La alternativa | The Fitzgerald Family Christmas (Edward Burns)

The Fitzgerald Family Christmas, como la propia navidad, se hace rápidamente familiar. Las fiestas, año tras año, se parecen un poco entre todas y este género de películas, a su manera, también. Los colores, las caras de los actores, los planos; todo, al menos para este espectador, lleva la carga de una cierta nostalgia y el emblema del reconocimiento, del haber estado aquí antes. Será la primera vez que he visto a los Fitzgerald, pero he conocido a tantos otros como ellos, seguramente usted también.

La obra es como su presentación: simple, relajada, segura y cómoda. Una de tantas películas festivas que tendrá sus partes buenas, sus partes malas, y que a muchos espectadores encantará o repudiará por simple naturaleza. A mí, personalmente, las películas estacionales me gustan, disfruto de verlas cuando el tiempo las acompaña, un poco como si fueran frutos de temporada, porque las cerezas son más dulces en verano. Esta ha llegado como una remesa bien tardía, pero no se lo tengamos en cuenta, sus pecados son perennes todo el año.

Mientras hable de la obra seguro que le vienen decenas de similitudes a la cabeza, porque esta película se parece a muchas otras y se quiere parecer todo lo posible. Los Fitzgerald son muchos pero poco únicos, la familia cuenta de siete hermanos, una madre y (premisa de la película) un padre al que le da por reaparecer, tras años de distanciamiento, en esta fecha señalada. Sobre este drama central orbitan las vidas de los hermanos y hermanas, cada una con sus complicaciones, las más de las veces superfluas y privilegiadas, para especiar un poco la trama principal con sus amoríos, rupturas, lágrimas y sonrisas. Entonces, esto acaba siendo una película coral.

La propuesta de trama múltiple impone por naturaleza el tener arcos, o segmentos, más potentes e interesantes que otros, aunque la categoría de estos puedan cambiar entre espectador y espectador. Aquí, para servidor, las diferencias son claras entre tramas más interesantes y otras diseñadas para cumplir con los hermanos restantes. Esto ya sucede en las buenas películas corales pero, a diferencia de aquí, en esas la mayoría de los personajes son interesantes. Los Fitzgerald no me han cautivado en absoluto, siendo un grupo de personajes garabateados con prisa para dar el pego y con problemáticas sencillas para que no se distraiga el espectador.

La cinta es maja, sí, pero no la tienes que tomar muy en serio ni forzarla a encarar sus temas. El guión se mete en jardines como un embarazo no deseado o dinámicas de abuso para escurrir el bulto luego, esperando que lo único que te importara fuera si el padre se quedaba a la cena al final o no. Es una obra que agradece tu atención, pero bajo la petición de, si puede ser, que no se la des toda. Porque entonces verías los fallos que tiene y todos somos más guapos a cierta distancia. Está cómoda en su terreno impersonal, de fotografía cálida y villancicos de fondo, no quiere que te acerques demasiado, que le exijas responsabilidad sobre sus actos, porque su función es entretenerte después de la comida de Navidad, mientras disfrutas de los tuyos, y luego marcharse sin hacer ruido.

Así que se lo vamos a permitir. Esto es la alternativa a la nueva de Almodóvar, que a diferencia de esta, no quiere identificarse como película festiva, imagino que de ahí su estreno acompañado del sol de finales de marzo. Almodóvar tiene carácter, presencia, criterio, los Fitzgerald eso no lo digieren bien, prefieren la seguridad del hogar, la comodidad de una chimenea. Hay momentos para todo, por supuesto, pero encuentro más estimulante las propuestas únicas, no tanto las que, si pudieran, decidirían desaparecer entre la multitud. Dejemos que los Fitzgerald se vayan.

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