La sonrisa del mal (Paolo Strippoli)

Antes de que esta sugestiva pieza de intriga sobrenatural y misticismo religioso llegara a nuestras pantallas, la canadiense The King Tide (con la que formaría una inquietante sesión doble) ya jugó con la idea de que un infante portara en su seno un poder superior, ultraterreno, ante el cual los demás se rinden y humillan, al tiempo que dicha naturaleza mesiánica lo conducía a una vida de sacrificio, apartamiento y soledad, propiciando el debate de si es lícito sacrificar el bienestar individual al bienestar colectivo. Paolo Strippoli, que ya mostró interés por subvertir los lugares comunes del género de terror en su curiosa (aunque menor) La clásica historia de terror, acierta ahora a plantear una fábula siniestra, cocida a fuego lento, sobre mártires, fanatismos e ídolos paganos, en la que la entidad sobrenatural encarnada en un frágil adolescente resulta tan ambigua, y a la postre aterradora, como la divina (¿maléfica?) manifestación angélica de la fundamental Demon (God Told Me To, 1976).

La premisa es fascinante: un profesor, aquejado de una depresión severa por la pérdida de su hijo, llega para hacer una suplencia a un pequeño pueblo perdido en las montañas, en el que todo el mundo luce inusitadamente feliz, y donde el dolor del alma parece haber sido erradicado. La aparición de este elemento foráneo trastocará un orden que se creía estable, pero que en realidad estaba erigido sobre cimientos muy precarios, desnudando en el proceso las inseguridades de un colectivo atenazado por el peso de una antigua tragedia. Es una historia que aborda el duelo y la gestión del dolor desde un prisma de cine fantástico que no duda en derivar hacia el horror religioso, con claras deudas tanto de la literatura de Stephen King como del cine de M. Night Shyamalan, pero, al mismo tiempo, con cierta personalidad y buen pulso para transitar entre géneros: del relato iniciático al drama con tintes de terror.

De este modo, La sonrisa del mal (estúpida y genérica traducción española del mucho más estimulante La valle dei sorrisi) pasa con naturalidad del cine de pueblos ignotos cuyo orden social gira en torno a un culto secreto, a un ‹coming of age› que no teme adentrarse en pulsiones perversas y enfermizas. La relación que establece el joven Matteo, en cuya carne se condensa el dolor de sus vecinos, con ese profesor que sabe ver en él la vulnerabilidad humana que los demás son incapaces de apreciar, permite a Strippoli liberar al personaje de sus ataduras y hacerle consciente de su poder, gracias al cual podrá satisfacer, siquiera sea vicarialmente, sus necesidades y anhelos adolescentes, por otra parte, perfectamente normales. Es entonces, después de una presentación del lugar y los personajes en la que quizás se haya invertido demasiado tiempo, cuando la película acomete un tercer acto dominado por la oscuridad.

Strippoli, una vez pisa territorio genuinamente terrorífico, sabe plasmar con elegancia situaciones que tienden a lo cruel (autolesiones, inmolaciones), gestionando bien los tiempos, la escala de los planos y la tensión narrativa, lo que da pie a imágenes de una gran potencia visual y simbólica. Asimismo, las implicaciones morales de su historia se exponen y retuercen en un clímax final bien calibrado, donde todo respira cierta ambigüedad, donde los personajes principales sufren a la hora de entender y discernir qué es lo correcto y lo incorrecto. Por todo ello, y pese a un desarrollo que tiende ocasionalmente a lo previsible, La sonrisa del mal es una muy interesante incorporación al canon del cine de terror religioso; una película reflexiva, extraña, triste, que aborda el misticismo y la fe desde una perspectiva esquinada, atenta a sus repercusiones éticas y sociales, pero sin dejar de funcionar en ningún momento como una sólida, espeluznante, cinta de misterio y suspense sobrenatural.

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