Europa (Franciszka Themerson, Stefan Themerson)

El caso de este matrimonio polaco de artistas polifacéticos viene a sumarse al de otros tantos que sufrieron la desaparición de casi la totalidad de su obra cinematográfica. En esta ocasión, el contexto en que se desarrollaron sus cinco primeros cortos experimentales fue el detonante de la pérdida de la identidad de su primera etapa. Sólo sobreviviría The Adventures of a Good Citizen (1937) con la marcha a París de los dos en 1938 por el auge del fascismo, donde formaron parte de la ‹avant-garde› del momento tras haber abanderado de forma significativa la vanguardia cinematográfica polaca con su innovación sofisticada y revulsiva. Estas películas se almacenaron en un laboratorio de París, sufriendo la desaparición irreparable de su obra maestra Europa a causa de la devastación de la II Guerra Mundial, considerándose perdida unos 80 años cuando fue confiscada por el régimen nazi en 1940.

Sus creadores murieron en 1988 y jamás pensaron ya en recuperar este sobresaliente trabajo, por ello Stefan intentaría suplir el vacío con otra versión en 1984. Sin embargo, en 2019 sería encontrada milagrosamente la original en la Bundesarchiv alemana a cargo de investigadores del Instituto Pilecki. Restaurada por Fixafilm en Varsovia y con una nueva banda sonora compuesta por Lodewijk Muns, Europa cobra interés por su plena actualidad política en este visionario trabajo de los ’30 que refleja el horror por el auge del fascismo, tendencia que crece alarmantemente en nuestro presente en Europa y EEUU. Las personas encargadas de la remasterización se encontraron con la duda de cuáles de los daños visibles eran producto del deterioro por el paso del tiempo o intencionadas por los cineastas manipulando el celuloide para aportar texturas. En 2021 sería reestrenada la copia restaurada en el Festival Internacional de Londres para su redescubrimiento, compensando tantos años de oscuridad y silencio de este corto experimental surgido de un poema de Anatol Stern.

La actualidad llama a la puerta de nuevo para este matrimonio, ya que este 19 de febrero se podrá disfrutar en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) de una sesión en la que se proyectarán Europa (1931), The Adventures of a Good Citizen (1937) y su posterior obra en Inglaterra Calling Mr. Smith (1943), The Eye and the Ear (1944) junto al documental Stefan + Franciszka de Tomasz Pobóg-Malinowski (1974-75).

Pero, ¿quiénes eran Franciszka y Stefan Themerson? Esta casi desconocida pareja polaca merece un espacio debido a su gran aportación a la vanguardia que hoy en día sigue sorprendiendo por su efervescente creatividad. Stefan Themerson (1910-1988) fue un novelista, poeta, ensayista, filósofo y autor de literatura infantil de la que Franciszka se encargaba de las ilustraciones. La guerra les separa hasta que se reencuentran en Gran Bretaña para seguir con su obra cinematográfica, escritura y pintura.

Por su lado, Franciszka Themerson (1907-1988) fue una pintora, ilustradora, directora y cartógrafa, estando formada en distintos modos de narrativa gráfica. Después de su estancia en París, se mudaría en solitario a Londres donde expresaría lo que le supuso la devastación por la guerra creando una serie de dibujos bélicos e ilustrando una novela escrita por su marido que él le iba enviando poco a poco. Una vez establecidos los dos en Londres crearían su editorial, Gaberbocchus Press, con la que seguirían una labor literaria e ilustradora, a la vez que continuarían la cinematográfica con algunos cortos.

Sigamos con su obra más destacada, Europa. Ésta surge de la fascinación por el poema homónimo de Anatol Stern, escritor, ensayista y crítico literario, siendo uno de los fundadores del futurismo polaco. Según el escritor Janusz Lachowski, lo que les fascinó de ese poema visual que radiografiaba la condición humana de la década de los ’20, fue «su visión anárquica de la rebelión de las masas de trabajadores empobrecidos o un retrato catastrófico de un mundo que se encamina hacia la aniquilación». El “poema-cartel” contaba con un diseño gráfico muy radical a cargo de Mieczyslaw Szczuka y Teresa Zarnower, que realizaron unos fotomontajes muy experimentales. Los Themerson quedarían impactados por su fuerza visual y la denuncia de la decadencia moral, el hambre y la inestabilidad del período de entreguerras. Tal fue ese impacto que decidieron la trasposición de lo literario, visual y abstracto del poema al lenguaje cinematográfico, tratando de traducir el enorme ritmo visual y la carga conceptual albergada en esa obra.

Stefan comentaría años después que la fuerza expresiva y conceptual del poema de Stern en realidad era ya, en sí misma, el guion de la película que inspiró por la estructura visual que contenía originalmente. Ésta se estrenó en 1932, proyectándose en distintas ciudades aparte de Varsovia, precedida por una lectura del texto del poeta o acompañada por música de discos de vinilo. La reacción del público fue polarizada por la radicalidad del conjunto oscilando desde el entusiasmo a una firme protesta, al igual que la crítica, que se mantuvo dividida. Con el tiempo, Europa llegaría a otros países como Reino Unido donde fue vista por el gran fotógrafo y director László Moholy-Nagy que la calificaría como una “película sofisticada”. Según puede leerse en el ensayo de Janusz Lachowski, el poeta quedaría muy satisfecho y agradecido por los esfuerzos creativos de los Themerson. La adaptación de su poesía «traducía con éxito el concepto dramatúrgico de Europa» y «la composición de sus fotogramas no sólo se basaba en su texto, sino que evocaban el diseño gráfico de 1929».

Vayamos a las formas visuales de Europa de los Themerson que la colocan entre una de las obras experimentales más destacables de su tiempo y que hoy resuena con gran proyección. Para desentrañar cómo interpretaron de forma plástica la situación de una sociedad lacerada y con un destino incierto (siendo fieles al formato del poema visual), recurrieron a múltiples recursos e ideas innovadoras pertenecientes al vanguardismo de su tiempo al que aportaron su propia creatividad.

El corto genera una poderosa atracción debido a una edición muy viva que alterna numerosos fotogramas de todo tipo que remiten al montaje soviético que le precedió o a los de Walter Ruttmann, René Clair, Cavalcanti o Abel Gance. El inicio y algunas partes intermedias están realizados con la técnica de ‹rayograma›, ideada anteriormente por el vanguardista y puntal del cine experimental, Man Ray. Ellos lo enfocaron al cine colocando los objetos sobre un cristal y un papel traslúcido que iluminaban para crear sombras y efectos muy sugerentes a los que añadían ‹stop motion› para crear la ilusión del movimiento de plantas o el de un corazón que evoca a una Europa que siente y se duele por su situación. Esta misma técnica se puede ver también en el corto del matrimonio The Eye and the Ear (1945) en las plantas y formas geométricas o acuosas que generan en su laboratorio.

También hay lugar para numerosas sobreimpresiones que aportan inestabilidad y unen a líderes que vociferan sobre una sociedad hambrienta o gente adinerada que come a destajo mientras otros mueren en la I Guerra Mundial. Los múltiples planos detalle subrayados y el ritmo frenético buscan un montaje dialéctico que conjuga planos opuestos entre diferentes estratos sociales, boxeo con dolor, el capitalismo representado en arquitecturas de rascacielos frente a barrios derruidos, así como recurren a los que imbrican animaciones de letras sobre la imagen que homenajean al poema original.

En esta poesía visual que es Europa, se repite la palpitación de un corazón a modo de estribillo de una sociedad que intenta abrirse paso a través de esas hierbas reproducidas con ‹stop motion› que son capaces de romper baldosas hasta convertirse en árbol, el cual cae de nuevo entre cúmulos de rostros temerosos, para finalizar con un salto de trampolín de una chica al vacío nada esperanzador.

Franciszka y Stefan Themerson pasaron su vida creando a través de todo tipo de manifestaciones artísticas por su condición multifacética. Fueron unos auténticos visionarios en su tiempo del clima prebélico y fascismo que se abalanzó sobre Europa, captando la tensión y deshumanización del periodo de entreguerras, para brotar en imágenes que explotaban en la pantalla y que expresaban la urgencia de una sociedad insostenible al borde del colapso. Una situación con la que este “arte degenerado” según el nazismo, adquiere una dimensión realmente preocupante. Hoy, el temor de Stern y los Themerson se extiende con una vigencia inquietante, asombrando lo poco que ha envejecido la denuncia y alarma de este corto innovador que sigue estando tan vivo como hace casi 100 años, lamentablemente.

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