Violación (Anja Breien)

Hay una escena en Violación (Voldtekt, 1971), de la directora noruega Anja Breien, en donde nuestro protagonista Anders Bakken (Svein Sturla Hungnes) es interrogado con preguntas derivadas de su vida sexual y otras cuestiones relacionadas con sus intereses íntimos personales. El plano es frontal y tenemos al sujeto en un punto del relato donde el desquicio y el agotamiento mental, tras ser acusado de una presunta agresión sexual a dos mujeres, han emergido desde las profundidades de su subconsciente. Su figura física está ligeramente descentrada de la escena y sus gestos ocasionalmente luchan por sostener la mirada. Una sombra le invade el cuello durante todo el cuestionario hasta que finalmente pasa al fundido negro y prosigue a la siguiente escena.

Anja Breien, directora y escritora procedente de Oslo y formada en la escuela de cine francesa IDHEC, ahora conocida como La Fémis, trajo con este largometraje una examinación del crimen muy adelantada a su época, donde, siguiendo una filosofía casi “camusiana”, se adentra en la psique del criminal. Un joven hombre de clase media que, de la noche a la mañana, interrumpe su rutinaria y monótona vida tras, como mencioné antes, ser incriminado por abuso. La película expone un momento donde la incertidumbre ante este tipo de casos en el contexto social no era lo habitual y la represión de género tampoco ayudaba a que las mujeres víctimas pudieran alzar la voz sobre las fechorías que ocurrían con más frecuencia de la que uno pudiera admitir. En Violación es interesante cómo Breien trata de adentrarse con determinación en el esqueleto judicial de la ley noruega frente a estos acontecimientos; el seguimiento del crimen por sí mismo solo toma unos cuantos minutos del metraje mientras que todo el procedimiento posterior está cuidadosamente mostrado.

El filme, desde los primeros minutos, demuestra que no se va a regir por convencionalidades narrativas. Ya solo el hecho de ir de cara con el propio título de la película es una prueba de que Breien tenía claro el enfoque de su obra. Mientras que es fácil pensar que se centraría en el grupo de víctimas, ella se lanza a por el supuesto perpetrador. No para machacarlo descontroladamente sino como medio para entender el espacio mental de este tipo de individuos. Y es que realmente la película no otorga respuestas de ningún tipo, tal vez ni siquiera las busca. Su foco está en un tratamiento introspectivo de la mente de un joven que, habiendo o no cometido dicho delito, bien podría tratarse de cualquiera. El nombre de Anders Bakken es solo un señuelo de la naturaleza escalofriante de la sociedad, y su declive mental a lo largo del metraje no es más que un examen constante de cómo el ser humano oculta su absoluta oscuridad con una máscara de grises.

Violación es, sin duda, una pequeña obra de mucho valor que va más allá de los entresijos de la moral y el bien común. Con artefactos fílmicos inspirados en el cine francés de finales de los 50, Anja Breien entrega una cinta arriesgada, adelantada a las reglas formales de su era y potenciada tremendamente por una puesta en escena que deja en fuera de campo los actos físicos para lanzarnos paulatinamente contra las sombras de estos crímenes y las auténticas pesadillas que se extienden sobre los sujetos del relato. Bajo constantes alegatos que se apegan más a cómo funciona la psicología de los ciudadanos de a pie, hasta espasmos de una peligrosa ambigüedad ejemplificados en ese último tramo de la película, es ahí donde el histrionismo toma la batuta y la conciencia finalmente ha caído en un pozo sin fondo.

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