Confidente (Çağla Zencirci, Guillaume Giovanetti)

Que la sociedad turca es alarmantemente misógina es un hecho que clama nuestra atención en demasiadas ocasiones a través del cine que nos llega. Çağla Zencirci y Guillaume Giovanetti se unen de nuevo para demostrarnos las distancias abismales entre la figura femenina y masculina en una comunidad más sórdida de lo que se podría reconocer a simple vista. Lo consiguen en Confidente en un espacio único que encierra la voz de su protagonista, Arzu/Sabiha, quien permite que tensiones, dramas y misterios fluyan por sus interacciones telefónicas, reduciendo las complejidades de todo un país en estigmas identificativos y deleznables.

La mecánica es sencilla, los directores nos sitúan en una de las grandes catástrofes turcas, el terremoto que en agosto de 1999 asoló gran parte de país con miles de muertos, a través de una historia ficticia. Su protagonista es una mujer que trabaja en una línea erótica, que se encuentra enganchada al teléfono en el momento del terremoto. Arzu es la voz melosa, casi ronca, que va adaptando su papel al hombre que llama en cada momento. Un montón de mujeres vigiladas por su jefe, interpretan su papel para cada cliente mientras comentan sus vidas, ajenas a esas cuatro paredes, entre ellas. Así damos forma también a la figura de Sabiha, la mujer divorciada que busca ganarse la vida para poder vivir con su hijo y que oculta su nombre bajo el pseudónimo de Arzu, provocando la dualidad del drama. Un único espacio y dos personajes interpretados por una misma persona nos invitan a contemplar la rutina de una sexualización previa al cambio de siglo que no parece tan ajena a la actualidad.

Para no permitir que Confidente decaiga frente a su minimización de recursos, el drama del terremoto permite que aparezca el suspense. Lo que podría resumirse en una cuestión de clases y género, se transforma en una frenética lucha de supervivencia por parte de Sabiha, quien rompe todas sus normas al decidir romper la barrera telefónica para ayudar a un tercero. La película intenta ser cercana a la hora de representar la figura de Sabiha, que visita todo tipo de emociones con la cámara pegada a su figura a cada momento. La encontramos en espacios diáfanos o planos donde las paredes parecen convertirse en barrotes a su alrededor, generando tensión o angustia según la situación que vive, porque la joven parece recibir el peso del universo en unas pocas horas al descubrir la distancia exacta a la que se encuentran sus clientes donde, más allá de la importancia de ponerles cara, acaban delatando sus verdaderas vidas y, en el transcurso del relato, la oscuridad ya no solo del hombre, también de las grandes esferas del país, ligando el discurso de la masculinidad tóxica a niveles institucionales.

Sabiha es protagonista, pero también peón para las necesidades de los directores. Tal y como avanza el film queda subrayado su mensaje optimista y a la vez delator de un feminismo básico, tal vez adaptado a la época y las necesidades del personaje, donde se intenta empoderar a esa mujer que trata de mejorar, con aparente inocencia, la vida de aquellos que la llaman en busca de una descarga emocional. En su intento por asumir un mensaje tan claro y conciso que se destilaba ya de las acciones de Sabiha la película pierde enteros, no por recalcar las distancias entre los hombres malvados y las mujeres sometidas a una sociedad patriarcal va a quedar el mensaje más claro, pero sí puede caer en una especie de panfleto que tampoco beneficia a sus intenciones. La película ya era atractiva desde los márgenes en los que se perfila ese anquilosamiento entre hombres y mujeres, los juegos de poder daban ejemplo más allá de la realidad que se relata con pelos y señales hacia el final. Las confidencias de Arzu que apunta Sabiha en una libreta eran mucho más liberadoras que todo el discurso que se ve obligada a narrar tras encontrarse en pocas horas en un bucle abusivo del que, necesariamente, los directores debían extraer una heroína a la que aplaudir. Aceptable la situación, pero ajena a toda innovación.

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