La profesora (Jan Hrebejk)

Al final del verano, una mañana, los alumnos entran a la escuela y dejan sus pertenencias en los roperos de la entrada ante la vigilancia del conserje. Es el comienzo del curso, un día en el que conocerán a la nueva profesora de lenguaje eslovaco y ruso, además de ser su tutora: la señora Mária Drazdechová. Meses después, en invierno, una noche fría mientras nieva en la calle, los padres dejan sus abrigos en el mismo ropero que sus hijos. Acuden a la llamada de los responsables del centro para decidir si mantienen a la maestra o proponen su sustitución. Así comienza una reunión llena de intriga.

Las fórmulas o las recetas son más propias de disciplinas científicas y gastronómicas. Esto no significa que no se puedan combinar elementos argumentales de películas con éxito ya probado en la taquilla. Puede dar un mal resultado, o por el contrario, uno óptimo. Estas combinaciones llevan a cuestionar qué sucedería, por ejemplo, si se mezclan films de juicios como los de Sidney Lumet, sumados a los edificantes panegíricos sobre los docentes entregados a sus alumnos. La respuesta no es lógica pero sí podría ser algo similar a La profesora, el primer largometraje que se estrena en salas españolas, dirigido por realizador Jan Hrebejk, un cineasta con tres décadas de trabajo en su curriculum, una filmografía con más de diez largometrajes, varias series y un puñado de telefilmes. Aquí solo se ha podido ver Honeymoon en plataformas online. Ni siquiera se estrenó en salas El amor en tiempos de odio, su cinta nominada a los premios de Hollywood. Tampoco es nada nuevo con la difícil distribución de la cinematografía proveniente de la extinguida Checoslovaquia, un mercado de producción por encima de la media europea en muchos casos, calidad a la que no ayudan para su comercialización unos profesionales e intérpretes desconocidos en nuestro país.

Este drama oculta con su envoltorio serio de género, una serie de secuencias y escenas casi humorísticas, ya sea por el tono costumbrista como por el de comedia negra que impulsa la picaresca y malas artes de los personajes. No recuerdo en qué momento del metraje se informaba que la historia está basada en un suceso de la realidad. Tal vez se menciona solo en la publicidad y carteles o en algún rótulo inicial. Pero en el caso de este film, esa norma de rendir tributo a la verosimilitud del guión por los manoseados hechos reales, es traicionada de forma inteligente desde el principio. Gracias a la presentación separada de los alumnos adolescentes que sufren la dominación perversa de su maestra, reforzada por la reunión posterior de los padres en el aula. Dos acciones que se trenzan en acción pretérita y presente, más cinematográfica en el caso de los discípulos y la docente Drazdechová. Más teatral en las secuencias que desarrollan las deliberaciones y enfrentamientos de los progenitores. Esta narración mediante montaje alterno, lineal, aunque todo lo que les sucede a los menores dentro de la clase o en la casa de la tutora, sean flashbacks en sentido estricto. Esta relevancia entre los dos tiempos, logra una progresión de los sucesos, con un suspense añadido que aligera la seriedad del planteamiento. Ofreciendo pistas, retrasando unos datos trágicos que conocen los personajes en la ficción, pero se reservan ante los ojos de los espectadores para mantener la tensión. Apoyando el misterio con las interpretaciones convincentes de un muestrario de personas hastiadas, conformistas o adeptas a un régimen comunista que aún daba miedo en la vida cotidiana de eslovacos y checos, unidos artificialmente por la URSS, justo diez años antes de conseguir sus declaraciones de independencia.

La profesora es un largo de apariencia menor o anecdótica acerca de una noticia acontecida en un período dictado por consignas y un sistema que, sin llegar a ser dictatorial, maniataba las libertades de los checoslovacos. Esta trama local alcanza de forma natural esa universalidad tan complicada para llegar a todo el mundo. A esta virtud en el tratamiento se une una revisión crítica del poder, ya sea en la menor de las escalas como es el caso de los miembros de la comunidad escolar que, además, ejercen como militantes del partido comunista. Un reflejo de la corrupción que desequilibra la normalidad de una colectividad de trabajadores y profesionales, por los chantajes de una sola persona egoísta, que valora o suspende a sus alumnos en función de los beneficios que pueda obtener de los niños y sus familias. Quizás parezca en una lectura pueril que Hrebejk dispara balas únicamente contra la tiranía soviética y el comunismo corrupto, pero el resultado en la pantalla es una reflexión inteligente que se puede ampliar al capitalismo occidental contemporáneo. También a cualquier estamento profesional, corporativo, empresarial y eclesiástico que fustiga a los más débiles. A democracias conservadoras, progresistas o dictaduras. Y cómo no, a todo el sistema político actual, tan proclive a la corrupción mantenida o heredada. Una buena lección mostrada en un colegio, el lugar en el que se puede enseñar o corromper a toda la ciudadanía con ética y educación, desde que son jóvenes. Una lección sin moraleja y con un final tan contundente como es el de mostrar ese mal que se puede enterrar durante un tiempo, pero nunca ser eliminado del todo.



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