Entrevista a Paolo Strippoli, director de La sonrisa del mal

Entrevista a Paolo Strippoli, director de La sonrisa del mal durante su paso por el Festival de Sitges 2025.

Rubén Collazos: Me gustaría empezar hablando sobre la industria italiana en el cine de terror, que ha tenido una larga tradición durante décadas y ahora parece que es algo que está en un época de sequía. ¿Cómo percibes esto desde dentro, como director de cine de género?

P. S.: Estoy de acuerdo, el cine de terror ha sido muy importante para nuestra producción en Italia desde el principio de los 90, pero luego se interrumpió. Se han hecho tan pocas películas que se concibió como un cine de nicho en Italia y esto no tendría que ser así porque el cine de terror es popular para el público. No sé cuál sería el antídoto a este problema que tenemos en Italia pero soy consciente de que si existieran más películas de este género que salieran de nuestro país cada año de alguna forma podríamos reinstaurar y volver a lanzar el mercado.

Aún estamos lejos de una solución porque este año ha salido La sonrisa del mal pero no se ven otras películas de terror en el horizonte. No se ven otras que tengan una fecha de distribución fijada, por lo tanto es un problema que aún no sabemos resolver y quizás algunos grandes maestros del terror tendrían que hablar más para defender el cine de terror contemporáneo en Italia porque parte del problema es que se interrumpió una tradición y creo que está en el interés de todos salvaguardarlo, reinstaurarlo.

¿De dónde surge este gusto por el cine de terror? ¿Por qué decides expresarte a través de él? ¿Eres fan del género o es porque encuentras más estímulos que puedas emplear a través de los mecanismos del cine de género?

P. S.: Es una pasión que viene desde la infancia, me acerqué al cine de terror y nació esa conexión. Pero estoy convencido de que el cine de terror se puede entender como un filtro que va más allá del entretenimiento que hace que se ponga de manifiesto para la sociedad contemporánea el estado del ser humano. Se pueden vehicular mensajes importantes con un filtro que como decía tiene que ver con el entretenimiento pero también con una gran potencia emotiva y formal.

De hecho considero que una de las cosas maravillosas de hacer cine de terror es trabajar mucho en la forma, por ejemplo con el reparto, y existe una diferencia con el cine fantástico que se funda en ese saber hacer. Es muy estimulante por lo tanto para todas las personas que trabajan en ello, no sólo para mí sino para todas aquellas personas que trabajan conmigo. Existe un esfuerzo de imaginación que es propio de este género y sería difícil llevar estas visiones a un cine basado en el drama o realista.

Ahora que precisamente comentabas esta conexión del terror como una especie de espejo social, ¿por qué crees que se establece esta conexión? Tu cine tiene mezcla esas dos vertientes, ¿cómo lo relacionas?

P. S.: Intento llevar a mis historias personajes adheridos a la realidad. Ya lo estaba diciendo antes, el cine de género, la definición del gótico nació con la definición de contar con personajes ordinarios en situaciones extraordinarias y estamos contando historias de personajes ordinarios, por lo tanto tenemos que contar el mundo en el que viven que es nuestro mundo, así que yo cuento el mundo a través de los personajes que tienen que estar absolutamente enraizados en la realidad contemporánea y luego los lanzo a situaciones que exageran esta realidad.

Intento contarlo a través de hipérboles, algo que he hecho en todas las películas que he realizado hasta ahora y creo que es un privilegio poder contar la realidad sin afrontarla directamente, porque creo que esto puede hacer que sea más eficaz, contar la realidad no hace que disminuya la potencia de la historia.

Tú trabajas el terror desde elementos muy simbólicos. En Piove estaba la lluvia, en La sonrisa del mal está el tema de los abrazos, de la fe. Háblanos de esta relación que nos muestras a través de elementos simbólicos en tu cine.

P. S.: Sí, son símbolos más que temas que utilizo y son símbolos que me sirven para vehicular un discurso temático. Son bastante naturales, exploramos un poco lo que queremos contar, en Piove había traumas exacerbados, residuos ácidos de esta falta de comunicación con la gente, con el ser humano, era una forma de contar la ausencia de comunicación entre los personajes, acerca de la dificultad de explicar todos estos sentimientos, y bueno, estos sentimientos se encastraban, era como una basura emocional.

La sonrisa del mal es un poco el contrario de Piove, es algo espiritual, porque afronta la posibilidad de hablar sobre el dolor. Más allá de la rabia, yo hablo de trauma, de dolor y de cómo en realidad estos son los sentimientos o las emociones que el ser humano no puede aceptar del todo, las que tiende a esconder bajo corazas que le protegen. La sonrisa del mal es una invitación a concebir el dolor como algo que no sea negativo necesariamente, sino como parte de la experiencia humana, y como tal hace que nos sintamos completos; sin dolor no podemos nunca crecer como personas, nunca nos podemos completar como seres humanos.

Me interesa el trabajo de fotografía de la película, que en ocasiones tiene algunas zonas con bordes desenfocados, hay como una sensación de irrealidad. ¿Qué se buscaba exactamente? ¿Cómo fue el trabajo con el director de fotografía en torno a esta idea?

P. S.: La idea nace con la idea de hacer una corrección de color, porque has hablado antes del símbolo del abrazo, el abrazo no es un símbolo que ocurre solamente con la narración y con el ritual, sino que es algo que hemos querido llevar también a la elección de paisajes, a la montaña. La montaña se elige porque queríamos contar con un paisaje que abrazara este centro urbano, este pequeño pueblecito, y estuvimos reflejando con el colorista, Valerio Liberatore, y con el director de fotografía, Cristiano Di Nicola, y hemos intentado encontrar a través de la estética este símbolo.

Estuvimos buscando también bordes desenfocados que pudieran cerrar la imagen, y sería una propuesta de abrazo, y no tiene que ver tanto con la simbología, sino ser como una constricción, una jaula. No sé si se percibe a primera vista, era algo sutil, pero en la película se ve que estas escenas van cambiando a medida que avanza la película, se trata de lenguaje, se trata de algo más limitante de alguna forma, para que podamos entender bien cuáles son los momentos en esta película, se convierte en algo que se tiene que percibir y no se tiene que ver.

Como última pregunta, en Cine maldito siempre buscamos esas películas más desconocidas, más en los márgenes. ¿Hay alguna que te haya servido de inspiración, que te encante y quieras recomendar?

Me gusta mucho una de las películas de Yann González, La daga en el corazón (2018). En Italia es un autor desconocido, imagino que la película en España tuvo la misma suerte, quizá se pueda encontrar en plataformas. Me gusta esta idea de rescatar el cine contemporáneo más desconocido, os la recomiendo, es un género poco transitado en Italia, pero es una película que me gusta mucho.

Muchas gracias por todo y enhorabuena por la película.

Entrevista realizada en el Festival de Sitges el 11 de octubre de 2025

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