E Agora? Lembra-Me (Joaquim Pinto)

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Es evidente que todo artista trata de trasladar a su obra varias de las preocupaciones que mantiene en el día a día, incluso experiencias reseñables que haya tenido a lo largo de su vida. Pero, en ocasiones, la dureza de la realidad supera cualquier consideración relativa a la ficción y el cineasta se ve casi en la obligación moral de ir un paso más allá. Algo así le ha sucedido a Joaquim Pinto, un hombre que empezó en el séptimo arte como técnico de sonido (gracias a lo que trabajó, por ejemplo, con el recientemente fallecido Manoel de Oliveira) pero que poco a poco fue adentrándose en la dirección de largometrajes. Sin embargo, un hecho marca su vida por encima de su trabajo: la lucha contra el SIDA y la hepatitis C que lleva manteniendo desde hace 20 años. Una enfermedad que marcó un antes y un después en su carrera artística y que ahora llega a su punto culminante con el documental E Agora? Lembra-Me (en castellano sería ¿Y ahora? Recuérdame), en el cual el propio Pinto repasa su vida y los tratamientos médicos, a menudo experimentales, a los que se ha ido sometiendo para curar su afección.

La cinta actúa casi a modo de crónica documental sobre los pasos que el director portugués ha dado en diversos ámbitos desde que le fue diagnosticado el VIH. No sigue una línea narrativa demasiado clara, sino que va desgranando poco a poco diversos aspectos de su vida. Así, tan pronto acude a sus inicios en la escuela de cine como introduce tomas en las que aparece él mismo con su marido Nuno y sus cuatro perros, a los que el propio cineasta demuestra tener un cariño sin parangón. Precisamente en un momento del documental se alude al padecimiento de uno de ellos, Rufus, que se encuentra muy en consonancia con las vivencias del luso. Los veterinarios habían aconsejado sacrificar al can, puesto que no merecía la pena dejarse una cantidad grande de dinero en la operación; sin embargo, Pinto siguió adelante con la cirugía y salvó a su animal. Algo parecido le debieron decir a él mismo cuando contrajo el VIH en una época donde esta afección era considerada casi como la antesala de la muerte, pero en ocasiones, y como bien demuestra este filme, la fuerza de voluntad puede sobrepasar a la misma ciencia.

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El documental viene marcado con un claro signo personalista. La figura de Joaquim Pinto, como es obvio, abunda sobre todo lo demás. A través de primeros planos que nos enseñan el rostro del protagonista. Sería faltar a la verdad, empero, si dejáramos caer que E Agora? Lembra-Me es una especie de pieza onanista en la que su director demostrase un ego fuera de lo común. Nada más lejos de la realidad: asombra la cercanía que Pinto mantiene con el espectador a la hora de contar sus problemas, sus miedos, sus alegrías, las tardes que pasa jugando con sus perros, incluso varios momentos íntimos con su marido, hasta el punto de que podríamos extender el comportamiento del director a cualquiera que haya pasado por circunstancias similares. Este choque entre amor y sufrimiento define buena parte del sentido del documental, ya que se deja entrever muy claramente que este último jamás se podría derrotar sin la participación del primero. Una historia que tiene buena parte de su entidad en Madrid, lugar donde Pinto ha acudido periódicamente para llevar a cabo los mencionados tratamientos experimentales.

Pueden asustar sus 164 minutos y el hecho de que sea una película de signo bastante autoral, pero realmente E Agora? Lembra-Me no llega a acusar una falta de ritmo demasiado grande ni, desde luego, trata temas que pudiéramos considerar como poco interesantes. Sí es cierto que por momentos resulta algo densa, en parte debido a que el documental no tiene mayor hilo conductor que la figura del propio director y en ocasiones el montaje da mucha rienda suelta a la creatividad (ya lo denota esa primera escena con la babosa arrastrándose, simbolizando en cierto modo lo que le sucede al cineasta), pero analizándola de manera global vemos que trata aspectos que trascienden la figura de Joaquim Pinto a través de un buen puñado de referencias a la historia del cine y también acerca de la sanidad pública, sobre el tratamiento para la hepatitis C que tan a debate está últimamente en nuestro país. Por tanto, la obra de Pinto no sólo es recomendable si uno quiere descubrir la vida de un autor singular, sino, y muy especialmente, sirve como ejemplo del duro día a día que tienen que llevar aquellos que padecen enfermedades como las del protagonista. Un hombre que, a pesar de todo, muestra ante la vida una enorme esperanza.

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