Better Go Mad in the Wild (Miro Remo)

Hay dos gemelos idénticos viviendo en las montañas de Šumava, un lugar al que le llegan olores desde Alemania, Austria y la República Checa. Su forma de vivir, ajena a lo normativo de la sociedad llamó la atención de Aleš Palán, expresando esa curiosidad en un libro allá por 2018, Better Go Mad in the Wild donde preguntarse por los grandes misterios del hombre y su forma de adaptarse (o no) al mundo. Al parecer toda la República Checa conoce a estos gemelos, pero ahora han traspasado otra frontera, la visual, gracias al interés de Miro Remo hacia ellos, la naturaleza y la reflexión humana, reproduciendo a su modo lo que Palán escribió con la única intención de compartir título y protagonistas.

El caso es que en un momento, un toro mira a cámara frontalmente y se pone a narrarnos los entresijos de la sencilla y austera vida de Franta y Ondra, sus dueños. Un toro que rompe la cuarta pared para que nos sintamos cómplices con lo imposible. Aquí es donde radica el misterio de la vida al margen de la sociedad, en el momento en que el director decide que para contar la historia de estos hermanos debe interceder en la realidad y ficcionar lo plausible para dar forma a lo imaginable. Surge así la sombra de la docu-ficción donde quizá lo impostado sea más un mero capricho estético de Miro Remo, para profundizar en lo que aleja y acerca a los dos hermanos de la idea de comunidad.

Miro Remo es un intervencionista de cuidado. La cámara no está ahí para Franta ni para Ondra, no interactúan ni un segundo con el objetivo que les persigue, pero esa cámara si se posiciona en los lugares más gustosos para conseguir la imagen perfecta. Todo parece natural y errático, pero la situaciones vividas algunas veces parecen repetidas hasta encuadrarse milimétricamente en el plano. Los hombres no comparten su espacio con nadie más allá de sus animales, pero es evidente que no viven del aire, que tienen paneles solares, que la televisión tienen una antena conectada con el otro lado. La impostura, en todo caso, no hace más que obligarnos a visionar el capricho de un director que ha encontrado en los estigmas de dos gemelos de más de sesenta años una excusa para narrar la genialidad solitaria, en este caso no tanto al encontrarse comprometida por la presencia de un semejante.

He crecido en un lugar en el que todo sabíamos que había un hombre que se paseaba desnudo por su terreno con una ramita de romero en la boca para, en sus momentos inspirados, crear esculturas que con los años se congraciasen con las autoridades del lugar. Una pintoresca rebelión contra el sistema que compra sus propias obras, una excentricidad autocomplaciente de alguien que no conoce la ignorancia.

Franta y Ondra son la respuesta (doble) de un modelo de vida que se repite continuamente en la historia. En la doblez encontramos el hombre soñador que quiere volar y el terco humano anclado en la tierra que únicamente disfruta del alcohol. Dos hombres que complementan un estilo de vida que se acomoda en los límites libertinos del otro, porro va, soneto viene. Este concepto de libertad viene marcado por la voluntad de expresar visualmente el día a día y las excentridades de estos hombres, donde encontramos veracidad en sus palabras estudiadas y en sus gestos robados, consiguiendo que las escenas repliquen constantemente a sus propios pensamientos.

Sin embargo Better Go Mad in the Wild se olvida de la enseñanza de vida, de la recapitulación, del objetivo y simplemente vaga por los días de unos hombres que sobreviven a su propia genialidad, sin intención de ponderar algo concreto con sus comentarios. Las frases más elocuentes quedan huérfanas ante la falta de una réplica que las haga brillar, como buscando recordarnos que esa soledad buscada comulga con la extinción de todo aquello que el hombre cree en la intimidad. Miro Remo pasa de puntillas por las anécdotas, peleas y reconciliaciones de los hermanos, como lo hace por sus labores cotidianas o sus borracheras épicas, creando una estampa bella en la que esperas penetrar de algún modo, que solo estás invitado a inspeccionar a distancia, porque definitivamente era cosa de dos.

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