Dwelling Among the Gods (Vuk Ršumović)

La furia contenida por las palabras de Reza, mientras habla sobre su huida, sobre el periplo que él y su familia se han visto obligados a emprender, se ve aplacada de repente por una voz neutra, casi átona; la de Nikola, el intérprete que intentará ayudar al propio Reza y a su mujer, Fereshteh, verdadera protagonista del film, en la búsqueda del hermano desaparecido de ella. Toda una declaración de intenciones que, en su segundo largometraje y ya desde un buen comienzo, Vuk Ršumović realiza apelando a un realismo seco, bordeando en muchas ocasiones lo social, tan característico de buena parte de ese cine europeo que emerge de la denuncia y la verdad.

Porque, ante todo, Dwelling Among the Gods es uno de esos films que se fraguan como parte necesaria desde la que dar voz a situaciones comúnmente poco conocidas. En este caso, el serbio vuelve sobre los pasos de esa migración forzosa proveniente de buena parte de países bajo el yugo del fundamentalismo islámico. El marco se dispone así ya desde sus primeras líneas, y el autor de No One’s Child lo expande y explicita en torno a la figura de Fereshteh; la joven madre no sólo tendrá que lidiar con un sistema burocrático que privilegia absurdas leyes y normativas, sino también con un entorno y un trauma en los que el cineasta ahonda con acierto, exponiendo capas del mismo en torno a diálogos que privilegian la exploración psicológica de la protagonista.

Ršumović perfila un personaje en busca de una voz propia que hasta ahora se le ha negado, y que en base a resiliencia y una constancia infranqueable llegará hasta donde haga falta en la consecución de un propósito profundamente humano, que la define a la perfección. Si algo no olvida, en ese aspecto, Dwelling Among the Gods, es la faceta más emocional de los individuos que conforman ese microcosmos. Lejos de esos trámites impuestos por una maquinaria que no comprende de emociones, de lo tedioso de los mismos y de esa impasible figura tras un escritorio que los representa, consigue alejar a los individuos de cualquier estructura y hacer que aflore un afecto que va más allá de cuestiones meramente normativas.

El vaivén al que se ve sometida Fereshteh en esa empresa donde solo parece encontrar piedras en el camino, halla en su contorno una serie de circunstancias, en ocasiones surgidas del propio contexto, que dotan de mayor resonancia al relato. Con ello, el serbio afianza un retrato que no siempre cierra del mejor modo algunas de sus subtramas, también presas de una disonancia tonal que genera un trazo irregular, pero cuanto menos otorga una sensación de cierta complejidad —aunque no siempre llegue a un lugar concreto o se extienda en su totalidad—. Su mejor virtud, en ese aspecto, reside en encontrar el equilibrio adecuado donde el sistema no lo canibalice todo y emerjan esos vínculos que serán aquellos que a la postre revistan de humanidad el film.

Dwelling Among the Gods va más allá de la exposición y denuncia, siendo capaz de hacer resonar la voz de sus personajes, reflejando pormenores y coyunturas que Ršumović logra que no nos resulten ajenas. La trascendencia de su contenido, que encuentra imágenes desde las que potenciar su eco, no se ciñe pues a una epidérmica muestra de ese cine socio-político que se limita a describir con trazo grueso sus objetivos y que, con sus imperfecciones, logra realizar un dibujo repleto de aristas y oscilaciones desde las que detallar y concretar una situación con muchas más capas de lo que a priori podría parecer.

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