorquina isla de Ellis en busca de una vida mejor.

Además del gran director que firma esta cinta y que a muchos ya nos encandiló con sus dos anteriores trabajos, La noche es nuestra y sobre todo Two Lovers, los principales reclamos de la película parecen encontrarse en el plano actoral. Ya desde el cartel promocional vemos que la protagonista es la espléndida (física e interpretativamente) Marion Cotillard, que encarna a Ewa con descarnada sensualidad y curioso acento. La actriz francesa está escoltada por nada menos que uno de los mejores actores estadounidenses de este siglo como es Joaquin Phoenix y que interpreta un papel que le viene casi al dedo: Bruno, un proxeneta con serios problemas para aceptar lo miserable de su trabajo tras conocer a Ewa, a la que emplea como actriz-prostituta.

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Llama la atención lo bien recreada que está la atmósfera de Ley Seca, sin llegar a la calidad de obras como Boardwalk Empire pero haciendo uso de una fotografía un tanto gris muy a tono con el paisaje y con la trama. Porque a nadie se le escapa que El sueño de Ellis es un drama con visos trágicos, no es la típica historia de superación y posterior felicidad con la que muchas veces se ha querido asociar a los que emigran a EEUU. Los primeros minutos despejan cualquier atisbo de duda: Magda es recluida en el hospital del puerto de Ellis a la espera de concretar cuál es su enfermedad; Ewa, desesperada, acude a Bruno, quien le ofrece recuperar a su hermana a cambio de trabajar para él. Atentos a los rostros que ofrecen ambos protagonistas durante estas escenas: Cotillard refleja la inocencia y la esperanza, mientras que Phoenix aparenta elegancia y caballerosidad. Nada que ver con lo que representarán media hora más tarde. El fruto de esta espléndida evolución es mérito atribuible a la inmensa calidad interpretativa de sus actores y no tanto al texto original que ofrece alguna que otra laguna en este aspecto.

Pese a la obvia crueldad de la historia, los momentos dramáticos son honestos y no buscan desesperadamente la emotividad. Por así decirlo, no es una película demasiado apta para derramar lágrimas, excepto en una de las últimas escenas de la obra donde Phoenix y Cotillard se desatan por completo y ofrecen al público un notable espectáculo de dos seres destrozados por dentro y por fuera. En la dirección de actores está la fuerza de El sueño de Ellis y no tanto en un guión algo irregular que por momentos no se termina de definir. Es el plus que le ha faltado a Gray por pulir para poder alcanzar la talla de Two Lovers, aunque es necesario reconocer la mayor dificultad que entraña un escenario tan ambicioso como esta Nueva York de entreguerras.

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Difícil buscarle más pegas que la mencionada a una cinta que cumple con las expectativas que rodeaban a su reputado trío director-actor-actriz y que ofrece una crónica desgarradora sobre algo no concretado en la realidad pero que bien pudo suceder tal que así. El sueño de Ellis es la enésima gran interpretación de Joaquin Phoenix, una nueva caracterización magistral de Cotillard y la confirmación de que James Gray es uno de los autores que hay que tener más en cuenta en el panorama cinematográfico actual. Una película incómoda y angustiosa, pero que deja un regusto muy dulce al llegar los créditos finales.

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