La sección Forum de la Berlinale 2026 se confirma como una de las más innovadoras y cada vez más visibles del festival. Este año conviven propuestas muy distintas: algunas exploran la hiperconexión y la inteligencia artificial; otras recuperan el archivo y la memoria histórica.
Brydie O’Connor debuta con Barbara Forever, un largometraje documental producido en Estados Unidos, una carta de amor cinematográfica a Barbara Hammer, pionera del cine lésbico y figura central del experimental ‹queer›. La vida de Hammer atraviesa toda su obra, y la película nos acerca tanto a su historia personal como a sus procesos de autoexploración: identidad, sexualidad y creación.

Archivo ‹queer›.
Uno de los ejes más potentes del film es el trabajo con el archivo. Barbara narra su propia vida a través de una voz en ‹off› construida como collage de entrevistas, grabaciones y videos donde se filmaba a sí misma hablando frente al espejo. El relato avanza en dos líneas paralelas: la evolución de su obra y la de su vida.
El recorrido comienza con su despertar cinematográfico y lésbico, viaja a su infancia, de Hollywood a San Francisco y luego a Nueva York. Muestra sus relaciones amorosas, la enfermedad, la militancia y, en definitiva, su legado.
Hammer nació en Hollywood, California. Estudió Psicología y más tarde se inscribió en un curso de pintura impartido por el expresionista abstracto William Morehouse, quien la animó a experimentar con el cine. Con una cámara Super 8 realizó su primera película: Schizy.
«Yo era literalmente una mujer que vivía en un mundo de hombres.»
Poco después se separó de su marido y transformó su vida al al reconocerse como lesbiana.
«Cuando hice el amor con una mujer por primera vez, toda mi visión del mundo cambió. Además de los placeres sensuales, mi red social se transformó por completo. Me sentí arrastrada por las energías y los sueños de una revolución feminista.»
En 2006 le diagnosticaron cáncer de ovarios. Aun así, dirigió siete películas más y publicó el libro Hammer! Making Movies Out of Sex and Life. Cuando murió en 2019, dejó ochenta y tres películas y una constelación de fotografías, collages, dibujos, performances, instalaciones, publicaciones, proyecciones, talleres y proyectos pedagógicos.

La directora Brydie O’Connor conoció a Barbara Hammer en Nueva York mientras investigaba el cine ‹queer› para su tesis. Flori, su pareja durante más de treinta años, mantuvo el vínculo con O’Connor tras la muerte de Hammer; incluso la acompañó al altar el día de su boda. Esa cercanía atraviesa la película como una prolongación de la red afectiva que el propio cine ayudó a tejer. El equipo digitalizó una enorme cantidad de materiales: conversaciones con amigas, reflexiones íntimas y clases que Hammer impartía a niños sobre cine experimental.
Con tal cantidad de archivos, muchas historias quedaron sin contar en el film. Una de ellas forma parte del cortometraje Love, Barbara (2022), que sigue el legado a través de la lente y el amor de Flori. En él, Brydie incluye una de las escenas más conmovedoras: una video-carta que Hammer grabó para Flori antes de morir.
Cómo se mira una mujer.
Hammer filmó sus relaciones, su cuerpo, sus amantes. Puso la intimidad lésbica en el centro de la imagen en un momento en que el cine experimental (incluso en instituciones como el Museum of Modern Art) estaba dominado por hombres y narrativas que raramente reconocían la experiencia femenina y ‹queer›.
Barbara Forever insiste en esa tensión: Hammer no encajaba del todo, no siempre era reconocida, pero celebró cada momento en que su trabajo fue valorado y exigió mayor espacio para el colectivo ‹queer› en el cine. La película muestra esas escenas de reconocimiento y reivindicación, subrayando que lo personal no es sólo político, sino también histórico.
La feminidad aquí no es una categoría fija, sino un territorio en expansión: corporal, vulnerable, deseante, enfermo, resistente. El cáncer, la muerte y el amor aparecen como parte de una misma continuidad vital y creativa. Ella misma exploraba su existencia a través de la cámara. La imagen icónica de Barbara con múltiples cámaras en la cabeza resume esta idea: mirar desde todos los ángulos, habitar la imagen, multiplicar la perspectiva.
Cine y política.
Lejos del ‹biopic› convencional, la película construye, a partir de un exhaustivo trabajo de recuperación de archivo y montaje, el retrato de un momento clave: los inicios del cine experimental y la revolución sexual.
En tiempos donde los discursos de censura y exclusión resurgen, Barbara Forever afirma que hacer obras profundamente personales es más urgente que nunca. Más que un homenaje nostálgico, la película despierta el deseo de ver (y hacer accesible) más obras de Hammer, muchas aún difíciles de encontrar. Es una invitación a revisitar la historia del cine experimental desde una perspectiva ‹queer› y feminista, y a entender que cada gesto íntimo filmado puede convertirse en memoria colectiva.
En el coloquio posterior a la proyección, O’Connor lanzó un mensaje claro sobre la libertad de expresión y el papel de los festivales como espacios de apoyo a las voces disidentes. El gesto no fue casual: la obra de Hammer siempre entendió que el arte es político y que ocupar el espacio de exhibición es, también, un acto de resistencia.
Barbara Forever no solo celebra a una pionera: abre una conversación sobre quién ocupa el encuadre, quién escribe la historia del cine y cómo podemos movernos hacia esos espacios desconocidos que, como a Barbara, son los que más nos excitan creativamente.






