Cuando las actrices soñaron la democracia

Recorremos un libro colectivo que se suma a los estudios previos El cuerpo erótico de la actriz bajo los fascismos (Cátedra, 2018) y El deseo femenino en el cine español (Cátedra, 2022), ambos editados por Xavier Pérez y Núria Bou y destinados a explorar el papel de las ‹stars› desde el punto de vista de los cuerpos, de los gestos y de las imágenes fílmicas del pasado.

¿La vida refleja las realidades representadas en el cine o más bien es al revés, es el cine el que nos acerca a la vida desde insospechadas capas de comprensión?

Las maneras de entender los estudios fílmicos pueden llegar a ser tan variadas como películas y tendencias existentes. Al mismo tiempo, eso no debe impedir que se identifiquen denominadores comunes que no sólo atañen a las obras resultantes, sino también a sus estrategias de representación, a sus condiciones de creación y a otros factores vinculantes. Por no mencionar la necesidad de establecer metodologías y sistemas de estudio que rijan estas aproximaciones.

Así lo constatan el grupo de investigadores e investigadoras que han participado en la recopilación de ensayos Cuando las actrices soñaron la democracia (Cátedra, 2025), una historia del cine español abordada con una infrecuente minuciosidad y con un admirable rigor hermenéutico. Las protagonistas de la publicación son diez actrices (Ana Belén, Ángela Molina, Victoria Abril, Carmen Maura, Ana Torrent, Charo López, Amparo Muñoz, Assumpta Serna, Rafaela Aparicio y Verónica Forqué) que en las películas de la Transición encarnaron el anhelo de provocar quiebres asociados a los tabúes morales sobre la femineidad, muy vigentes aún en ese período.

Según los editores Annalisa Mirizio y Gonzalo de Lucas, la voluntad del libro es la de dilucidar los modos en los que dichas actrices movilizan emociones, orbitan en torno al sueño de cultivar un cine alternativo y proponen dinámicas para pensar cómo el cuerpo femenino es productor de subjetividades todavía no contempladas. Los autores y autoras se cuestionan por el campo de tensiones que emerge de la exposición de los cuerpos en películas de Jesús Franco, de José Luis Borau, de Carlos Saura y de tantos otros nombres de realizadores no tan recordados. Las actrices hicieron zozobrar los modelos heredados y dotaron al público de argumentos en favor del incremento de la visibilidad de la situación de las mujeres, cuya agencia se menospreciaba a causa de los estrictos roles de género imperantes durante el Franquismo.

Las historias no sólo se cuentan, sino que también se olvidan o se desdibujan, y siempre hay cabida para nuevos gestos que nutren nuestros imaginarios más allá de las divisiones ideológicas. Esta trilogía, compuesta por El cuerpo erótico de la actriz bajo los fascismos, El deseo femenino en el cine español y ahora Cuando las actrices soñaron la democracia no se conforma en absoluto con ser un estudio genealógico o enciclopédico, más bien es una gran confluencia de intereses compartidos. No es voluntad de sus artífices restringirse meramente al cine español como objeto de estudio, sino que cada uno de los textos presentados demuestra una encomiable amplitud de miras y una capacidad sorprendente para integrar fundamentos de la epistemología cinematográfica, del psicoanálisis, de la teoría feminista o del análisis de la puesta en escena, entre otros. ¿Qué se oculta realmente bajo la comparecencia de las actrices en pantalla, desnudas o vestidas, en primer plano o en plano general, en el salto de una escena a otra o bajo el empaste de las narrativas instauradas? Estos son algunos de los interrogantes que guían el libro, cuyos impulsores piensan la repercusión de las intérpretes en tanto que proyectan formas de deseo desde diversas formas de resistencia. Una manifestación de estas, por ejemplo, es la de la esquivación del falocentrismo heterosexual masculino, orientación que históricamente, en el cine y en las artes visuales, ha asentado una mirada objetual sobre el cuerpo femenino hasta despojarlo de sus cualidades autónomas.

Atender al gesto en el cine exige adquirir una perspectiva antropológica que comprenda con precisión las relaciones de poder, hasta actualizar, en esencia, la pregunta por la libertad, que en el caso de esta comunidad de actrices es más intuida que fehaciente. ¿Cómo se sostuvieron en las lábiles fronteras de lo permitido? ¿Cómo afrontaron la censura y cómo sus rostros y acciones moldearon el deseo, tanto el propio como el ajeno? Si hay algo que transmiten los textos en conjunto es que en el terreno de la sexualidad siempre se desencadenan fuerzas irrefrenables. Los responsables del libro recalan en cómo el cine ha fijado fronteras, ha sido depositario y también ha complejizado los discursos sobre el género, asunto que pide a la investigación un compromiso con lo abierto y con lo irresoluble. Como nos han enseñado la filosofía y la antropología, el concepto de cuerpo es extensible a muchas áreas colindantes, a saber, que cuando se habla de la presencia de una actriz en pantalla inmediatamente se entra en una amplia red de fricciones que sobrepasan el cuerpo en sí, el cuerpo concreto. Específicamente, el femenino se aprisiona en muchas convenciones de carácter sociocultural, estético y político, y el libro las desenmascara a partir de la atención hacia los microgestos, las tramas o el contexto, entre otros posibles hilos.

La pasión investigativa y la elocuencia de sus autores y autoras acaba sugiriendo que la Transición, tal y como la reflejan sus espejos ficcionales, fue un lapso breve e implosivo, artísticamente sutil pero también violento. Estuvo marcado por una imprevisibilidad seductora y también regido por continuos e intensos equilibrios entre la liberación de los instintos femeninos y la duda por cómo restablecerlos en nuevos marcos representativos, entre la apertura y la restricción, el disciplinamiento y la disidencia, la figura y la contrafigura.

Un libro que es, en sí mismo, una toma de posición en defensa de la complejidad, pero que rechaza la dispersión. Se evidencia que el cuerpo en el cine —y con especial hincapié, el de las mujeres— no sólo es el total de momentos de las actrices que se entregaron a sus escenas y que quedaron esculpidas para siempre. Por un lado, el cuerpo es también una parcela de impregnación de los códigos de conducta que guían las películas de cada época y, por el otro, espacios matéricos de inscripción de significados que pasan desapercibidos en la percepción común. En ese sentido, el grupo que ha ahondado en estas cuestiones ha huido de lo obvio para ofrecer una visión fresca sobre cómo nos relacionamos con el cine y, por ampliación, con la coyuntura de las mujeres en condiciones adversas de expresión y de creación.

No hay que pasar por alto que el cine es un arte cuyo lenguaje se rinde al tiempo, al montaje y al movimiento para comprimir el mundo, las identidades y las cosas, aunque ello suponga abrazar la ambigüedad. Alrededor de este punto pivota la labor imprescindible de los estudios fílmicos, permeables a la penetración de otras áreas del saber para solidificar los criterios con los que dialogamos con nuestra cultura, jamás una calle de dirección única.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *